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Independiente recibe a Tigre

El encuentro tendrá como escenario al estadio Libertadores de América, desde las 18, con Fernando Rapallini como árbitro y televisado por Canal 7.


Independiente, acosado por una racha de siete partidos sin ganar y ubicado en zona de descenso directo, procurará esta tarde obtener tres puntos vitales para escapar de esa traumática zona de la tabla de promedios cuando reciba a Tigre, en un partido pendiente por la 12ª fecha del certamen inicial de fútbol.

El encuentro tendrá como escenario al estadio Libertadores de América, desde las 18, con Fernando Rapallini como árbitro y televisado por Canal 7.

La fecha original del encuentro debió ser el pasado 29 de octubre, pero no pudo jugarse debido al temporal de lluvia que se descargó sobre el Capital Federal y el conurbano bonaerense que inundó las instalaciones y adyacencias del estadio de Avellaneda.

Tigre también adeuda el cotejo de la 19ª fecha del Inicial, ante Quilmes, de visitante, que el 13 de diciembre último fue pospuesto por que el equipo de Victoria jugaba la final de la Copa Sudamericana ante San Pablo, de Brasil.

Si hay algo que va a sufrir Independiente es la presión de su gente, que está al borde del ataque de nervios tras observar fecha a fecha cómo el equipo no gana, juega mal y sigue hundido, como en una ciénaga, en los tres puestos del descenso.

Al Rojo se sumó como refuerzo Daniel Montenegro, quien regresó al club por cuarta vez, un salto de calidad para el plantel que dirige Américo Rubén Gallego, pero no hay más que eso.

Y el equipo de Avellaneda no la tendrá sencilla: Tigre, entonado por haber clasificado a la fase de grupo de la Copa Libertadores al eliminar a Anzoátegui, de Venezuela, le puede complicar aún más la existencia.

Además, el equipo de Néstor Gorosito necesita puntos para incrementar su promedio (hoy está décimo).

En el certamen inicial suma sólo 11 puntos y en la próxima temporada le restarán 50 de la 2010-2011, de allí que no pueda darse lujos ya que en el futuro puede volver a sufrir con un viejo enemigo: el promedio.

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