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“Hay libertad para acompañar a las parejas homosexuales”

Por Laura Hintze. Tras el debate que abrió Ignacio Peries en la Iglesia Católica, El Ciudadano buscó otras experiencias de apertura religiosa. Frank de Nully Brown, obispo de la Iglesia Metodista, explica el cambio de posición desde la ley de matrimonio igualitario.


padre-dentroEl sacerdote Ignacio Peries encendió una mecha que aún no se apagó. El 25 de diciembre, en su tradicional programa navideño, se sentó con tres parejas homosexuales a dialogar sobre nuevas familias. Las repercusiones se tomaron un tiempo para llegar, pero lo hicieron. El cura todavía no dio entrevistas ni explicaciones, dejó que la discusión fluya. Y así sucede: la gente habla y se pregunta del tema. Este diario ya había planteado el interrogatorio de cuánto repercutirá y hasta dónde llegará el mensaje de inclusión a parejas homosexuales que dio el padre Ignacio para Navidad. La pregunta sigue abierta y el debate también. Cabe ver, entonces, cómo enriquecer el debate. Por eso El Ciudadano buscó experiencias religiosas diferentes, Iglesias que ya dieron el paso de abrirse, aceptar la homosexualidad y regirse bajo una única premisa: la palabra y el amor de dios.

Durante el debate por la aprobación de la ley de Matrimonio Igualitario, el pastor Frank de Nully Brown, obispo de la Iglesia Evangélica Metodista Argentina, tomó un camino compartido por unos pocos líderes religiosos: caminar todos juntos, los que respetan y los que están en contra del matrimonio igualitario. Para él, ese 2010 fue un momento bisagra: para su vida, la sociedad, la perspectiva de la religión respecto de la homosexualidad. Y no se arrepiente de la postura que tomaron él y su Iglesia, sino que la celebra y admite como un debate positivo para todo el país. El trabajo por la inclusión continúa, dentro de la Iglesia Metodista y de toda la comunidad evangélica y cristiana. “El desafío es la unidad en la diversidad, que es distinto a la unidad en la uniformidad. Muchas veces desde la perspectiva cristiana hemos querido lograr la uniformidad. Y si uno mira la creación, la manifestación del espíritu de dios es justamente la manifestación de lo diverso”, señaló el pastor.

—Durante el debate y posterior aprobación de la ley de Matrimonio Igualitario dentro de su Iglesia hubo importantes debates. ¿Cómo continúa la discusión ahora? 

—Sobre este punto no hay una coincidencia absoluta. Pero hemos decidido estar unidos en lo esencial, que es la fe en Jesús, el respeto al prójimo y la tolerancia. La Iglesia Evangélica Metodista dio, a nivel nacional, libertad para que cada congregación acompañe aquellos casos puntuales de estas parejas. Permitimos libertad de acción para poder bendecirlas. No hay que olvidar que la tradición protestante, y eso nos diferencia de la católica, no casa a nadie. Tampoco considera que lo haga dios. Entendemos que es el Estado, la ley, el que casa. El creyente viene a la Iglesia a pedir la bendición.

—¿El debate fue positivo en el interior de la Iglesia?

—Sí. Yo creo que dejó un saldo positivo en la sociedad. Nos abrió a ser más tolerantes con lo diferente. Muchas veces hay discusiones que ocurren en la sociedad y después el Estado asume su postura. En este caso el Estado tomó la delantera, lo cual obligó a instalar el debate. No fue el sector religioso el que lo impulsó.

—En ese momento, su Iglesia creó una Comisión de Familia y Sexualidad, ¿sigue funcionando?

—No. Se creó para trabajar este tema. En su momento había mucha tensión, porque lo que se esperaba era que la Iglesia Metodista sacara una resolución: que se permitiera o no. El camino que tomamos es el de la convivencia entre los que respetan y los que están en contra. Nuestra decisión fue caminar con todos. Seguramente tenemos más preguntas que respuestas, pero decidimos acompañar. Partimos de la idea de que como Iglesia estamos para proclamar la gracia y el amor de dios a las personas y no ser fiscales de fe, evaluar su fe. A mí no me corresponde evaluar la fe, no tengo termómetro para saber si la fe es legítima o no. Lo que sí tengo para compartir es fe, esperanza y gracia desde una visión cristiana

—¿Sufrieron algún tipo de represalia cuando tomaron esta decisión?

—Hubo algunas discusiones en algunos grupos. Pero en nuestro caso hubo más consenso del que esperábamos. Tiene que ver la tradición en el país, nuestro compromiso con los derechos humanos. Eso ayudó a abrir la perspectiva de la temática. Buscamos un Estado que legisle para todos. Para los metodistas y los que no.

—Ustedes tienen una importante consideración sobre el rol del Estado democrático en la sociedad, ¿le falta eso a otras Iglesias?

—Puede ser. Pero nosotros entendemos y entendimos que el Estado tiene libertad de elegir. Tiene que velar por todos más allá de mis convicciones. Nosotros no tenemos por qué incidir en esa decisión. Por eso dimos una orden muy clara de no adherirnos a ninguna marcha a favor ni en contra del tema. Era el Estado el que tenía que decidir, no teníamos que ser factor de presión

—¿Puede pensarse en los días de debate de la ley de Matrimonio Igualitario y su posterior aprobación como un momento bisagra?

—Sí, yo lo percibo así. En esos momentos escribí una carta interna a los pastores que tuvo una repercusión muy grande. A mí me conmovió la fuerte atención que tuvo de toda la sociedad. Se necesitaba alguien que dijera alguna palabra distinta, que no sea de condena o en contra.

—¿Y en estos años se acercaron parejas homosexuales y creyentes a la Iglesia en busca de un templo donde ser aceptados?

—Ha habido una o dos bendiciones que se han hecho pero de gente que estaba participando. Muchas veces la gente no lo ha hecho explícito. Aún hay que vencer muchas cosas. No hay que trabajar sólo la cuestión interna, sino cómo lo ve el resto del pueblo evangélico y cristiano, para no vivir marginado del resto de la sociedad de fe. En eso sí ha habido un proceso por parte de la sociedad. Hay mayor aceptación y este tema, que a las Iglesias evangélicas nos dividió, ahora se respeta la decisión de cada uno. Hay que entender que tuvimos que hacer un intenso proceso cultural. Siempre desde lo religioso se decían dos cosas: o que la persona homosexual está enferma o se lo condenaba espiritualmente. La Iglesia siempre dijo que la homosexualidad no está bien. Y de repente hubo una mirada distinta. Hubo que hacer un proceso interno. Yo observé que mucha gente no estaba convencida, a mí mismo me sucedió. Pero en el diálogo con los mismos grupos y organizaciones homosexuales los escuché y me di cuenta que no tenía tan sólidos argumentos para rechazarlos. El diálogo me ayudó mucho. Ellos se acercaron y yo crucé la barrera para charlar con ellos, no verlos como oscuros y pecaminosos, sino como seres humanos, con virtudes y defectos como nosotros.

—Uno de sus textos manifestaba que “la diversidad une”. ¿Por qué cree usted eso?

—Creo que la diversidad nos enriquece. El diálogo con lo diferente nos enriquece, nos ayuda a darnos desde otro lugar. El desafío es la unidad en la diversidad, que es distinto a la unidad en la uniformidad. Muchas veces desde la perspectiva cristiana hemos querido lograr la uniformidad. Y si uno mira la creación, la manifestación del espíritu de dios es justamente la manifestación de lo diverso.

—¿Qué es para usted la familia?

—Para mí la familia es el núcleo afectivo amoroso donde se desarrolla y crece el ser humano. Eso está por encima de una definición sanguínea y legal. Existe familia cuando hay un núcleo afectivo. Si no existe el amor como preeminencia entre las relaciones de las personas no hay núcleo familiar. El amor es base. El cristianismo, frente a esta crisis, tiene que volver a replantear el concepto familia, un concepto que no va solamente en la cuestión del matrimonio igualitario, sino también en divorcios, nuevas familias. Es un tema complejo que cuesta abordar, y que cuando abordamos vamos hacia la defensa de un concepto o modelo tradicional de mamá, papá, chicos, casa y auto. Hay otras realidades económicas y de vincularse. No descarto ese modelo pero la realidad es que no es el mayoritario en nuestra sociedad.

El programa de Navidad que enfureció al Arzobispado

La experiencia del pastor Frank de Nully Brown es un aporte más al debate con respecto a los cruces entre el Arzobispado de Rosario y el padre Ignacio Peries, respecto al programa navideño de éste último. El mediodía del 25 de diciembre se emitió, como es costumbre, el programa “Huellas de Navidad”, a cargo del cura de barrio Rucci. Esa emisión mostró, como nadie imaginaba, al religioso entrevistando a tres parejas homosexuales. El eje de la charla fue la familia y mostró una clara apertura de Peries frente a las historias que sus invitados contaban.

Las repercusiones no fueron inmediatas pero llegaron. El 9 de enero, el Arzobispado de Rosario emitió un comunicado sobre este programa. En el mismo se informó que el contenido de “Huellas de Navidad” no cuenta con el aval del Secretariado Arquidiocesano de la Familia ni del Arzobispado de Rosario. Destaca, además, que “ha llamado la atención que las parejas hayan recibido como respuesta del sacerdote comentarios y consideraciones que se apartan de la enseñanza de la Iglesia y la pastoral sobre la familia, fundada en el matrimonio, así como también de los fundamentos del derecho natural sobre paternidad y maternidad”.

El comunicado emitido por la Arquidiócesis y el programa del padre Ignacio se suman a una serie de acontecimientos importantes para la Iglesia católica local. Cabe recordar que Ignacio Peries estuvo reunido con el papa Francisco en el Vaticano, donde se sabe que hablaron de muchos temas, entre otros su futuro en Rosario y su tarea evangelizadora. A la vez coincidió con la polémica que se levantó en la Iglesia local al trascender que el propio papa Francisco envió a un obispo emérito a elaborar un informe sobre situaciones en cuanto a manejo institucional y económico en la órbita del Arzobispado de Rosario.

“Ignacio hizo lo que tiene que hacer cualquier cristiano”

La Iglesia Evangélica e Inclusiva abrió hace dos años en Rosario. Es la primera y única, al menos que este medio tuvo conocimiento, en la ciudad y ahora está a cargo de la pastora Laura Villagra, una de sus impulsoras. Cada viernes a las 20, Laura da misa en el bar Inizio, de Mitre y Pasco. Allí, las puertas están abiertas para todos y todas: homosexuales y heterosexuales que consideran que la fe no tiene fronteras, mucho menos de índole sexual.

Al momento, hay diez personas activas que se acercan a cada misa. La Iglesia tiene el apoyo del Área de Diversidad de la Municipalidad y de organizaciones de igualdad de género. Hace dos años que funciona y Laura admitió que no han recibido ninguna represalia, pero eso no implica que les sea fácil. “Hay leyes pero hay cuestiones culturales que cuesta cambiar. Todos los días tenemos que salir del clóset, dar explicaciones. Pero hay leyes. No estamos solos”, señaló la pastora. Villagra también señaló que apoya la actitud del padre Ignacio y el lugar que le dio a las “nuevas familias” en su programa.

“El padre Ignacio hizo lo que tendría que hacer cualquier cristiano: poder separar religión de fe. La religión son dogmas, son formas creadas por el hombre. La fe no tiene forma. Él actuó como cristiano, separó la fe cristiana. Ahora recibe represalias de los religiosos”.

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