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provincia ejemplo en ablación y trasplante

Hay 450 pacientes que esperan un donante de riñón en Santa Fe


El servicio de trasplante renal del hospital Centenario cumple 20 años. Fue el primer efector público de la provincia habilitado por el Incucai que realizó este tipo de prácticas. La primera intervención se hizo en agosto de 1997 y la receptora fue una paciente de Cañada de Gómez. El contexto ayuda: para que se puedan realizar estas intervenciones hacen falta donantes, y el mes pasado Santa Fe, junto a Córdoba, fue una de las jurisdicciones que más ablaciones de órganos realizó.

El jefe del servicio de trasplante renal del Centenario –sólo allí se realiza ese tipo de intervención–, Fabio Acosta, explicó a El Ciudadano que el 80 por ciento de las enfermedades renales son asintomáticas y son consecuencia de padecimientos sistémicos como la hipertensión, diabetes, sedentarismo, obesidad, tabaquismo y colesterol, entre otras.

Acosta especificó que la función de los riñones es fundamental para la desintoxicación y depuración del organismo: una es eliminar el agua del cuerpo y la otra, eliminar las sustancias tóxicas; lo que en algunos casos no sucede y son las que descompensan al paciente.

“En la provincia de Santa Fe hay 2.000 pacientes que se realizan diálisis, de los cuales 450 están en lista de espera para trasplante renal. No obstante, la cantidad de donantes no alcanza a satisfacer la demanda de la cantidad de pacientes”, aclaró Acosta.

El hospital Centenario es el principal centro de diálisis de la provincia por donde pasan 120 pacientes y se realizan cerca de 25 trasplantes de riñón anuales que en poco tiempo se irán incrementando, ya que construirán una nueva sala de terapia intensiva y dispondrán de más camas.

 

El trasplante no es para siempre

La vida media del riñón trasplantado no es toda la vida. El promedio de vida de un riñón de un donante cadavérico es de 8 a 10 años y el de un donante vivo, de entre 10 y 15.

“Después de haber cumplido esa etapa, el paciente puede volver a diálisis, hemodiálisis o diálisis peritoneal. En el caso de que el paciente haya recibido el órgano de un donante vivo, tendrá que volver a trasplantarse ya que se va desgastando y tiene que recomponer su estado físico y nutricional, hasta que esté en condiciones de trasplantarse nuevamente”, sostuvo el jefe de trasplante del hospital.

Y agregó: “Una vez que los pacientes son trasplantados, no es la panacea. Tienen que cumplir con los controles y especialmente tomar la medicación. El 30 por ciento de los órganos, a nivel mundial, se pierden porque los pacientes no la toman. La edad crítica es en la adolescencia, entre los 16 y 25 años. Se sienten bien y dejan de tomarla y el organismo comienza a formar anticuerpos contra ese riñón y lo va deteriorando. Entonces a los 35 años necesitan otro trasplante”.

 

No todos pueden donar

Hay dos tipos de trasplantes: el cadavérico –que generalmente son para los pacientes que están en lista de espera– y el donante vivo, cuando algún miembro de la familia decide donarlo (siempre y cuando sean compatibles). En el caso de que un amigo o allegado del paciente quiere donarlo, tiene que intervenir la Justicia. Entonces se realizan las pericias correspondientes y si hay factores económicos de por medio, entre otras cuestiones. Si lo autorizan, se continúa con los estudios pertinentes y se realiza el trasplante.

Cabe resaltar que a nivel nacional, los pacientes que están en lista de espera tardan un promedio de cinco a siete años en poder realizarlo.

Julia Arnoldi es médica y coordinadora hospitalaria en el equipo de procuración de órganos y es la encargada de realizar las entrevistas cuando hay un donante en el hospital.

Para ser donante de órganos es importante poder expresarlo. “Se recomienda hablar con la familia y que los allegados sepan la voluntad de esa persona. En el caso de que quiera asentarlo por escrito, se puede hacer cuando piden el DNI. Otra alternativa es firmar un acta de donación en el Centro Único de Donación, Ablación e Implante de Órganos (Cudaio). Las elecciones son otra oportunidad para manifestarlo”, recordó la especialista.

Arnoldi advirtió que no todas las personas que mueren pueden donar órganos, independientemente de las condiciones médicas, el tipo de muerte es muy importante.

En ese sentido, para donar órganos el paciente debe tener muerte encefálica, es decir, estar en una unidad intensiva y con diagnóstico certificado de muerte cerebral. Si una persona muere en la vía pública no necesariamente puede donar los órganos.

“La muerte encefálica se diagnostica con una serie de estudios. El paciente, artificialmente, sigue manteniéndose mediante un respirador y medicamentos: el corazón continúa latiendo por unas horas, entre 6 y 12. No más de 24. Esa es la ventana que tenemos para entrevistar a la familia y hacer la donación de órganos”, especificó la profesional.

Arnoldi precisó que no es fácil donar órganos: “Si el paciente está con fiebre o tiene algún tipo de infección, no puede donar. Por ejemplo, si una persona va caminando por la calle y muere de un paro cardíaco, sólo puede donar tejidos, córneas, válvulas cardíacas y huesos.

 

Cómo se realiza la diálisis

Es un proceso mediante el cual se extraen las toxinas que el riñón no elimina ya sea que no funcionen por una infección o por algún otro factor que no se haya determinado. Este proceso debe realizarse en un cuarto higiénico para evitar el riesgo de contraer alguna infección en la sangre durante el proceso.

Las diálisis dura cuatro horas y todo paciente con insuficiencia renal tienen que concurrir tres veces por semana, durante cuatro horas, para filtrar la sangre, sacar las toxinas, lo que equivaldría a tener un funcionamiento del riñón de casi un 30 por ciento.

Acosta subrayó que a medida que pasa el tiempo, se va desgastando el organismo, por eso es importante que el paciente realice el trasplante.

“Los años que vive el paciente, independientemente de la calidad de vida, son más cuando el paciente se trasplanta que cuando se realiza diálisis. Hay personas que mueren cuando se hacen diálisis. La principal causa es por complicaciones cardiovasculares, el que llega a diálisis es uno de diez, el resto muere en el camino”, detalló el jefe de trasplante del Centenario.

 

¿Cómo llega el órgano?

La ablación es el procedimiento quirúrgico mediante el cual se realiza la extracción de los órganos y tejidos del cuerpo del fallecido. Luego se prefunden en una solución especial para extraer la sangre y se coloca en una heladera de tergopol con hielo, envuelto en bolsas estériles. De allí se envía a los equipos de trasplante y se deja en la heladera del quirófano. También se puede enviar por avión a cualquier parte del país. El órgano a trasplantar llega, generalmente, cuando al paciente le están por realizar la cirugía.
“Son horas valiosas. Cuanto más tiempo pasa, más se perjudica el riñón y es difícil que comience a funcionar. Si no funciona hay que sostenerlo con diálisis hasta que marche nuevamente”, explicó Acosta.

 

Hay equipo

La cirugía de trasplante de riñón dura unas cuatro horas e intervienen: un anestesista, un cirujano cardiovascular, un urológo, un nefrólogo y enfermeros, entre otros actores. El jefe de trasplantes es Fabio Acosta y el subjefe, Lelio Zeno.

La estadía media de internación es 10 días y las primeras 48 horas son las más críticas porque el paciente puede rechazar el órgano o tener complicaciones. “Al paciente lo medicamos para evitar el rechazo agudo del órgano, es decir, tenemos que manejar el sistema inmune para bajar la defensa del paciente y evitar que rechace el riñón”, explicó Acosta.

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