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“Hoy lo digital es parte de la estrategia de campaña”

El especialista en comunicación política y medios sociales Luciano Galup analizó el impacto de las redes en el triunfo de Jair Bolsonaro.  “La sociedad brasileña estaba agotada, harta, cansada, frustrada y con niveles de violencia muy altos”, afirmó


Ante el triunfo de Bolsonaro en Brasil, el mundo intenta encontrar explicaciones y posibles respuestas.

Candela Ramírez
Especial para El Ciudadano

Luciano Galup es licenciado en Ciencias de la Comunicación de la UBA y trabaja como consultor en comunicación política y medios sociales. Si bien considera fundamental para las campañas políticas poder idear una estrategia integral de comunicación que tenga en cuenta las distintas plataformas digitales, afirma que ninguna es determinante en los votantes. De hecho, a pesar de las ilusiones alrededor de sus usos que hubo en sus comienzos, no cree que las redes sociales hayan aportado a una mayor democratización de las sociedades.

Ante el reciente triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil, el mundo intenta encontrar explicaciones y posibles respuestas. Argentina y Rosario en particular, no son la excepción. Este mes, el filósofo italiano Franco “Bifo” Berardi estuvo en la ciudad dictando una conferencia titulada “Tempesta di merda y la extinción del pensamiento crítico” y también participó de una entrevista pública. Habló sobre los efectos de las redes sociales en las sociedades y afirmó que “la historia de la red no significó la historia de una liberación e igualdad”. Galup coincide. El vínculo entre lenguaje, comunicación y vida social se ha modificado, afirmó Bifo. Precisamente, Galup analiza estas interacciones y las potencias y limitaciones de las redes sociales.

A partir del triunfo de Bolsonaro, en muchos medios se habló de la importancia de Whatsapp para conseguir ganar la elección. Galup considera que todas las plataformas digitales fueron importantes para la campaña y que el próximo presidente de Brasil hizo un uso efectivo de las redes “no sólo en términos de su estrategia de comunicación sino de su estrategia de posicionamiento, donde hubo un candidato que jugó por fuera del sistema político (no asistió a los debates y tuvo pocos minutos de aire en la televisión) y los medios sociales le permitieron mostrar eso”. En relación a Whatsapp, el especialista explicó que Brasil “presenta una serie de particularidades que no se reproducen en todos los países. Allí esta red tiene un uso muy intenso en términos de consumos informativos, es una red que se usa mucho para consumir información y en ese sentido fue lógico que tuviera un peso en la campaña porque las elecciones son básicamente candidatos conectando con ciudadanos para trasladarles información y ciudadanos compartiendo información entre ellos sobre el proceso electoral”.

Sobre la viralización de noticias falsas dijo que no cree que eso haya sido determinante en la definición de la elección. “Me parece que la sociedad brasileña estaba agotada, harta, cansada, frustrada y con niveles de violencia muy altos. Entendió, para mi gusto de forma equivocada, que una variante autoritaria, de ultra derecha, podía garantizarle cosas que los partidos que habían participado de la democracia en los últimos 30 años no habían podido garantizarle”.

—Aparte de Whatsapp, ¿qué posibilidades brindan las otras plataformas? ¿Twitter y Facebook se quedaron atrás o todavía tienen algo para aportar?

—No, venimos de un par de años en los que había una red social que tomaba todo: Facebook. Instagram, Twitter, Snapchat en su momento, eran plataformas más pequeñas que circulaban alrededor de un universo Facebook que era la plataforma hegemónica. Eso empieza a diluirse pero el peso de Facebook sigue siendo significativo. De hecho en nuestros países sigue siendo la red que más se utiliza por mucha diferencia. Pero hay, en principio, quiebres generacionales importantes, hay una generación que ya no usa Facebook. Las redes empiezan a especificarse o tener participaciones mas fragmentadas en el uso. Hoy probablemente a la hora de pensar una estrategia de campaña ya no encontrás a todo el mundo en Facebook. Así, requerís distintas plataformas y a la vez distintos lenguajes, porque no todas las redes tienen las mismas formas de narrar ni los mismos lenguajes para llegar a la máxima cantidad de ciudadanos posibles, que es la estrategia de cualquier campaña. En Facebook hay un público más envejecido, en Instagram un público más joven o que recién se incorpora a la vida política. Y en Twitter tenés un peso importante de formadores de opiniones y formación de agenda. Twitter sigue siendo la red informativa por excelencia, de hecho es la red que los medios de comunicación más linkean, más citan. Si bien es un público mucho más informado y vinculado a cuestiones políticas es una red en la cual la formación de opinión y la capacidad de generar agenda es mucho más marcada que en Instagram, por ejemplo.

—¿En Argentina, qué espacios políticos están aprovechando más las plataformas digitales? Si es que las están aprovechando.

—En campaña sin dudas Cambiemos fue pionero en pensar una estrategia integral de uso de medios sociales, incluso integrada a la estrategia de campaña general. Con el tiempo esto va generando que otros espacios políticos intenten acercarse al uso que hizo Cambiemos. Lo vimos durante la campaña 2017, donde ya hubo varios espacios políticos que pensaron lo digital como parte fundamental de una estrategia de comunicación política. Hoy por hoy, sin estar en etapa electoral, diría que la comunicación de gobierno a diferencia de la comunicación electoral tiene muchas más debilidades y están mucho peor desarrolladas. Incluso creo que la comunicación de gobierno en medios digitales de Cambiemos no es ni de cerca lo buena que era la comunicación de campaña. Hay mucho por mejorar en términos de comunicación de gobierno en redes sociales.

—De los partidos que integran la oposición, ¿alguno avanza en este sentido?

—Hay que ver cómo se desarrolla la campaña. No hay nadie que se pueda dar el lujo de dejar lo digital pensándolo como un soporte más. Hoy lo digital es parte de la estrategia de campaña y sin dudas todos están pensando en cómo incorporarlo en sus estrategias de comunicación política. Hoy no veo a nadie destacando pero en el plano de la oposición al gobierno nacional o lo que no es el oficialismo están con otros problemas como para pensar en cómo resolver su estrategia de comunicación electoral de cara al 2019. Al menos hasta que se definan candidaturas o liderazgos, cuestiones más estructurales. Son los líderes y los candidatos quienes van a definir su estrategia digital, porque le imponen o imprimen una dinámica y una forma de interactuar con el mundo digital que es propia de cada uno.

—Al hablar de Brasil nombraste las noticias falsas, ¿qué incidencia tienen en Argentina? ¿De dónde vienen? ¿Cómo es su mecanismo de difusión?

—En términos de dónde vienen y cómo funcionan, creo que uno de los fenómenos o novedades alrededor del concepto de las noticias falsas, que se usa dese hace mucho más tiempo que la invención de internet o las redes sociales, es la capacidad de producir información muy barata y distribuirla muy rápido. Internet te permite generar noticias con un umbral de acceso económico muy bajo, cualquiera puede abrir un blog o abrir una página con recursos escasos y luego enviar muy rápido esa información a redes sociales. En relación a la efectividad de estas estrategias para mí es muy baja, sobre todo teniendo en cuenta cuáles son las formas de consumo de la información que en general están orientadas hacia lo extremos de los espacios políticos, hacia los más convencidos o fanáticos con lo cual no hacen más que reforzar opiniones preexistentes. Los indecisos son los menos expuestos a la información falsa y los que menos comparten, lo que daría la pista de que no definen su voto en base a esa información sino a un montón de variables que exceden la información falsa. En cambio la información falsa es compartida o interactuada por quienes tienen visiones más extremas dentro de los espacios políticos. Se vio eso en las elecciones de 2016 en Estados Unidos y es probable que haya pasado algo parecido en Brasil. El vínculo que tenemos con los consumos informativos es muy emocional y está comprobado que consumimos información para reafirmar la forma en que vemos el mundo y no para cambiar nuestra opinión. Esto indica cómo inciden las noticias falsas en un proceso electoral. Hay que relativizarlo y no correr como estamos haciendo hoy diciendo que la información falsa atenta contra la democracia.

“Cuando hablamos de información no decimos sólo signos, sino también estimulaciones nerviosas, efectos psíquicos”, planteó Bifo en sus exposiciones en Rosario. Alertó que la abundante cantidad de información que circula en las redes puede provocar pánico y por consiguiente depresión y apatía. Esto último es lo que puede llevar a los ciudadanos a que les de igual a quién votar, porque sienten que nada cambiaría mucho. Hay una renuncia al deseo, sostuvo, como problemática de nuestros tiempos.

¿Acaso ya no importa la información? “Más que la información, el componente racional de la información”, responde Galup. “Las redes sociales fomentan o aumentan recursos narrativos vinculados a lo emocional y es cierto que los humanos interactuamos mucho más con discursos emocionales, con lo cual reforzamos la lógica algorítmica de las redes de que nos sigan mostrando esos contenidos. Nos cuesta mucho más interactuar o procesar información racional, dura, pero no es que antes no era así. No es que venimos de un mundo en el que discutíamos razones y no pasiones. Lo que hacen las redes es reforzar varias de esas lógicas de consumos emocionales y de vínculos emocionales con la información”.

“La cantidad de información que circula y el volumen al que estamos expuestos tiende a hacer que la atención sea escasa. En términos de participación ciudadana es un problema porque hay cuestiones que requieren que prestemos atención como las decisiones que tomamos sobre nuestro futuro, nuestro proyecto de país: económico, político, cultural. Requiere prestar atención y los humanos somos avaros en esto”, explica.
Sobre las ilusiones y los desencantos con las posibilidades de libertad que se pensaron sobre las redes sociales, consideró que es un proceso que se da siempre que llega una nueva tecnología. Galup piensa que estamos lejos de haber llegado a mayor participación ciudadana gracias a las redes. “No creo que hayan aumentado para nada las experiencias democráticas a partir de su uso. Pero sí me parece que hay algunos indicios o movimientos que marcan que la presencia en las redes tiene un impacto en el debate público. Por ejemplo, el Ni una menos y Me too, el movimiento alrededor del feminismo. Las redes contribuyeron mucho al desarrollo de esa discusión. Sobre todo porque permitieron vincular solidaridades que muchas veces estaban reservadas al ámbito privado y que no tenían un espacio de encuentro y que a partir del contacto en redes sociales se permitieron juntarse, cohesionarse y convertirse en demanda”.

“¿Son las relaciones sociales las que determinan las tecnologías o son las tecnologías las que determinan las relaciones sociales? No hay una única respuesta”, deslizó Bifo en uno de los encuentros de los que participó. Parece que esta pregunta no pierde vigencia. Galup no cree que las nuevas tecnologías vengan a cambiar de forma radical “las formas en que las sociedades dirimen sus expectativas democráticas y su participación política”. Bifo puntualizó que no es una característica intrínseca a las tecnologías ser autoritarias sino que es el modo de producción capitalista su causante. Por su parte, Galup tiene expectativas moderadas sobre la incidencia en nuestras vidas: “Las redes se suman a un montón de formas que tienen las personas de intervenir en el debate público y la esfera pública, pero las jerarquías, el peso y las diferencias del valor de la palabra para entrar a la esfera pública siguen existiendo y las redes no modifican eso. Quienes tienen poder para hablar lo siguen teniendo y quienes no tienen poder para hablar no necesariamente lo tienen a partir de usar redes sociales”.

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