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Mentiras e impunidad

Juan José Salinas: en el atentado contra la Amia “participaron agentes de inteligencia israelíes”

El New York Times reveló filtración del servicio secreto israelí que desmiente participación de iraníes y argentinos en el ataque. El autor de "Amia, el atentado: quiénes son los autores y por qué no están presos" advirtió que tanto policías federales como agentes del Mossad estuvieron involucrados


El periodista e investigador Juan José Salinas dialogó con El Ciudadano tras la desclasificación de un informe del Mossad, el servicio de inteligencia israelí, donde se afirma que no hubo participación de ciudadanos argentinos ni iraníes en el atentado contra la Amia en 1994. Para Salinas, el informe revela intereses geopolíticos que hacen cambiar la posición histórica tanto de Israel como de Estados Unidos para con la República Islámica de Irán. El también escritor afirma además que el atentado fue concretado en connivencia no sólo de ciudadanos argentinos, al contrario de lo que afirma ahora el Mossad, sino además por agentes de inteligencia de Israel opositores al proceso de pacificación que se estaba llevando en aquel entonces en aquel país.

La teoría de Salinas sostiene que la filtración publicada el último viernes 22 de julio por el periódico estadounidense New York Times tiene como objetivo limar asperezas con países de interés tanto para Estados Unidos como Israel: “Al parecer, o bien Israel pretende acceder al petróleo iraní o, lo más probable, actúa así a pedido de la administración Biden. De paso hace como que nunca hubiera existido una conexión local, lo que ratifica la necesidad de que no quede en evidencia quiénes, cómo y por qué colocaron y detonaron las bombas”.

El espía arrepentido y la Policía Federal

Salinas participó de un grupo de investigación vernáculo liderado por Pedro Brieger y financiado por la Asociación Mutual Israelita Argentina (Amia), el cual “Israel mandó a disolverlo” en un mes y medio. El grupo trabajó lo suficiente para que “nos diéramos cuenta de que estaba involucrada la Policía Federal”.

El periodista dijo que “la serie de Iosi no hace más que poner en manifiesto para toda la gente de que la policía estuvo involucrada. Secciones enteras estuvieron involucradas” en la voladura de la Amia y de la embajada de Israel en Buenos Aires, dos años antes.

La serie “Iosi, el espía arrepentido”, de reciente estreno, narra la historia de José Alberto Pérez, quien declaró de apuro ante la Justicia argentina para poder acceder al programa de protección a testigos, pero que sin embargo nunca lo llamaron para ampliar su declaración.

Pérez, o Iosi como se lo conocía dentro de la comunidad judía, se presentó a sí mismo como un agente de inteligencia de la Policía Federal que había estado activo como espía dentro de la comunidad entre 1986 y el 2000, bajo la orden de reportar todas las averiguaciones y actividades diarias de los grupos universitarios sionistas e integrantes de la colectividad.

Iosi, el espía arrepentido, lo último de la plataforma Prime Video.

Salinas destaca la importancia política de esta serie dentro de la historia del atentado contra la Amia ya que Iosi integraba los servicios de inteligencia de la Policía Federal, organismo nunca investigado y que él mismo señala como partícipe necesario del atentado, razón por la cual da por tierra una de las dos hipótesis de la más reciente filtración del Mossad. De allí, la connotación geopolítica del mismo: “En el caso de (la no participación de) los argentinos es una mentira flagrante”.

“Cuando yo arranqué mi investigación, pensaba que por un lado estaban los árabes y por otro lado los israelíes y los judíos sionistas, como si fueran River y Boca. Y a medida que fui investigando me di cuenta que no, que se trata de un atentado mafioso” en cuya banda involucrada “convivían árabes e israelíes”, cuenta a este diario Juan José Salinas. “Yo creo que hubo participación de agentes de inteligencia israelíes, enemigos de los acuerdos de paz que propugnaba el primer ministro Isaac Rabín”.

Ahora bien, ¿por qué nunca se investigó esa causa paralela contra las líneas involucradas de la Policía Federal y se eligió en cambio la pista que llevaba a la Bonaerense? Salinas respondió: “Eso tiene mucho que ver con el encubrimiento cuya piedra basal es la existencia de supuestas camionetas bomba que nunca existieron, excepto como señuelos para desviar las investigaciones”.

Las camionetas que no fueron

Salinas entiende que, en el atentado de la Amia, no fue utilizado nunca un vehículo utilitario como herramienta explosiva: “Nunca hubo camionetas bomba”. La refutación de Salinas tiene que ver con las contradicciones en la declaración de la única testigo que afirma haber visto al chofer inmolado y al vehículo: “La única testigo de la camioneta era una mujer, que se presentó a declarar a instancias de otra enfermera que era la esposa de un jefe de bomberos, que declaró que había visto una tráfic blanca doblar por la calle Tucumán, y ella estaba con una hermana que declaró que no había visto nada”.

Salinas recuerda que la testigo dijo que el chofer del vehículo “estaba manejando a la derecha. No existe el volante a la derecha en Argentina. Es falso de toda falsedad” y agrega el investigador: “En la puerta de la Amia había un testigo que estaba mirando a la puerta esperando en segunda fila, a unos setenta metros de distancia, que dijo que no había visto ninguna camioneta bomba”.

“El tema de (la acusación a) los iraníes está preparado desde mucho ante de los bombazos, lo que pasa es que la Corte Suprema no aceptó eso porque no había pruebas”, advirtió Salinas. “Había un sector de la Secretaría de Inteligencia del Estado (Side) que ya estaba buscando la forma de poder echarle la culpa a Irán de los ataques. (Alberto) Stiuso, por encargo del Mossad, grabó 30.000 horas de conversaciones entre funcionarios de la Embajada de Irán y de funcionarios iraníes en sus casas particulares”, reveló el escritor a El Ciudadano.

“Como las conversaciones eran en farsi, como decían que no tenían traductores, se los dan, sin quedarse con copias, al Mossad. Evidentemente no encontró nada para culpar a Irán, entonces ¿de dónde se arma el asunto de los iraníes? Cuando meten esa camioneta cerca de los iraníes, salta de ahí que un cura musulmán de nombre Moshen Rabbani estaba haciendo un encuentro en su mezquita en el barrio de Floresta. Ahí empezó el acuerdo contra los iraníes”. En la causa Amia, Rabbani es identificado como el ex agregado cultural de la embajada de Irán en Buenos Aires y uno de los apuntados originalmente como organizadores de la voladura de la Asociación Mutual.

El periodista describió: “La CIA le pide a la Side que Rabbani se tenía que ir de la Argentina. No lo querían interrogar, sino iba a saltar que no tenía nada que ver. Le iban a pagar si era necesario, pero él se tenía que ir del país”. Al parecer, el religioso hizo caso omiso a las peticiones de los servicios de inteligencia y permaneció en la Argentina, hasta que en 1997 el presidente estadounidense Bill Clinton visita el país y “pide por favor que Rabbani no regrese al país”, dado que éste se encontraba de vacaciones en el exterior. Salinas asegura que el religioso nunca regresó a la Argentina, dando lugar a que nunca se investigue esa supuesta convocatoria en la mezquita Al Tahuid del barrio Floresta.

El periodista Juan José Salinas
Las resistencias

Juan José Salinas entiende que, así las cosas, “Cristina (Kirchner) o bien sabía positivamente que Irán no tenía nada que ver, o lo intuía, cuando firma el Memorándum (de entendimiento con el país persa), para decir («bueno, despejemos una X». Lo que creo que se equivocó Cristina no fue en eso, sino que lo que no calculó bien fue la resistencia que iba a despertar”, lo que derivó en el armado de una causa en manos del luego suicidado fiscal especial Amia Alberto Nisman.

La pregunta inmanente detrás de las afirmaciones de Salinas es sobre los intereses que inspiraron tantos esfuerzos para desviar la investigación sobre los autores intelectuales de los atentados contra la embajada de Israel y la Asociación Mutual Israelita Argentina, que en conjunto dejaron más de un centenar de muertos: “Yo creo que en ambos atentados, que fueron por causa del lavado de dinero por tráfico de armas y de drogas, además hubo involucrados agentes de inteligencia israelíes opuestos a los tratados de paz de Rabin. Hubo una interna israelí, yo creo que el secreto es ése.”

Salinas destaca que, tras el magnicidio de Rabin el 22 de abril de 1995, “nunca más hay un gobierno centrista, ni moderado ni socialdemócrata” en Israel, sino más bien de perfil conservador y de derecha, lugar donde coloca al gobierno de Benjamín Netanyahu, quien tuvo el poder durante doce años, desde marzo del 2009 hasta junio del año pasado. El investigador argentino retoma los dichos del escritor Gordon Thomas en “Mossad. Historia secreta” que, cuando cambia la dirección de la agencia israelí, “las nuevas autoridades del organismo le preguntaron al ministro Netanyahu sobre la investigación pendiente sobre lo ocurrido en la Amia, y él les respondió que sobre eso no se investigaba”.

El cable y la “versión coincidente”

Otro episodio que advierte la parcialidad del Estado argentino en la investigación contra Irán es la actuación de la Justicia federal y el gobierno de Carlos Menem en 1994: un cable emitido por el embajador argentino en Israel José María Valentín Otegui, a las 2.50 horas del 19 de julio de 1994 ,propone crear una interpretación unificada y un mensaje único entre los dos Estados sobre lo sucedido casi 17 horas antes en la porteña calle Pasteur al 600, en el cual se acomodaban las conveniencias políticas tanto del primer ministro israelí Rabin como del presidente Menem.

El cable daba a conocer no sólo una comunicación entre Rabin y el gobierno argentino para una aparición conjunta entre el canciller argentino Guido Di Tella y una reunión con Menem y el subsecretario de Asuntos Latinoamericanos de la Cancillería de Israel, Dov Schmorak, sino además la importancia que tenía para el gobierno israelí de poder confeccionar una versión unificada entre los dos gobiernos ante la opinión pública, para proteger las políticas de paz llevadas adelante por Rabin.

Schmorak es definido en el cable como un “hombre de relación personal y directa con el primer ministro Rabin”. El embajador conocía la Argentina tras cumplir funciones como representante consular entre 1980 y 1985, en los últimos años de la dictadura militar y los primeros del gobierno de Raúl Alfonsín.

En un reportaje concedido al diario Clarín al día siguiente a su llegada al país, Schmorak apuntó contra el gobierno iraní: “Posiblemente, el número uno en la lista de sospechados es Irán. Hay organizaciones fundamentalistas islámicas inspiradas por Irán, financiadas por Irán, entrenadas por Irán, pero que no son iraníes, como Hezbollah, en el Líbano”, y agregó que Menem también aceptaba la hipótesis de la participación de argentinos junto a los elementos extranjeros.

Horacio Verbitsky publicó en su columna dominical en el diario Página/12 del 18 de julio del 2004 que “La notoria ausencia en todas las declaraciones, del enviado israelí y de las autoridades argentinas, fue la pista siria, pese a las evidencias que saltaban a la vista desde el primer cuerpo del expediente judicial. Incluso la referencia a Hezbollah como apéndice iraní es engañosa, ya que ese partido tenía una muy conocida dependencia de las decisiones del gobierno sirio”.

El periodista agrega que “la línea acordada a 48 horas del atentado entre los gobiernos de Israel y la Argentina se siguió en forma minuciosa en todas las investigaciones posteriores. Hasta el día de hoy, Siria es soslayada y todas las pistas se buscan en dirección a Irán”.

Justamente, la versión que ahora acomoda el Mossad y difunde a través de medios afines a Israel no desvincula totalmente a Hezbollah de Irán, pero sí se esfuerza en afirmar que no hubo actuación puntual de funcionarios iraníes ni argentinos en el atentado contra la Amia.

El primer ministro Rabin, durante su segundo gobierno, buscó construir los acuerdos de paz con Siria, gobernada en aquel momento por el presidente Hafez Al Assad, que hasta entonces había sido el más duro opositor a la mera existencia de Israel en el mapa del Medio Oriente. Las negociaciones eran respaldadas por el presidente Clinton, quien, según la versión de Salinas, buscaba que el clérigo Rabbani no volviera a Argentina tras sus vacaciones en Medio Oriente para continuar con la investigación en línea contra el pueblo iraní.

El cable agrega que el gobierno de Israel “no tiene queja alguna sobre manera en que nuestro (gobierno) está manejando el tema. Objetivo de entrevista de alto nivel solicitada (con Di Tella y Menem) es coordinar interpretación del atentado” con el propósito de “presentar a la prensa –inmediatamente después del encuentro– una versión unificada de lo ocurrido”.

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