Sociedad

El entrevistador más famoso

Jesús Quintero, el andaluz que con “El perro verde” patentó una nueva forma de entrevistar

A los 82 años, el famoso presentador español atraviesa un mal momento. Está en una residencia para enfermos de cuidado en Cádiz, aunque su familia afirma que se internó por propia voluntad, para tener atención médica permanente


A fines de los años ´80, en medio de la estridencia de una sociedad con un permanente nivel de alta conflictividad, el periodista andaluz Jesús Quintero quedó en la historia de la televisión argentina con un programa único en su especie llamado “El perro verde”.

Quintero viene siendo noticia en España por un tema para nada cómodo: a los 82 años está alojado en una residencia para enfermos de cuidado, en Cádiz, luego de un lustro en que si volvió al centro de la escena fue por recurrentes problemas económicos y de salud, además de su ausencia del centro de la escena de la comunicación.

La familia debió desmentir esta semana que el presentador, que entre otros premios obtuvo el “Rey de España de periodismo”, se encontrase al borde de la muerte, como afirmaron los medios sensacionalistas de impacto nacional, algunos de los cuales aún parecen enojados con las críticas contra la idiosincrasia local que caracterizó el estilo de Quintero, iluminado y personal.

Quintero empezó a ser reconocido en España por un muy influyente e imitado programa radial nocturno llamado El loco de la colina, en el que de manera en parte terapéutica solía abordar largos soliloquios sobre las injusticias sociales, o diatribas contra los que ejercitaban en poder sin colaborar con los cambios que la sociedad demandaba.

A lo largo de su carrera, Jesús hizo más de 5 mil entrevistas, a personajes tan importantes y diferentes entre sí como Diego Maradona, Eduardo Galeano, Arturo Pérez-Reverte, Facundo Cabral, el subcomandante Marcos, Jorge Luis Borges, Antonio Escohatado, Antonio Banderas, Felipe González, Baltasar Garzón, Pepe Mujica y Joaquín Sabina.

Pero también entrevistó a personas absolutamente desconocidas para los espectadores, inspirando del trabajo que luego haría, también en ATC, el recordado Fabián Polosecki con El otro lado, y se dio el gusto de preguntarle y preguntarle a un invitado que no contestaba nada…porque era mudo.

Especie de fino y florido anarquista verbal con ideales personales que siempre lo llevaron a confrontar con el conservadurismo, los capítulos que grabó en Buenos Aires y Uruguay de El perro verde demostraron al público, y a numerosos colegas, de qué forma interesante era capaz de usar el silencio para lograr que sus entrevistados salieran de sus zonas de confort.

Era una técnica, vinculada a su interés por el psicoanálisis, que consistía en que el peso de la responsabilidad al producirse un bache en la entrevista no cayese sobre el profesional al mando del programa, sino sobre su invitado, que entonces se sentía impelido a interrumpir el silencio, que se había convertido en estridentes, en situaciones por momentos teatrales.

“Los silencios fluyen de manera natural”, explicó hace años en una entrevista, sabiendo que su caso se estudiaba en las carreras de Comunicación. “Cuando el entrevistado dice una tontería, el silencio lo demuestra. Cuando el entrevistado dice algo interesante, el silencio también lo demuestra. Lo fundamental es ser honrado y transmitir verdad”.

En un momento en que volvió a Buenos Aires para hacer un programa de FM llamado El lobo estepario, afirmó: “Para mí la radio es el lugar en el que más cerca está uno de ser uno. Es más individual, más creadora y más imaginativa. Uno pone la voz y el oyente el decorado. Los personajes tienen más tiempo para hablar, no como en la televisión, donde ya no es posible ver una entrevista de más de tres minutos”.

Aunque ganó dinero en abundancia en su larga carrera, y se dijo muchos lujos personales, las notas publicadas en España a lo largo de los últimos meses repiten que está en malas condiciones económicas, por lo que los gastos de la internación corren por cuenta de un amigo suyo, también presentador de televisión.

“Me he arruinado tres o cuatro veces en mi vida”, confesó hace años el hombre que condujo éxitos como Qué sabe nadie, La boca del lobo, Cuerda de presos, El vagabundo, Memoria del loco y Ratones coloraos. “Si no trabajo, bajo los techos, bajo el nivel. Vivo con lo justo. Nunca seré yo un nuevo rico. Siempre seré un antiguo pobre”, sentenció.

Tiene dos hijas de diferentes matrimonios y su última esposa, María, con la que se casó hace dos años, optó por explicar en un comunicado que debido “a la aparición de algunas complicaciones médicas”, el propio Jesús pidió una internación que le permita atención médica especializada permanente en la Residencia Nuestra Señora de los Remedios de Cádiz.

“Es su deseo y el de la familia que, en cuanto sus condiciones de salud lo permitan, pueda regresar a su vivienda”, agregó el lacónico texto familiar, en respuesta a los comentaristas y panelistas de los programas de televisión que afirmaron esta semana que estaba tan grave que ya nunca saldría de la internación actual.

Quintero, que siempre fue muy supersticioso y sufría ataques de pánico si tenía que subir a un avión, resultó un ciudadano de gastos caros cuando le fue bien: en su garaje guardaba en su momento, por eso llama la atención su actual falta de dinero, un Bentley valorado en 200 mil euros y una moto Hammer customizada cortizada en100 mil.

Un medio español afirmó que llama la atención su falta de efectivo, porque hace años solía llevar más de 30 mil euros en ropa cuando se vestía para una gala con prendas de John Galiano, Dior, Tom Ford o Yves Saint-Laurent pero la verdad es que se involucró en proyectos empresariales como el Café Montpensier o el Teatro Quintero con los que perdió fortunas.

El año pasado, después de haber pasado por otra internación, en una entrevista para Vanity Fair, el presentador había dicho que pensaba a menudo en la muerte, pero sin temerle. “Creo que la muerte está bien pensada, porque si viviéramos sine die, lo dejaríamos todo para el siglo que viene. El paso del tiempo nos sitúa”, dijo.

En otra de las entrevistas que se generaron después del alerta anterior por su salud, afirmó que le hubiese gustado poder terminar su carrera en la televisión conduciendo un buen programa, pero que eso hoy parece imposible “Creo que, sobre todo en la tele, se ha perdido el gusto, la sensibilidad y hasta la vergüenza”, puntualizó. “Lo que en Andalucía llamamos el paladar”.

“Siempre se habla de los millones que la ven, pero nadie habla de los millones que huyen de ella”, agregó. “A veces, me parece un engañabobos, donde las imágenes corren como por un grifo, y la cámara gira despistada, dando vueltas, aburrida y sin saber dónde detenerse. La televisión española llega muy lejos, aunque sería mejor que no llegue. La imagen que proyecta no tiene nada que ver con España, es un horror”.

En la Argentina, pasaron en 1989 por El perro verde personalidades como Charly García y Nacha Guevara o el asesino serial Carlos Robledo Puch, al que entrevistó en el penal de Sierra Chica, reiterando la idea, ya puesta en el aire en España, de conectar a los espectadores, también con la psiquis de ladrones, delincuentes y homicidas.

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