Ciudad, Edición Impresa

No quieren pagar

“Hasta sentí culpa por haberme enfermado”

Obra social sindical se niega a reconocer el 100 % de medicamentos complementarios. La odisea de Lisandro Botega, un joven que fue trasplantado dos veces del riñón.


Cuando tenía diez meses a Lisandro Botega le diagnosticaron síndrome urémico hemolítico. Su enfermedad avanzó de tal forma que tuvo que ser trasplantado no una sino dos veces del riñón en menos de una década, además de someterse a diálisis semanales desde que era un adolescente. En la primera operación contrajo Hepatitis C debido a una transfusión pero pudo curarse. Actualmente tiene 33 años y un trabajo estable, está casado y es padre de un nene de siete y una pequeña de dos. Pese a que el joven hace una vida normal, su afección le dejó secuelas como hipertensión, mal funcionamiento glandular y anemia, entre otras, por lo que necesita tomar medicamentos que la Obra Social de Viajantes Vendedores de la República Argentina (Andar) se negó a autorizarle por un año hasta que, recientemente y a través de un recurso de amparo, la Justicia Federal obligó a que el afiliado reciba sus remedios.

Sin embargo, la medida dispuesta por el Juzgado Federal Nº 1, que fue acatada por la obra social sindical, es de carácter provisorio. “Lo que queremos es llegar hasta las últimas instancias hasta que haya una sentencia firme para estar tranquilos de que él va a recibir la medicación que necesita”, aseguró Virginia Macías, esposa de Lisandro.

Una verdadera odisea

En marzo de 2002, con 17 años, Botega se sometió al primer trasplante en un centro de salud de Buenos Aires. Su madre le había donado el riñón pero su organismo lo rechazó y tuvo que continuar con el proceso de diálisis hasta que más tarde recibió otro órgano, esta vez de su papá, que en un principio no funcionaba de acuerdo a lo esperado pero finalmente, tras la intervención de los médicos del hospital Centenario, lo asimiló correctamente.

Durante los largos años en que Botega se sometió a diálisis poseía certificado de discapacidad, por lo que nunca había tenido problemas con Andar pero, según contó a El Ciudadano, “al recibir el riñón y de acuerdo a lo que dispone una nueva ley, dejé de ser discapacitado para pasar a ser un trasplantado y entonces la obra social se tomó de eso y me dejó de cubrir los medicamentos complementarios, que son los que no están directamente relacionados con el trasplante”.

En este sentido, Botega explicó que debe tomar dos tipos de remedios, por un lado los inmunodepresores, imprescindibles para que el sistema inmunológico no rechace el órgano, los cuales la obra social le cubre el ciento por ciento. No obstante, por otra parte necesita también de “medicamentos complementarios” para controlar la hipertensión, el funcionamiento de la glándula suprarrenal y otras fallas producto de sus constantes sometimientos a diálisis, al proceso de cura de la Hepatitis C y los trasplantes –entre ellos corticoides, hierro y diversas drogas eventualmente recetadas por sus médicos. Justamente, éstos últimos son los que Andar se negó a reconocer en su totalidad durante un año hasta que presentó antes de la feria judicial un recurso de amparo en los Tribunales Federales de Rosario.

Sin embargo, la obra social apeló el fallo provisorio por lo que la odisea del joven no termina. Es por eso que Botega gestionó un certificado de persona trasplantada para poder acceder a la medicación que necesita.

Cabe remarcar que de acuerdo a lo que establece la ley 26.928 –puesta en vigencia en noviembre de 2015 mediante el decreto 2226– y que creó el “Sistema de protección integral para personas trasplantadas”, “las obras sociales deben brindar la cobertura del ciento por ciento en la provisión de medicamentos, estudios diagnósticos y prácticas de atención de su estado de salud de todas aquellas patologías que estén directa o indirectamente relacionadas con el trasplante”.

La vida sigue

Botega relató el calvario que sufre cada vez que tiene que hacer un trámite en la obra social. Pese a todo lo que le tocó vivir, aseguró que se siente una persona afortunada, especialmente por sus dos hijos, su trabajo, su casa y su familia que nunca lo abandonó. “Fundamentalmente le agradezco a ella –dijo el joven refiriéndose a su mujer– que es una guerrera”. Así las cosas, el matrimonio espera que la Justicia defina las obligaciones que le competen a la obra social en base a lo que establece la ley.

Cada detalle que brindaron sobre las tramitaciones que realizaron para que le reconozcan el monto total de los medicamentos habla de mañanas y tardes enteras perdidas en las oficinas de la Superintendencia de Salud, de consultas en la Defensoría, de visitas a los Tribunales Federales y de  negativas por parte de la obra social.

“Hubo muchas veces que hasta me sentí culpable por haberme enfermado”, confesó Botega.

Para firmar la petición y que Lisandro pueda recibir sus medicamentos, ingresar a:

https://www.change.org/p/andarobrasocial-lisandro-necesita-sus-medicamentos-para-vivir

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