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Inclusión social sobre ruedas

El emprendimiento Itatí, donde jóvenes del barrio Las Flores reparan bicicletas y sillas de ruedas, ya cumplió medio año. Forma parte de un programa que gestiona la provincia y apoya la Municipalidad.

La labor de los jóvenes de los barrios Las Flores, Tablada y Ludueña en el arreglo de sillas de ruedas y bicicletas es doblemente integrador. Por un lado, se los saca de su situación de calle y se les enseña un oficio que, a su vez, les abre las puertas laborales con el alquiler de las bicicletas en las mañanas de caminata (los domingos de 8 a 13) en pleno bulevar Oroño y reciben dinero desde la Dirección de Inclusión para Personas con Discapacidad por el arreglo de las sillas. El grupo, que ya lleva seis meses de trabajo, se formó a instancias de la Secretaria de Seguridad Comunitaria de la provincia de Santa Fe, y en el marco del gabinete social provincial. También cuenta con la coordinación de la Municipalidad de Rosario. “La confianza que depositamos en ellos es un motivo más que suficiente para que se esmeren en su trabajo”, resumió a este medio Silvia Tróccoli, subsecretaria de Inclusión para Personas con Discapacidad.

Cada semana, las bicicletas rotas en desuso son donadas a los talleres de los barrios más poblados y necesitados de la ciudad. En paralelo, la Dirección de Inclusión provincial recibe y deriva a estos talleres las sillas de ruedas que no están en condiciones de ser utilizadas. Allí, cerca de 20 jóvenes en total arreglan ambos tipos de rodados, los dejan como nuevos y reciben su retribución monetaria y personal. Es que cada domingo, en el paseo recreativo de bulevar Oroño (entre el Parque Independencia y el Scalabrini Ortiz se restringe la circulación de autos, motos y colectivos entre las 8 y las 13), quienes arreglaron las bicicletas las alquilan por 10 pesos la hora a los peatones que lo deseen.

En cuanto a las sillas de ruedas, las entregan nuevamente a la Dirección de Inclusión y ésta les paga por su mano de obra empleada. Pero el trabajo sobre las sillas es mucho más especial que el de las bicicletas. “Les explicamos a nuestros ahora reparadores oficiales la importancia de la silla de ruedas para una persona que no se puede mover por sí sola. Saben que quien estuvo acostado en su cama, mirando el techo, hoy puede ir de compras, sentarse un rato en su vereda, salir a pasear, y esa información los conmovió. Desde allí se notó que se esforzaron mucho más, dado que no se trata de un arreglo cualquiera, es toda una responsabilidad la que asumieron”, comentó la funcionaria.

Por otra parte, confesó emocionarse hasta las lágrimas cada vez que trata el tema, porque ve en estos jóvenes “una gran alegría por esta oportunidad que se les dio y por la confianza que depositamos en ellos. Es más, en una de las entrevistas que tuvimos, uno de los chicos había mencionado que en sus 20 años nunca había trabajado ni estudiado, y se vio sorprendido por nuestro apoyo y confianza, que se sintió semi obligado a responder con el mejor de los trabajos, y eso es saber que con una ayuda como ésta podemos cambiar mucho”.

Por su parte, Francisco Broglia, director de la Secretaria de Seguridad Comunitaria provincial, comentó a El Ciudadano que este programa está dirigido especialmente a jóvenes pero no hay un límite de edad determinante, aunque sí parte de los 16 años. “Muchos de los jóvenes que participan del programa han tenido conflictos con la justicia, o bien se hallaron en situación de vulnerabilidad social, pero hoy tienen otra oportunidad, trabajan y cobran por ello”, explica el funcionario.

El proyecto se fomentó luego de un informe en base a estadísticas policiales. Se seleccionaron los tres barrios a trabajar, donde la problemática era más pronunciada. “Como en Santa Fe, surgió que en general tanto víctimas como victimarios eran jóvenes. Y que el 70 por ciento de los homicidios son consecuencia de conflictos interpersonales: ajustes de cuentas o problemas entre vecinos, por ejemplo. No en ocasión de robo, como está presente en el imaginario popular”, mencionó Broglia.

El director provincial agregó que el diagnóstico –de paso, un revés para muchos teóricos de la “inseguridad”– partió así de la esfera policial y penal, pero para dar paso a una intervención estatal que transita otros carriles: generar oportunidades productivas, culturales y deportivas a grupos que la misma sociedad se encargó de marginar y, luego, de estigmatizar.

Por otro lado, explicó que el emprendimiento Itatí, se llama de ese modo porque los chicos de Las Flores le rinden honor a la parroquia del barrio cuyo referente, el padre Néstor Negri, ofreció las dependencias donde funciona el taller en el que se reparan las bicicletas: rodados que se encuentran en las comisarías de la ciudad sin que nadie los reclame y que suman entre 850 y mil.

A su vez, Broglia adelantó que está prevista la extensión de la ciclovía de Oroño, así que también se encuentra en pleno proyecto la apertura de un grupo análogo al de Las Flores que se formó en barrio Tablada.

Cada taller cuenta con dos capacitadores, uno soldador y otro bicicletero, quienes les brindan los insumos a los trabajadores y les enseñan cómo arreglar cada pieza. “Hay que remarcar que, además de ganar unos pesos en el alquiler de las bicis en Oroño, o del pago de la Dirección de Inclusión por el arreglo de las sillas, estos chicos están aprendiendo un oficio del cual pueden sacar provecho en su propio barrio. Hoy no son muchos los bicicleteros de barrio y, por ende, se los necesita”, dijo Broglia.

Los responsables

Pedro hace tres meses que está en el taller, tiene 20 años, se había ocupado apenas de unas changas en su vida y se sumó a la idea porque le interesó “aprender a arreglar bicicletas”. “Está bueno porque si alguna bicicleta se rompe en el barrio la puedo arreglar, y me gano unos pesos”, comentó.

Por otra parte, sentado en la silla de ruedas que recién había terminado de reparar, estaba Jorge, un trabajador portuario de 30 años. Él, cada martes y jueves al salir del puerto, va al taller a trabajar junto a los chicos. Jorge confesó saber previamente sobre el arreglo de bicicletas, y enfatizó que se siente útil al estar cada tarde trabajando en el taller.

“Me interesó poder darles una mano a los pibes. Entré sabiendo algo de este tipo de arreglos y como sé que los chicos después alquilan las bicis, pongo mi trabajo y nos sirve a todos. Hago otra actividad de mi rutina, comparto un rato con los chicos, les doy una mano y ellos van sumando bicicletas arregladas”.

Además, dijo que el trabajo es gratificante, sobre todo con el arreglo de las sillas de ruedas: “Llegan destruidas desde la provincia, se nota que se las usa, se las necesita mucho y las dejamos como nuevas”. También mencionó que en el taller hacen falta herramientas de todo tipo, “pero nos arreglamos con lo que tenemos”.

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