Edición Impresa, Sociedad

Jóvenes comprometidos

Llenando Pancitas, integrada por chicos de diversos colegios de la ciudad, colabora con un comedor del barrio Emaús. Dicen que, una vez finalizado el programa de capacitación, seguirán con el proyecto

Los chicos de Llenando Pancitas detallaron las dificultades que tuvieron en su trabajo.(Foto: Enrique Galetto)
Los chicos de Llenando Pancitas detallaron las dificultades que tuvieron en su trabajo.(Foto: Enrique Galetto)

Llenando Pancitas es una fundación que nace de la participación de un grupo de adolescentes de diversas escuelas de la ciudad en el programa de formación de líderes comunitarios de Junior Achievement Internacional, que pretende generar un espíritu emprendedor que les permita a los jóvenes alcanzar sus metas en un marco de libertad y responsabilidad social.

Dentro de las propuestas de la fundación está el programa Liderazgo Comunitario, cuyo objetivo es alentar a los estudiantes a preocuparse por los problemas de sus comunidades. Para ello los alientan a crear organizaciones no gubernamentales activas.

Martín Korowaj, del colegio San Antonio de Padua, y Michelle Blois y Silvina Mussia, del Madre Cabrini, son parte de los alumnos que participaron del proyecto y formaron su propia organización, en la cual cada uno ocupa un cargo y una función.

“Lo que llama la atención dentro de la formación de la organización es la capacitación que nos brindan. Los cargos que tenemos que ocupar son de director ejecutivo, director de Recursos Humanos, director de Finanzas, director de Recursos Económicos y director Operativo. Todos tomamos este compromisos con responsabilidad, nadie encara decisiones solitarias. Las propuestas se debaten en asambleas en donde además de nosotros, que somos los representantes de la organización, participan los demás miembros”, explican los estudiantes.

Estos jóvenes trabajaron en base a algunas necesidades de la comunidad y canalizaron su esfuerzo en la ayuda y la asistencia a comedores comunitarios. “Cuando establecimos nuestra misión, además de un nombre para la organización, sus autoridades y objetivos, no queríamos que esto quedara solo en una cuestión asistencialista, sino que la intención fuera mas allá e intentara un vínculo con el comedor y sus necesidades. También en base a estos proyectos es importante formar relaciones con empresas que desde el concepto de responsabilidad social colaboren con la causa”, informan.

Después de recibir la formación de los asesores de la fundación y de llevar adelante los pasos organizativos que plantea esa institución, los alumnos comenzaron con un trabajo de campo que los llevó a diversos barrios de la ciudad para relevar las realidades de los diferentes comedores.

“Nos resultó difícil, hay tantas necesidades que cubrir”, dice con pesar Martín. Y completa Michelle: “Muchos de los comedores a los que fuimos nos derivaban a otros lugares, cuando a simple vista las necesidades eran concretas”.

La presencia del Estado en esos lugares limitó el acceso de los jóvenes, que durante tres semanas recorrieron cien comedores, entre ellos, el del barrio Emaús, en el noroeste de la ciudad, que aceptó la propuesta. “Llegamos a este comedor por los directivos de la escuela primaria del barrio 7 de Septiembre, quienes también coordinan un comedor pero con una realidad más alentadora. Amablemente nos describieron el complejo escenario que tiene el comedor de Emaús, que alimenta a 160 chicos por día con solo 1.500 pesos mensuales de subsidios” afirma Silvina.

Para hacer posible el objetivo, los estudiantes buscaron diversas maneras para recaudar fondos. Entre ellas, colocaron alcancías en varios lugares de la ciudad, elaboraron una rifa con la que reunieron más de 1.000 pesos que serán destinados a la compra de alimentos y, además, consiguieron que el Concejo Municipal les otorgue un subsidio. Otra de las donaciones la hizo una empresa petrolera del Gran Rosario, que facilitó la compra de un horno industrial que en breve comenzará a funcionar en el comedor de Emaús.

La satisfacción de los chicos es notoria. En cada acción que realizan se desmitifica la creencia de que los jóvenes no se comprometen con la realidad. Por eso, la intención es continuar con Llenando Pancitas una vez que termine el programa de capacitación de la fundación. “En mi caso, con Michelle, somos muy amigas y en un futuro nos gustaría poder llevar adelante una ONG juntas. Esta experiencia es gratificante por el simple hecho de ser una modalidad abierta donde participan chicos de todas las escuelas. Esto nos vincula, genera lazos para el futuro y nos forma simbólicamente en lo social y colectivo”, dijo Silvina.

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