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Imaginativa forma de hacerse cargo de la “Pesada Herencia”

Un grupo de escritores locales creó un sello editorial para publicar textos que “descoloquen y eleven” al lector, con un catálogo que ofrece a autores de la ciudad, nóveles y otros no tanto


“Hay una herencia que es pesada pero de la cual nos hacemos cargo: nuestra nacionalidad, el lugar donde vivimos y la clase a la que pertenecemos. Somos colonia y pertenecemos a una clase que es explotada. Queremos cambiar eso y la poesía puede ayudar, pero no desde un punto de vista panfletario. No queremos hacer poesía que le relate a una persona su propia cotidianidad de explotación; queremos lograr una poesía que la descoloque, que la saque del lugar en el que está, que la eleve”, explican desde la editorial rosarina Pesada Herencia, nacida a mitad de 2017 y conformada por Agustín Agite, Leandro Di Paolo, Marcos Mizzi, Juan Rodríguez y Federico Oña, cinco escritores que comenzaron editándose a sí mismos y hoy, ya concluido ese primer paso, están publicando a otros de la ciudad y el país.

“Coincidimos no tanto en el resultado de nuestros escritos sino en la búsqueda poética que tenemos, y ante la imposibilidad de ser editados sin antes formar parte de un circuito previo o pagarle a una editorial, decidimos hacerlo por nuestros propios medios”, agregan cuando se les pregunta qué unió a un grupo grande de escritores y con diversos estilos a idear y sostener un proyecto común de edición de textos y libros.

Las referencias

El primer libro que Pesada Herencia publicó fue City Center, un policial ambientado en la Rosario actual; la trama de la novela, simple y atrapante, muestra como un muchacho romántico y soñador se convierte en detective en pos de seguir los pasos de un grupo de delirantes que quiere robar el casino de la ciudad. Luego fue el turno de Charcos, de Juan Rodríguez, un poemario que se sitúa lejos del uso indiscriminado del lenguaje coloquial y la repetición exagerada de situaciones cotidianas, haciendo raíz en cierta descontractura gramatical y la construcción de sentido desde el propio contexto poético. A la par salió Bypaas de Federico Oña, cuyos poemas se nutren de escenas cotidianas con el fin de hallar en ellas el misterio y la fuerza, muchas veces brutal, de la experiencia humana. Finalmente le tocó el turno a Los últimos primeros, de Agustín Gaite, cuya obra se mete de lleno en el riesgo de la escritura ya que construye una poesía que se entrega a sí misma sin ataduras gramaticales ni de sentido. Todos estos libros vieron la luz entre mitad y fines de 2017.

“Una de nuestras referencias es Cesar Vallejo, que tiene una poesía comprometida socialmente pero desde la poesía misma, no desde un panfleto: el compromiso social parte desde el lenguaje mismo” cuentan desde pesada Herencia y agregan: “Podemos nombrar también a Juan Gelman y a Paco Urondo, que en Argentina saldaron la falsa contradicción entre Florida y Boedo y llegaron a una síntesis entre »el cultismo» y lo popular”.
Imagen poética

A la hora de definir su propia producción, apuntan: “Buscamos la construcción de imágenes y sonoridades que den cuenta de la realidad pero desde la imagen poética misma; hay pura y exclusivamente una búsqueda de lenguaje”.

Respecto al pasaje desde la escritura a las ediciones, afirman: “Trabajar con textos que no son tuyos te permite editar con más soltura. Esa búsqueda que es pulir la voz propia de un autor, a la vez, se complementa cuando la juntás con otras voces. Así, desde las distintas voces individuales podés conformar un coro”, confían desde Pesada Herencia, que en junio inició la publicación de autores invitados con El grito del Yaguareté, de Marcelo Quispe, un poeta que nació en Jujuy, luego vivió en el conurbano bonaerense y hoy reside en Rosario. En este libro hay poemas, coplas y cantos.

Su estética y la geografía a la que refiere, se ancla en el territorio de los pueblos originarios, en tradiciones indígenas y contextos rurales y también selváticos; lejos de las calles que transitan los personajes de City Center y las referencias urbanas que Federico Oña despliega en ByPass.

“Marcelo Quispe es alguien que trabaja para lograr una voz poética que no está y que siente necesaria. Él es indigenista, reivindica el legado de los pueblos originarios, pero lo hace desde una voz propia. Inventa coplas por ejemplo, no repite fórmulas ni habla de un supuesto paraíso perdido. Se aleja del folklore telúrico sin sentido y reconfigura esa herencia quichua-guaraní para crear algo nuevo”, reflexionan desde Pesada Herencia.

Intercambios mágicos

Esperma y cenizas, de Ivo González, fue otro de los libros que Pesada Herencia publicó este año, y fue fruto de esos intercambios tan azarosos y mágicos que ocurren en el mundo de la literatura: una mujer escribió a la editorial comentando que los poemas de Federico Oña le recordaban a los de un tal Ivo González, y cuando Oña quiso ponerse en contacto con él descubrió que estaba muerto pero que había dejado un blog donde podían leerse muchos de sus poemas.

Desde Pesada Herencia cuentan: “En ellos se juega mucho con el idioma, están escritos en un periodo en el que él entraba y salía de los hospitales por la cirrosis que tenía, y tienen un diálogo constante con la muerte y con la belleza”.

De los libros y el entorno

Los libros de Pesada Herencia, como los de la mayoría de las editoriales locales independientes, se venden en librerías, ferias y eventos, algunos que ellos mismos organizan y otros a los que son invitados.

Para este fin de año, la editorial sacó a la calle una serie de folletines que reúnen a dieciséis poetas de estilos y orígenes diversos. Por ejemplo a Javier Walter, que en su obra Ánimos encara las grandes preguntas de la vida y dialoga con el misterio de un modo clásico; y a Lucía Rodríguez, que quizás también se pregunta lo mismo pero con un lenguaje moderno, plagado de imágenes cotidianas y música pop, en Los Pibes.

Producción zarpada

En relación a lo difícil de la edición de libros en el actual contexto económico, los editores responden: “Por un lado vemos que los libros están circulando menos, sobre todo los de poesía, que siempre fueron para circuitos menores. Los costos suben, para cubrirlos tenés que cobrar precios altos y así se va complicando todo. En ese sentido los folletines son algo práctico, los cobrás barato y se mueven, circulan rápido y se leen más”.

A fin del año pasado Pesada Herencia realizó Pogo poético, un festival de poesía al lado del río donde leyeron treinta poetas y tocaron cinco bandas. Esta edición de folletines, con gran cantidad de autores, de alguna manera, viene a continuar ese encuentro de poetas y lenguajes: “Son formas de dar cuenta de la producción zarpada de poesía que hay en Rosario y de vincular autores que no se conocen entre sí y pueden tener incluso muchas cosas en común, y lo mismo puede ocurrir con los distintos públicos” cuentan desde la editorial. Tanto para “Pogo poético” como para estos folletines invitamos a escritores con estilos muy diversos, gente que escribe poesía y la labura. Si te ponés a pensar, en los últimos años florecieron los ciclos de poesía. Pueden durar años o ser intermitentes, pero hay montones. Por eso hay autores tan disímiles y eso es lo que queremos reflejar”.

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