Edición Impresa, Policiales

veneno fernández, habitué de la crónica policial

Historia de un viejo cañero y su joven pupilo nicoleño

Antes de ser detenido por 8 golpes, Veneno y su compañero bonaerense habían protagonizado resonante robo en Alvear.


A los 56 años, Abel “Veneno” Fernández fue acusado formalmente como uno de los cabecillas de la banda que dio al menos 8 golpes –entre asaltos comercios y escruches a casa particulares– y se hizo con al menos dos millones de pesos. Veneno es considerado por los pesquisas como uno de los últimos ladrones de la vieja escuela donde había códigos, se usaba logística y las armas se gatillaban sólo cuando tenían que cubrir su escape de la Policía. Por esta causa, cayó también su compañero nicoleño 16 años menor.

En septiembre 2014, Veneno y José Luis Chieno, de 40 años y oriundo de San Nicolás, dieron el fallido golpe a un consultorio odontológico en Alvear. Hubo rehenes y un magro botín de cinco mil pesos para repartir entre cuatro. A Veneno y a Chieno los policías los agarraron en una obra en construcción. El viejo tenía una Glock calibre 40 y Chieno una 9 milímetros. Veneno dijo llamarse Pedro Raúl Navarro pero cuando pasaron sus huellas digitales se reveló su verdadera identidad.Veneno y Chieno fueron presos.

Hasta la detención del 5 de julio pasado, el nicoleño y pupilo del viejo cañero tuvo un perfil bajo. En esta última causa, anteayer, Chieno tuvo una audiencia por un recurso de habeas corpus debido a que desde que lo detuvieron estaba en una celda de resguardo –conocida como buzón de castigo– en la prisión de Piñero. Como lo sacaron unos días antes de la audiencia, el recurso fue rechazado. Sin embargo, aprovechó para pedir que lo trasladen de Piñero a la Unidad Penal 6, de Francia al 5200, porque su vida corre riesgo “por su condición de porteño”.

Clásico cañero

Veneno, un hombre moreno, canoso y de 1,80, estuvo poco tiempo preso por el asalto al consultorio odontológico de Alvear. Estaba en la cocina de la subcomisaría 26ª villagalvense con otro interno preparando un pollo con ensalada para sus cinco compañeros de celda. La habitación donde preparaban la cena queda en el fondo, cerca de la puerta del patio.

Eran cerca de las 23 del 8 de noviembre de 2014 cuando el custodio, que estaba de espaldas a la entrada del patio, sintió que le apoyaban un caño frío en el cuello. “Dame las llaves”, escuchó y pensó que era una broma. Esa idea fue efímera. El policía giró y quedó de frente a dos hombres vestidos de negro con gorras y cuellos que les tapaban las caras. Uno de los cocineros estaba acusado por un crimen y en ese momento quedó petrificado porque pensó que lo iban a buscar pero no para rescatarlo, sino para vengar al muerto. Veneno se adelantó, le sacó las llaves al custodio, abrió el candado y se fue con sus rescatistas. El trío trepó el portón y, junto con un cuarto que esperaba afuera, huyeron en dos motos mientras que el otro cocinero no aprovechó la oportunidad.

A este escape se le suma el pedido de captura que tenía en 2010 cuando no regresó de una salida transitoria. Veneno estaba acusado por el robo calificado a una metalúrgica de Suipacha al 3800 cometido en 2007. En ese momento, los investigadores dijeron que a Veneno y otro hombre sus cómplices “los dejaron a pata”.

Ese día, seis hombres armados entraron a la metalúrgica. Redujeron a los presentes, se hicieron con magros ocho mil pesos en efectivo y otros 60 mil en valores para luego escapar. Por alguna razón, Veneno y Hugo Sebastián Z. –entonces de 30 años y sindicado integrante de la Banda del Fal–, terminaron presos cuando caminaban armados a cuatro cuadras del lugar del golpe. Por ese tiempo hacía una década que los policías no sabían nada de Veneno: había estado preso en Buenos Aires penado por un robo.

En cada una de las caídas de Veneno, los investigadores recordaban que estuvo procesado como uno de los balseros boqueteros que dieron un célebre golpe el 6 de octubre de 1995. La banda navegó el Ludueña en una improvisada balsa, hizo durante varias semanas un boquete en la pared de la sucursal del Banco Provincia de Santa Fe de Génova y Alberdi, llegó por la madrugada al sótano y esperó a que llegaran los empleados. Con los trabajadores como rehenes, los ladrones redujeron a los custodios de un blindado frente a la cola de jubilados que aguardaban para cobrar sus haberes y huyeron en un Renault 12 con las sacas. El botín alcanzó los 515 mil pesos convertibles a dólares. Veneno cayó cinco meses después en Paso de los Libres, donde se quedó tras pasar por Brasil. “A Veneno lo llevó un comisario hasta Uruguayana, pero volvió y esa fue su perdición. En Paso de los Libres tenía un prostíbulo que lo dejó en la ruina: es que Veneno, por celos, no quería que sus chicas «trabajaran»“, dijo un allegado a la banda. Veneno fue procesado pero como la investigación, a cargo del comisario Francisco Gambacurta –quien se suicidó en 2007 tras atacar a tiros a su familia–, estuvo plagada de irregularidades, la Justicia absolvió a los imputados.

El OCASO DE DOS BANDAS

El 5 de julio pasado cayeron 15 integrantes de dos bandas acusados de dar al menos 8 golpes en lo que va del año en Rosario, Villa Gobernador Gálvez y San Nicolás. Con los asaltos a la distribuidora de galletitas Tyna, a Electricidad Centro y a Accesaniga se alzaron con casi 2 millones de pesos. Los demás fueron escruches a viviendas. Por el norte, el jefe fue sindicado como Hernán “Lichi” Romero, y para el sudoeste la Fiscalía atribuyó el liderazgo a un tal Chino y a Veneno. Los integrantes fueron imputados y quedaron detenidos en diferentes penales de la provincia.

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