Edición Impresa, Espectáculos

De memoria

Historia viva al rescate de la época de oro del 2×4

Los experimentados integrantes de la orquesta Retorno de Tango cuentan su génesis y su actualidad.


No están todos, el ensayo se suspendió porque toca la Orquesta Sinfónica Provincial en el Teatro El Círculo y algunos de los músicos están ahí, aclaran. Pero la reunión se hace, no se pasa para otro día aunque a algunos se les noten las ganas de ir a ver a sus compañeros. Los que pudieron venir llegaron temprano a la casa de Raúl Nofri. Su mujer acostumbrada a los ensayos saluda amablemente y se va. No hay tiempo de prender el grabador o de presentarse, las historias salen a borbotones. Más de 60 años de orquestas, acompañamientos, viajes, instrumentos y noches tangueras, esa que cuentan y esa que se nota en los ojos y el silencio.

Nofri integra junto a Osvaldo Paponi, Domingo Porta, Pedro García, Rubén Varela, Oscar Gallucci, Francisco Plano, Roberto Cudny, Rubén Sánchez y Osvaldo Gandolfo la orquesta tradicional Retorno de Tango; una formación típica que interpreta en vivo composiciones de Osvaldo Pugliese, Aníbal Troilo, Homero Manzi y Domingo Federico, entre otros. Amantes del tango, musicalizadores de milongas donde lo importante es el baile, el encuentro, el abrazo, donde ellos son gestores, promotores y espectadores. “El maestro Federico no quería que bailemos. Que un músico le saque la dama a un bailarín, no, no se podía”, recuerda Nofri con los ojos brillantes.

Las pistas y los clubes

Los grandes salones, los hombres y las mujeres enfrentados, esperando salir a la pista, ellos a los cabezazos, ellas esperando o asintiendo tímidamente. Ellos arriba del escenario. “El tango es muy sensual. Es la unión de dos seres que no se conocen y se juntan  a bailar. Y terminan siendo uno bailando. Son cosas que nadie te puede sacar. Es espíritu puro”, describe Sánchez en medio de la extensa charla en la que uno a uno fueron contando sus historias, esas que comenzaron en los clubes rosarinos como el Onkel de zona sur, y en las orquestas típicas de barrio como la Típica Bristol. Los primeros acordes los tocaron allá por los años 50, cuando “el Sindicato de Músicos entregaba un carnet profesional para el que había que rendir”, recuerdan.

“Un día vino (Rodolfo) Biagi a Granadero Baigorria y lo fuimos a ver. Se bajó del escenario, nos damos la mano y nos dice: «ustedes son los que me imitan»; por las planillas de Sadaic se había dado cuenta que hacíamos su repertorio y nos pidió la dirección. Pensamos nos iba a mandar a matar”, recuerda entre risas Varela. “Pero nos mandó toda la instrumentación de la orquesta. Así que empezamos a tocar lo más moderno de Biagi: «Amor mío», «Andrajos», el vals «Lágrima y sonrisa»”.

Las carreras de todos son más que extensas. Músicos académicos, docentes y, muchos, dedicados a otras profesiones a lo largo de su vida. “Toqué con todas las orquestas”, dice Nofri. “Con domingo Federico, Omar Torres, Julián Chela. Mi carrera fue un poco particular porque gané el Gardel de oro con mi trío Tritango. Después en el 68 fui a  Cosquín con los hermanos Amadeo, también con Tritango”, recuerda, y luego vuelve al presente: “Esta orquesta grande la hemos formado todos los músicos que quedamos luchando por el tango, que está borrado lamentablemente. Por ese motivo se llama Retorno de tango”.

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De poesía y música

El repertorio de Retorno de Tango “está compuesto mayormente por tangos clásicos  que profundizan en la realidad social. Entre los tangos cantados tenemos por ejemplo «Canzonetta», «Yuyo Verde», «Barrio de tango» que son de grandes creadores y es en ese desarrollo de la narrativa que el tango muestra una concordancia entre poesía y música”, cuenta Varela y esboza una historia detrás: “Del tango «Yuyo verde» se cuenta una anécdota: La orquesta de (Miguel) Caló iba a tocar a un pueblito y viajan en colectivo. Toman una calle pero adelante una pareja camina tomada de la mano. Resulta que el colectivo no podía pasar, entonces le piden al chofer que no toque bocina a ver si se daban cuenta. Y siguieron como una cuadra con la pareja caminando. «Callejón, callejón, lejano, lejano, íbamos prendidos de la mano bajo un cielo de verano soñando en vano», de ahí salió ese tango”.

Días de Milonga

Entre los recuerdos aparecen aquellas épocas en las que el tango se tocaba en todas partes. “Era increíble la cantidad de orquestas de tango que había”, dice Nofri, y aclara: “Toda gente famosa que tocaba en la radio”. Es que en aquel momento los programas de radio tenían música en vivo. Eran ellos los que repasaban su repertorio ahí. La gente los conocía, eran famosos y el fin de semana convocaban a las milongas, los bailes de los clubes o los cabarets. “Había baile todos los fines de semana en todos los clubes”, aseguran.

La escena cambió mucho, pero ellos recrean las costumbres de esos tiempos. Incluso están acompañados por un presentador, un camino que inició Cacho Fontana con Domingo Federico. En Retorno de Tango el presentador es Osvaldo Gandolfo, cuya función es “pintar lo que se va a tocar”, según sus compañeros, mientras él con modestia y entre risas asegura: “Mientras hablo los músicos cambian las partituras”.

Tango vs. Rock

“Cuando el tango iba a evolucionar nos ametrallaron con lo antinacional. Los Beatles abrieron la brecha y después algunos muchachitos hicieron rock nacional. El rock nacional no existe porque el rock es extranjero. El tango es la mejor música del universo porque pinta vivencia del pueblo, de ese que se vuelve universal y cotidiano. Por eso gusta en China; por eso lo declararon patrimonio universal”, coinciden los viejos tangueros.

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