Economía

Opinión

Inflación: síntoma de un problema mayor

A su vez, los medios de comunicación y el gobierno eluden explicar el fenómeno que subyace en la dinámica de los precios, puesto que implica entrar en asuntos más sensibles y delicados de la economía: el juego de intereses


Julieta Fouquet

Luego de que el Indec revelara que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) acumuló en 2018 una suba anual de 47,6%, abundaron las críticas y comentarios sobre la fracasada política antiinflacionaria del gobierno de Mauricio Macri.

Por cierto, la pérdida de poder adquisitivo, que ocurre cuando el aumento de los precios es mayor al del salario medio de la economía, ha sido un fenómeno que se observó con crudeza durante el año pasado, ocasionando un serio y justificado malestar en gran parte de la ciudadanía. A tal punto llega a ser real este aspecto que varias encuestadoras han relevado que la inflación es el principal problema manifestado por los argentinos.

Antibióticos, no antitérmicos

Esta situación esconde un serio problema: identificar el síntoma de un mal, pero no aquello que lo causa. Este énfasis en la inflación (en el aumento sostenido y generalizado en el nivel general de precios de la economía) es como preocuparse y comprender la fiebre en el cuerpo humano, pero no estudiar y atacar las causas que la generan. Seguramente nadie que padece una fiebre alta y permanente se preocupará por ella, sino más bien por la infección que la genera, puesto que si se sigue tomando antitérmicos, en lugar de antibióticos, el riesgo de muerte crecerá riesgosamente.

Se sabe muy bien que la inflación es mala, pero se desconocen los motivos que la provocan. A su vez, los medios de comunicación y el gobierno eluden explicar el fenómeno que subyace en la dinámica de los precios, puesto que implica entrar en asuntos más sensibles y delicados de la economía: el juego de intereses.

De hecho, pareciera ser que el único motivo que se repite y propaga como responsable de la inflación, es la emisión monetaria; algunos agregan, sin mucha explicación, que “terminando con la maquinita”, se eliminará la inflación.

Un fenómeno complejo

Es importante señalar que la inflación es un fenómeno muy complejo y que no depende sólo de la emisión monetaria. Desde luego que el exceso de moneda genera presiones de demanda que se pueden traducir en aumentos de precios, pero esta es una peligrosa simplificación que puede conducir a una inocente interpretación de la realidad y a políticas económicas contrarias al interés nacional.

La vinculación que hay entre la cantidad de dinero y la inflación se encuentra en la demanda agregada. Cuando hay un exceso de moneda en la economía, los agentes económicos demandarán más bienes y servicios, por lo que, dada en el corto plazo una determinada capacidad de producción, quienes ofrecen los bienes, aumentarán los precios para no dejar pasar la oportunidad de apropiarse de ese excedente de dinero.

De ahí la importancia que tiene la recurrente financiación del déficit fiscal por la vía de la emisión monetaria; siendo el Estado el actor de mayor peso en la economía (por lo menos, la nuestra), un gasto mayor a sus ingresos genera una expansión de la demanda agregada con efecto sobre el nivel de precios de la economía.

Actores con poder

Pero existen algunos supuestos importantes detrás de esta lógica que no se deberían descuidar. Por ejemplo, que no existan actores con poder de mercado para fijar los precios, y que no haya capacidad ociosa en la economía. Cuando una economía está en depresión, o se caracteriza por la presencia de monopolios (un solo vendedor) u oligopolios (pocos vendedores) en muchas de las cadenas de valor de los bienes y servicios más importantes de la economía, la situación cambia sustancialmente. Adicionalmente, si estos grupos responden a intereses extranjeros que pretenden convertir a dólares sus ganancias para remitirlas al exterior, la situación ya no depende sólo de la moneda doméstica, sino también del precio de la divisa.

Existe una propensión generalizada a aceptar aumentos provenientes de empresas oligopólicas como un hecho natural de mercado, pero resulta “molesto” que los trabajadores reclamen para que su salario no quede retrasado respecto a la inflación.

En una economía desregulada, aumentarán los precios quienes tengan mayor poder para hacerlo; ese poder, no solamente es económico, sino también político. Una prueba se encuentra al observar la contribución de cada sector a la inflación total de 2018: por ejemplo, los rubros que más aumentaron a lo largo del año fueron: Transporte (66,8%), Comunicación (55,3%), Alimentos y bebidas no alcohólicas (51,2%), y Salud (50,25). Se trata de sectores oligopólicos o regulados que tuvieron suficiente poder de mercado, o bien la anuencia del estado, para aumentar sus precios.

También vale apreciar el Índice de Precios Mayorista, que registró un incremento del 73,5% para 2018, casi 25 puntos por encima del minorista. Esto deja entrever que dentro del sector privado hubo empresas que aplicaron aumentos mayores a la media, y otras que no pudieron hacerlo producto de la recesión.

Un bien crítico

También hay que considerar que en Argentina, el tipo de cambio juega un rol importante en la formación de precios. Al ser nuestra economía débil en su estructura productiva, y dependiente de algo que no produce (el dólar), la divisa se transforma en un bien crítico y sobre-demandado. Esto ocurre porque el dólar se demanda para especulación, compra de bienes y servicios domésticos e importados, remisión de remesas, dividendo y utilidades, pago de intereses de deudas en moneda extranjera, pero a diferencia de otros países, aquí ocurre en proporciones mayores a lo que la economía genera genuinamente.

Esa escasez relativa de divisas hace que su precio suba ante movimientos especulativos del mercado, distorsionando el conjunto de precios de la economía. Por lo tanto, la debilidad externa de la economía argentina, agudizada por una imprudente y libertina política cambiaria, explica la escasez de un bien estratégico para el país, y su efecto directo sobre el nivel general de precios. A principios de octubre, con un tipo de cambio que no encontraba techo y un repunte inflacionario en pleno auge, el director del Bcra, Guido Sandleris, lanzó un nuevo esquema de política monetaria. El objetivo se centró en contener la depreciación del tipo de cambio (e indirectamente la suba de precios) a través del control de la liquidez de dinero.

El destino principal de este control fue el dinero que habían acumulado las entidades financieras, como resultado de las decisiones del Banco Central y del gabinete económico de Macri. De hecho, la tasa de referencia que superó el 70%, era solamente para las entidades financieras (las tasas pasivas estaban 30 puntos debajo de estos niveles). ¿Quiénes detentan el poder suficiente para provocar otra corrida cambiaria y aumentar el precio del bien que poseen, provocando así otro pico inflacionario?

Se observa que con la inflación, no todos pierden por igual y que la dinámica de los precios también esconde una puja distributiva amparada y legalizada por la acción y omisión del gobierno nacional.

Como se dijo, la inflación es un fenómeno muy complejo que no se explica exclusivamente por la variación de la base monetaria. Pero más pronto que tarde hay que introducirse en el laberíntico juego de los intereses, puesto que ellos conducen a la solución de los verdaderos problemas de la economía argentina y ayudan a superar los discursos trillados sobre un síntoma que no deja ver la enfermedad que se encuentra por detrás.

Fundación Pueblos del Sur / [email protected]

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