Coronavirus

Guerra de vacunas y ciberataques globales: cuando la realidad supera a la ficción

Los pañuelos blancos, símbolos de resistencia ante los atropellos del poder, resultan congruentes con injusticias actuales, cuando la “guerra de vacunas" librada a nivel mundial amenaza con dejar sin dosis a los países más vulnerables


Elisa Bearzotti

Especial para El Ciudadano

 

En todo el territorio nacional este miércoles se recuerda un nuevo aniversario del último golpe militar perpetrado contra un gobierno constitucional el 24 de marzo de 1976. Para quienes éramos muy jóvenes en aquel entonces, la fecha resume el espanto de una adolescencia vivida entre el terror y el acoso perpetuo de las fuerzas de seguridad, difusoras de teorías conspirativas que adornaron nuestra inocencia con ribetes paranoicos. La brutalidad de las acciones cometidas aún resuena en el inconsciente colectivo, y su constante recordatorio es un estímulo para que nadie quiera volver a pisar los caminos del pasado. “Memoria, verdad, justicia” es un lema que trasciende los hechos históricos de los 70 para transformarse en un grito contra cualquier tipo de injusticia, y los pañuelos blancos son símbolos de resistencia ante los atropellos del poder.

El reconocimiento del rol desempeñado por las “Madres” resulta congruente con el reciente develamiento de otro tipo de injusticias, esta vez a nivel planetario. En estos días, casi todos los medios destacaron el descubrimiento en Italia de 29 millones de dosis de la vacuna de AstraZeneca escondidas en un depósito y listas para ser enviadas al Reino Unido, poniendo en evidencia un nuevo episodio de la “guerra de vacunas” que se libra en todo el mundo. Esa cantidad podría marcar la diferencia a ambos lados del Canal de la Mancha: para la Unión Europea se trata de un suministro equivalente al doble de las dosis enviadas hasta ahora por la empresa anglo-sueca (16,6 millones); para los británicos resultan imprescindibles para garantizar una segunda dosis a casi quince millones de ciudadanos. De lo contrario, la continuidad del plan de inmunización podría resentirse.

La realidad europea es sólo un dato más en el escenario global, donde se desarrolla una feroz batalla en busca de la provisión de vacunas, en un momento en que la capacidad de producción global sólo cubrirá las necesidades de la mitad de la población de todo el planeta para 2022. Además, sólo los países desarrollados y algunos en proceso de desarrollo tienen acceso a ellas, los cuales han comprado de antemano gran parte de esta producción, ya de por sí escasa.

La guerra de vacunas ha empezado a generar un abismo entre los países productores de vacunas y aquellos que no lo son, entre quienes cuentan con los recursos suficientes como para cubrir las necesidades sanitarias de toda su población y los que carecen de ellos, entre los países capaces de influir sobre las multinacionales y los incapaces, entre aquellos capaces de mover los hilos de sus lazos geopolíticos y los incapaces. En este sentido, los países en desarrollo que no cuentan con la capacidad de producir vacunas se ven obligados a esperar ayuda de las organizaciones humanitarias internacionales a través del Fondo de Acceso Global para Vacunas Covid-19 (Covax) de la Organización Mundial de la Salud, un mecanismo que, por motivos geopolíticos, está actuando muy lentamente.

En un principio, la Unión Europea calculaba que en poco tiempo el mercado se llenaría de vacunas comerciales y que no habría problemas de oferta. Esto hizo que la lenta burocracia del bloque se demorara a la hora de firmar acuerdos con los laboratorios, esperando hasta noviembre para hacer su primer pedido de 300 millones de dosis. Sin embargo, al poco tiempo estalló la “guerra” entre la Unión Europea y Reino Unido. El detonador fue la farmacéutica británico-sueca AstraZeneca, que anunció que sólo sería capaz de suministrar una cuarta parte de las 100 millones de dosis iniciales y además, debido a secretos acuerdos, se estarían entregando al Reino Unido.

Claro que en las guerras actuales, el principal rol lo cumplen los medios informáticos. Por eso, los servicios de inteligencia y las empresas de ciberseguridad vienen librando desde principios de 2020 una lucha sin cuartel contra las organizaciones cibercriminales interesadas en obtener información sensible sobre la vacuna contra el covid-19, sabotear su desarrollo o distribución, extorsionar a quienes la producen, robar datos sanitarios sobre la ciudadanía o estafar a la gente. La gestión de la pandemia se encuentra dentro de lo que se considera la seguridad nacional de los Estados. “La vacuna, o la desarrollas, o la compras, o la robas. Y por el contrario: si ya la ha desarrollado tu adversario antes que tú, o le pones trampas o se la intentas robar”, señala Andrea Rodríguez, investigadora en tecnologías emergentes del Centro de Asuntos Internacionales de Barcelona, en una reciente entrevista con el diario El País. “Eso es lo que ha pasado en Europa desde la primavera del año pasado, donde se han sucedido ciberataques a farmacéuticas, a supercomputadoras que trabajaban en ello y a las cadenas de suministro”, agregó la experta.

Mientras tanto, en nuestro país, la ministra de Salud de la Nación, Carla Vizzotti, Indicó que se está fortaleciendo la campaña de vacunación en las 24 jurisdicciones, mientras se redoblan las acciones para retrasar lo más posible el avance del virus. En recientes declaraciones, la funcionaria aseguró que se busca vacunar a la mayor cantidad de habitantes antes de la llegada de los primeros fríos. “Estamos en situación de alerta desde hace semanas, no sólo por los números de Argentina sino también por la situación global”, admitió, y reconoció que “el objetivo es vacunar a 5 millones de personas en los próximos 30 o 45 días”. Vizzotti aclaró: “Se van a dar dos dosis pero se va a diferir la segunda para vacunar a más personas, lo cual disminuirá los casos fatales. Esto se definirá junto al resto de las provincias y la Nación”.

Luego de este repaso por el escenario mundial resulta evidente que las guerras tribales no son cosa del pasado. Pareciera que la evolución de la especie aún no logró alcanzar la madurez necesaria como para desarrollar herramientas de construcción y desarrollo colectivos. Si bien no cesan los intentos, resultan vanos e improcedentes frente al poderío y las artimañas de los más fuertes, que desoyen el sentido común que debería conducir al bienestar global, y siguen defendiendo intereses individuales. Como si las fronteras fueran impermeables… como si el virus no se muriera de risa ante la magnitud de la estupidez humana.

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