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Gerardo Martino, campeón con Atlanta

Martino lo hizo otra vez. En dos años logró enamorar a un fútbol en expansión, poderoso desde lo económico, pero muy difícil de seducir desde el juego. Su nombre quedará en la historia de la MLS. Y ahora irá en busca de otros desafíos


A fines de 2016, Atlanta United, equipo de expansión de la MLS de Estados Unidos, puso su mirada en Gerardo Martino. El millonario Arthur Blank, también dueño de Atlanta Falcons de la NFL, puso como gerente al británico Darren Eales, quien no dudó en el Tata como el hombre ideal para encabezar un proyecto ambicioso, que no tenía el resultado deportivo como prioridad.

Martino aceptó y en dos años hizo un milagro. El domingo, ante más de 73 mil personas, Atlanta se consagró campeón de la Liga al derrotar 2-0 a Portland, con un gol del Franco Escobar, uno de los refuerzos argentinos que Martino llevó a Georgia para en menos de dos años transformar una franquicia novata en un equipo campeón y lleno de récords y reconocimientos.

Cuando llegó el Tata el plantel contaba sólo con 8 futbolistas, entre ellos el argentino Héctor Villalba. Tuvo que ir al draft a buscar algunos jugadores locales para su estilo de juego, y se nutrió de latinos, como el paraguayo Miguel Almirón, el venezolano Josef Martínez, el chileno Carlos Carmona, y los argentinos González Piris y Yamil Asad.

Martino rearmó su cuerpo técnico con gente de confianza. Jorge Theiler fue su ayudante de campo, que además le permitió sobrellevar la vida en Estados Unidos con un amigo. El profe Rodolfo Paladini y Damián Silvero en videos se sumaron para lo físico y lo táctico. Y el argentino Darío Sala, quien había sido manager en Jacksonville y tenía mucho conocimiento de la MLS y su logística fue el complemento perfecto.

La primera temporada fue un éxito. El equipo clasificó a los play offs (inédito para una franquicia de expansión) y quedó eliminado por Columbus.

Pero lo más sorpresivo fue el feeling inmediato que tuvo con los hinchas. No sólo con los latinos, que enseguida se vieron imantados por la figura de Martino y su fútbol vistoso y efectivo, sino además por los estadounidenses, que transformaron el Mercedes Stadium en una fiesta cada fin de semana.

Esa primera temporada el equipo tuvo una ganancia de 47 millones de dólares. Y una concurrencia promedio como local de más de 50 mil personas, con dos récords por encima de las 72 mil.

No era suficiente, al menos para Martino. Y esta temporada fue por más. Llevó al rosarino de Newell’s Franco Escobar, y a dos juveniles prometedores: Ezequiel Barco y Eric Remedi.

Y lo logró. Atlanta fue el campeón tras ganar la Conferencia Este en la final a New York Red Bull, y vencer en la final a Portland Timbers.

Fue el equipo más goleador de la temporada regular con 48 tantos. Tuvo el goleador y MVP de la temporada, el venezolano Josef Martínez. Martino fue elegido como el mejor entrenador de la MLS y además dirigió al equipo de las estrellas en el partido ante Juventus.

Atlanta United logró lo impensado, que una franquicia en su segunda temporada logre el título. Pero más allá del logro deportivo hay un intangible que es aún más importante. El equipo se metió en la piel de los hinchas. En redes sociales se apreció como se organizaban para ver el partido, o casamientos con la camiseta rojinegra con dorado, y ni hablar de la locura en los partidos de local.

Atlanta se convirtió en la franquicia de MLS más valorada. Según la revista Forbes su valuación es de 330 millones de dólares, superando a LA Galaxy, con Zlatan Ibraimovic en sus filas. Y eso no incluye al Mercedes Benz Stadium, cotizado en el mercado en 1.600 millones de dólares.

“Acorde con su reputación, (Martino) ha sido un líder increíble y nos ha colocado en una situación de grandes éxitos de aquí en adelante”, señaló el presidente del equipo Darren Eales al anunciar la decisión del Tata de marcharse tras el final de temporada.

“Tata se marchará dejándonos maravillosos recuerdos de nuestros primeros años y siempre tendrá un lugar especial en nuestros libros de historia”, añadió.

La gente ya le había rendido un rato antes su homenaje, con una gigantografía que se vio en el estadio con la imagen de Martino y su “cábala”, un pullover colgado en el cuello. “No todos los héroes llevan capa, el nuestro sí”, rezaba el trapo.

No todo queda ahí. En un país tan afecto a las estadísticas en los deportes profesionales, el impacto de Atlanta United en una ciudad donde hay franquicias con más historia en otros deportes como los Braves (beisbol), Falcons (NFL) O Hawks (NBA), causa sensación y generó que Dan Garber, comisionado de la MLS, dijera esta semana: “Creo que es una de las más grandes historias de un equipo de expansión en la historia del deporte profesional”.

“Llegaron futbolistas grandiosos. Tenemos absolutamente todo y solo tuvimos que preocuparnos de armar un equipo, jugar al fútbol y ganar partidos. Cuando la institución que te contrata prácticamente no te deja lugar para poner excusas, lo único que te queda es hacer lo mejor e intentar ganar y eso es lo que más orgulloso me pone”, declaró Martino, lejos de estridencias, como es habitual en su discurso, aún en medio de infinitos elogios.

Martino lo hizo otra vez. En dos años logró enamorar a un fútbol en expansión, poderoso desde lo económico, pero muy difícil de seducir desde el juego. Su nombre quedará en la historia de la MLS. Y ahora irá en busca de otros desafíos.

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