Espectáculos

Teatro imperdible

Kartun: “Los directores somos cazadores de momentos mágicos”

El reconocido dramaturgo y maestro porteño habla de “Terrenal. Pequeño misterio ácrata”, obra protagonizada por Claudio Da Passano, Claudio Martínez Bel y Rafael Bruza que lo trae de regreso a Rosario con cuatro funciones en el Teatro Municipal La Comedia


En su afán por recuperar lo poético y al mismo tiempo lo político en el teatro, entre otras cuestiones resignificando mitos populares, el dramaturgo, director y maestro porteño Mauricio Kartun, hace quince años tomó las riendas de sus obras, tras décadas de sólo dedicarse a la escritura, y comenzó una nueva e iluminada etapa en la que, seducido por la potencialidad de los maravillosos actores con los que suele trabajar y dispuesto a romper con la literalidad imperante, le devolvió a la escena argentina algo mágico y único, donde el lenguaje aparece fuertemente atravesado por lo paradójico de la actuación, por los gestos, los detalles, los signos y, sobre todo, por una saludable cuota de sorpresa y disparate.

Kartun llega una vez más a Rosario, pero esta vez lo hace en el marco de una pequeña temporada de cuatro funciones con su último y elogiado trabajo, Terrenal. Pequeño misterio ácrata, estrenado en 2014, que se presentará el fin de semana en La Comedia, donde también ofrecerá una master class y desmontaje de la obra con los detalles del proceso y su modo de concebir el teatro, una cita imperdible para teatristas y público en general que está teñida de la generosidad que sólo conocen los grandes artistas.

Con cinco temporadas a sala llena, más de 700 funciones en el país y el exterior, 70 mil espectadores y 25 premios, Terrenal plantea con ingenio, humor y un deliberado homenaje al teatro y a los artistas de variedades una versión del mito de Caín y Abel que acontece en el conurbano bonaerense. Y, más allá de que el final de la historia es conocido, lo que importa aquí es el recorrido. “En un viejo loteo fracasado, Caín es un productor morronero y Abel, un vagabundo vendedor de carnada viva en una banquina del asfalto que va al Tigris”, escribe el director. Y completa: “Son hermanos a los sopapos compartiendo ese terreno, su edén ordinario partido al medio, al que nunca podrán volver morada común; la dialéctica imperecedera entre el sedentario y el nómade. Y Tatita, siempre ausente, que regresa al fin ese domingo melancólico”.

Con unos actores cuyas performances quedarán en la historia del teatro argentino para siempre, en la actualidad, el elenco está integrado por Claudio Da Passano (Abel), Claudio Martínez Bel (Caín) y el santafesino Rafael Bruza (Tatita, quien ingresó en reemplazo de Claudio Rissi), con la asistencia de dirección de Alan Darling, vestuario de Gabriela Aurora Fernández, diseño lumínico de Leandra Rodríguez y diseño sonoro de Ileana Liuni.

Adán y Eva tuvieron dos hijos varones. El mayor se llamaba Caín, nombre que traducido significa posesión, y el más pequeño Abel, que significa nada. De allí en más se teje el mito, que en sí mismo se revela como una contradicción, una paradoja para hablar de dos formas opuestas de ver el mundo y la vida, de la presencia del padre, incluso del origen del capitalismo pero sobre todo de una grieta de la que mucho se habla en el presente pero que tiene sus orígenes en el momento mismo del origen de la humanidad.

-En alguna entrevista alguien definió a “Terrenal” como un “cachivache bíblico”; ¿acordás con esa definición?

Terrenal es la resignificación de un mito; no sé de donde salió lo de “cachivache bíblico” pero es una perfecta definición, porque lo que hice fue tomar el mito de Caín y Abel y resignificarlo en una historia en la que ubico el paraíso terrenal en un loteo fracasado del Gran Buenos Aires. Es un espectáculo que va por su quinta temporada y con el que hemos hecho muchas giras nacionales e internacionales. La verdad es que nos sorprende en cada función. De todos modos, el fenómeno del público va mucho más allá de la calidad del espectáculo, y me parece que tiene que ver con alguna identificación curiosa que se produce con estos personajes, incluso hay algo aún más curioso y es que mucha gente vuelve a verlo una y otra vez. Pero volviendo al mito, entendemos que no es solamente la pelea entre hermanos sino el enfrentamiento entre dos grandes arquetipos, algo absolutamente vigente.

-Entre esos personajes hay una “grieta” que es la misma que viene desde hace siglos; quizás por allí pase de algún modo la identificación del público…

-Es posible; de todos modos, más allá de que siempre se dice que el teatro dialoga con el público, y yo a veces pienso que en realidad el público monologa con el teatro (risas), el público mira teatro y se manifiesta; mirando esas imágenes proyecta sus propias obsesiones. Seguramente algo de eso ha pasado, porque la obra habla de dos posturas frente a la vida y esas posturas, naturalmente, se están profundizando en estos tiempos. El concepto de grieta, más allá de la idea de política cercana, la diferencia entre arquetipos, por ejemplo cuando suceden fenómenos como los de Bolsonaro en Brasil, lo que uno ve allí es el enfrentamiento entre dos modelos de diferencias manifiestas no en relación a cómo deben ser los gobiernos sino a cómo debe ser la vida. Me parece que en ese estado de discusión, como toda discusión, extraordinariamente sana y el gran mecanismo humano para llegar a alguna síntesis, la obra parece haber encarnado todo esto en quien la ve, y es así como en la platea funciona algo que tiene que ver con el debate de todas esas ideas.


-Volviendo a lo poético, la obra, como otras de tu producción, vuelve a ser metateatral, pero esta vez conviven lo beckettiano con el varieté. ¿Cómo se da ese proceso?

-Siempre frente a estos temas me gusta poner en primer plano al actor que en definitiva es la materia del teatro y el que genera todo eso. El fenómeno del teatro es inseparable del gran fenómeno que tiene que ver con lo que te pasa a vos como espectador frente a la actuación. Y acá lo que hay, antes que cualquier otra cosa, son actores de una solvencia actoral y cómica muy sorprendente, pero además son actores que tienen una especie de curioso compromiso con cada una de las funciones. Hay gente que se pregunta si no es aburrido el trabajo del actor que tiene que repetir siempre lo mismo, y lo que yo puedo decir es “sí”, es aburrido si el actor es aburrido. Pero si el actor tiene una actitud guerrera como la que tienen estos tres que son extraordinarios, lo que sucede es que cada función se transforma en algo definitivamente nuevo. Incluso las zonas más accidentales de la función, es decir cómo está el público, cómo es la sala y todo lo que pueda suceder allí, terminan siendo elementos de creatividad, detonadores de nuevas situaciones.

-La prueba de que los actores son la materia quizás se pueda probar en esta misma obra con el reemplazo que encaró Bruza para componer a Tatita después de la descomunal performance de Claudio Rissi con ese mismo personaje.

-Efectivamente, en el trabajo de Bruza hay una cosa muy creativa y hay que tener en cuenta que se estaba enfrentando a algo que ya tenía una marca muy importante, pero lo bueno es que él trabajó de una manera muy diferente, en la otra orilla de las posibilidades que tenía el personaje, y encontró algo jugosísimo que funciona fantástico.

-Siempre se te escucha hablar muy apasionadamente acerca del trabajo con los actores. En cierta forma, ¿ése fue el motivo por el que hace quince años tomaste la decisión de dirigir tus obras más allá de escribirlas?

-Sin ninguna duda. Todos los que empezamos a dirigir tenemos en algún momento una especie de fantasía de titiritero. En realidad, que uno mueve los hilos, y de acuerdo a cómo uno mueva los dedos, sucede algo allí abajo; es decir pensar al director como una especie de mago. Pero cuando uno empieza a trabajar rápidamente entiende, o no lo entiende nunca y choca contra una pared, que el teatro es el cuerpo del actor, y que el cuerpo del actor, cuando está en escena, está solo y nada se puede hacer para crear otra cosa. Lo que sí podemos hacer los directores es crear contextos y tratar de que esos contextos sean creativos para que potencien el trabajo del actor, pero el verdadero fenómeno es el del actor. Por eso es tan importante para un director rodearse de actores que tengan una doble característica: primero que sean actores-poetas, que sean creativos, que no se repitan, y segundo, que sea gente con la que te puedas sentar a comer o tomar un mate, que te encuentres, que tengas afectividad, porque los elencos terminan siendo algo así como una especie de familia sustituta. Pasás mucho tiempo de tu vida viajando con ellos, compartiendo cuando hay público y cuando no lo hay; es ese otro encontrarse de una manera más amistosa. Cuando uno entiende esto, abandona aquella otra hipótesis más mecánica de creer que en realidad se trata de apretar un botón o mover los hilos. 

-Más allá de la complejidad de estos tiempos, la gente sigue yendo a ver el teatro de arte. ¿Qué sentís que busca o encuentra el público en este teatro?, ¿será un rango de verdad que no encuentra en lo cotidiano?

-Efectivamente estamos atravesando una instancia en la que todo es duda, pero más allá de eso lo que el público busca en el teatro desde hace siglos es participar de un ritual de afinación; al teatro no lo podés ver en video ni solo. Es un fenómeno para ver en grupo y le corresponden las generales de la ley de un viejo fenómeno tribal que es este de la rueda alrededor de un relato, o lo que nosotros llamamos inteligencia narrativa. Ir al teatro es ir a encontrarse con un relato que te permite ver el mundo de otra forma, pero además verlo allí, en vivo, aceptando el deslumbramiento que nos produce el trabajo del actor cuando es bueno. Sirve para preguntarnos cómo hace un actor para estar dos horas siendo otro, comportándose como otro, recordando una letra. De todos modos, al teatro hay que aprender a disfrutarlo, porque de otro modo, si sólo buscás un relato, vas a encontrar un placer mayor en la televisión o el cine. En cambio, el ritual es incomparable, produce otra cosa: uno va a ser sorprendido porque encuentra cosas que están por fuera de su red conceptual. De otro modo no se entendería su supervivencia, algo que en nuestro país es sorprendente al lado de otras realidades.

-¿Cuál es ese nuevo mito que da vueltas por tu cabeza para un nuevo montaje, quizás revisando esos maravillosos archivos de fotos antiguas a los que solés recurrir para inspirarte?

-Estoy puliendo un primer borrador de una obra nueva que estoy intentando montar para el año que viene, más allá de que cuando miramos el panorama, ciertas zonas de entusiasmo casi ingenuo que venimos sosteniendo en estos años de “todo se puede, se consiguen subsidios, hay ganas, el público se mueve”, quizás no sea tan así, y los subsidios están más retaceados y el público se mueve menos porque, lamentablemente, la gente achica su inversión en cultura. De todos modos, volviendo al montaje nuevo, el universo que tomé y que me venía rondado en la cabeza desde hace tiempo, una vez más es teatral: se trata de una compañía de cómicos españoles que llegan a la Buenos Aires colonial con la idea de encontrarse con una plaza determinada y encuentran un lugar perturbado por el contrabando, la violencia, la competencia, y allí se arma una historia.

-Se encuentran con un lugar bastante parecido al de ahora…

-Sin lugar a dudas; no cambiaron tanto las cosas.

-¿Hay un momento en el que estás pasando el texto con los actores y sos consciente de la magia que se produce cuando ese texto se transforma y que en definitiva es el teatro, que es ese punto de contacto que conlleva algo bastante inexplicable?

-Claro que sí, son momentos muy mágicos y los que hacemos teatro solemos coincidir en que el mejor lugar es el del ensayo, uno se la pasaría ensayando porque justamente es el lugar en el que se manifiesta la creatividad. De pronto estás ensayando medio burocráticamente, pasando letra, jugueteando con el material, y pasa esto a lo que hacés referencia: aparece una epifanía, la sorpresa frente a algo que acaba de suceder que es bello, mágico, sorprendente, y no habría otra manera de capturarlo que no sea jugando a la espera de que aparezca porque no hay nada que lo produzca de antemano, por eso digo que los directores somos cazadores de momentos mágicos. Yo suelo ensayar hasta ocho meses una obra y en ese tiempo no puedo manipular nada, pero sí puedo crear las condiciones y esperar agazapado hasta que aparezca ese momento único para poder cazarlo, más allá de que después viene el otro despelote que es cómo reproducirlo. Por eso sostengo que una buena obra de teatro no es otra cosa que una cuidada exposición de todas esas presas.

Una disección poética

Mauricio Kartun ofrecerá el sábado, de 11 a 13, en La Comedia, con entrada gratuita, un imperdible desmontaje teórico práctico del proceso creador de Terrenal, básicamente diseñado para participantes que hayan visto ya el espectáculo en sus funciones regulares o bien que hayan leído el texto, aunque no es excluyente.

Tomando como cuerpo en observación el proceso de armado de la obra, el seminario propondrá un recorrido por los distintos procedimientos y herramientas con los que un autor-director, como es su caso, encara el proceso creativo de un espectáculo teatral. “Una disección poética mediante la cual observar su evolución desde las borrosas imágenes iniciales y sus pre textos hasta los primeros borradores, sus sucesivas versiones luego durante el período de ensayos hasta arribar a la versión escénica final”, adelanta el director.

“Será un seminario abierto y gratuito para todo público; serán tres horas de desmontaje del proceso creador, es decir contando cómo fue que se hizo esta obra: cuáles fueron los mecanismos que se usaron, cuáles las dificultades, los procedimientos, el porqué de algunos caminos tomados y luego abandonados. En todo caso, abrirle a otro artista, estudiante de arte o simplemente alguien interesado en la creación esos caminos transitados, esos estados de angustia, porque todos los procesos están cargados de lo mismo, de esa incertidumbre por las que transitamos los artistas”, dijo Kartun acerca de la actividad del sábado por la mañana. Y completó: “Se trata de algo que yo recomiendo y difundo, hay que abrir la creación, romper ese estado canuto, porque la creación tiene que sea compartida siempre; los artistas tenemos que contagiar el arte a otros, tenemos que mostrar que no sólo es una actividad digna sino que además dignifica, hay que salir a decir que el arte nos hace mejores porque nos permite enfrentar la vida de una manera diferente”.

Para agendar

Escrita y dirigida por Mauricio Kartun, Terrenal. Pequeño misterio ácrata se presentará en La Comedia, de Mitre y Ricardone, del jueves 15 al domingo 18, siempre a las 21. Las entradas anticipadas se encuentran a la venta desde 200 pesos en la boletería del teatro o bien a través de 1000tickets.com.ar.

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