Rosario, viernes 13 de marzo de 2026
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Rosario, viernes 13 de marzo de 2026

La Buena Medida: otra persiana que se baja en una esquina histórica de Rosario

La ochava de Buenos Aires y Rioja vuelve a quedar huérfana: el histórico bar La Buena Medida colgó el cartel de "alquila", reflejando la crisis que atraviesa la gastronomía en Argentina
ochaba de una esquina de la ciudad de rosario, bar la buena medida cerrado con cartel de alquila

La ochava de Buenos Aires y Rioja, una de esas esquinas donde generaciones de rosarinos compartieron cafés, debates y sándwiches de milanesa, hoy grita en silencio. Un cartel de alquila anuncia, una vez más, que La Buena Medida cerró sus puertas.

La historia de este bar, fundado en 1898, es también la historia del “péndulo argentino”: que abre, cierra, reabre, ajusta, promete y termina con un cartel pegado en la puerta. “Liquidación por cierre”, “Cierre definitivo”  y el austero y doloroso “Se Alquila” son un paisaje habitual en los centros comerciales de todo el país. Lejos del “pedo de buzo” anunciado por el gobierno nacional el catálogo de empresas cerradas comienza a parecerse a un 2001 con mucho de artificial y poco de inteligencia. 

Del almacén de inmigrantes al primer disco

A fines del siglo XIX, cuando Rosario era una Babel de inmigrantes y la esquina de Rioja funcionaba como un almacén de ramos generales. Allí se despachaba kerosén, yerba y fideos para las familias que recién comenzaban. El primer vaivén económico, el del país agroexportador que prometía futuro, aunque para unos pocos, pasaba por ese mostrador.

En 1956 el local se transformó en bar. Y tres años después, en 1959, fue el primer bar de Rosario en pasar música. La Buena Medida ponía discos y se convertía en el punto de encuentro de trabajadores portuarios, estudiantes e intelectuales. 

Durante las décadas siguientes, el bar se ganó el título de «universidad de la calle». En la planta alta vivió durante su juventud Oscar Moro, el baterista que después haría historia con Serú Girán. En el sótano se jugaba al sapo y a las bochas, en una especie de resistencia subterránea al terror que plagaba la superficie. El bar sobrevivió a la hiper de los ochenta, al desastre de los noventa y al colapso de 2001. Ajustó, resistió, se acostumbró a vivir al filo.

2018: ¡Cambiemos!

Llegó 2018 y con él, el combo letal: tarifazos, inflación en ascenso y una caída del consumo que en el sector de bares y restaurantes promedió el 25%. Marcelo Giordano, dueño del local en ese entonces, tomó una decisión drástica: vender el fondo de comercio. Dijo a los medios en ese momento: «Es una esquina que labura sola», pero «en este contexto, con esta carga impositiva y sin incentivos, es imposible». El primer gran cierre en décadas llegó envuelto en ese diagnóstico desolador que sonaba a pronóstico nacional.

Vino después la era de los traspasos. Nuevos dueños, nuevas apuestas, inversiones en infraestructura. Hubo reaperturas con bombos y platillos. La última, en 2024, ilusionó a los vecinos de la zona catedral.

El milagro económico argentino: inflación que no cede y un sector en la cuerda floja

El cartel de «alquila» vuelve a multiplicarse en un momento particularmente complejo para las pymes argentinas. Los datos del INDEC correspondientes a febrero de 2026, difundidos esta semana, muestran que la inflación mensual se mantiene en 2,9% por segundo mes consecutivo, una cifra que, si bien es inferior a los picos de años anteriores, sigue siendo alta y golpea con fuerza el bolsillo de los consumidores castigados por tarifazos que el gobierno nacional no considera adecuado medir.

La puerta cerrada en la ochava de Buenos Aires y Rioja es un símbolo incómodo. Porque si hasta La Buena Medida, la esquina que «labura sola», el primer bar con música, el refugio de Oscar Moro y de los bohemios, tiene que colgar el cartel de «alquila» ¿qué queda para el resto?