El Hincha

Literatura de la pelota

“Feng Shui”, un cuento de Miguel Bossio con eje en Alemania

El presente relato, especial para El Ciudadano, forma parte del libro de relatos "Puro chamuyo", de Miguel Bossio, historias con eje en el fútbol y en el Mundial Rusia 2018


Por Miguel Bossio

Del libro “Puro chamuyo”

(Especial para El Ciudadano)

“El fútbol es un deporte en el que juegan 11 contra 11 y en el que, al final, siempre gana Alemania”. ¿Verdadero o falso? Absolutamente verdadero, sobre todo en estos últimos tiempos en los que los alemanes no paran de ganar: Brasil 2014, Copa Confederaciones 2017… La frase inicial no la pronunció un panelista cualquiera: lleva la firma de Gary Lineker, estupendo delantero inglés que supo ser goleador de México 86. Por eso, antes de Rusia 2018, la FIFA decidió averiguar los secretos. Investigar. Chusmear. Como empresa multinacional que es, no sorprende que la Fédération Internationale de Football Association se preocupe más por el negocio que por el juego. Entre algo que dé plata y algo que deslumbre, bienvenido lo primero. Los dirigentes, aquietados ya los hechos de corrupción, por primera vez andan preocupados: no importa tanto lo futbolístico sino que pueda resultar aburrido que sean siempre los mismos los que le pongan el cuello a las medallas. Los alemanes.

Un detective israelí. Un entrenador italiano, ya retirado, viejo zorro del fútbol. Un buscavidas con profesión indefinida y pasaporte argentino. Estas tres personas fueron citadas en distintos días de una misma semana a la casa central de la FIFA, en Zúrich. Ingresaron por puertas laterales para evitar registros de sus visitas. Fueron recibidos por estrechos colaboradores del presidente Gianni Infantino. Se les encomendó una misión: descubrir el secreto alemán. Se convino una paga importante, en euros, obviamente en negro. Y se les hizo firmar una cláusula de confidencialidad. Cada uno sabía que había otros dos “investigadores” que estaban en la misma, pero ninguno tenía conocimiento de quiénes eran los otros. De ahí en más serían Samael V., Battista F. y Ramón M. Debían instalarse en Alemania durante dos meses, recorrer clubes y hablar con gente del fútbol. La excusa, la que ellos quisieran: hacer una nota, escribir un libro, guionar una película, o bien abrir una academia de fútbol en Tanzania. Daba lo mismo, lo importante era recolectar la mayor cantidad de datos para sacarles la ficha a los alemanes. “¿Por qué les sale todo tan bien?” era la pregunta que buscaba una respuesta.

Los expertos eran buenos y la FIFA tenía grandes expectativas depositadas en los tres. Volaron cada cual desde su país de origen y llegaron a Alemania en distintos días, entraron por aeropuertos diferentes y sin llevar nada que los identificara con la casa matriz del fútbol mundial. El detective israelí empezó por hackear los sistemas informáticos de la DFB, la Deutscher Fussball-Bund, la Federación Alemana de Fútbol. Se alojó en un hotel próximo a la federación, en Frankfurt, y desde ahí monitoreó todo. El tano Battista fue derecho a los bifes: movió contactos para entrevistarse con entrenadores, periodistas y hasta jugadores. Hizo base en Múnich, Berlín y Núremberg. Ramón, el argentino, se tomó unos días para adaptarse. Voló a Köln, Colonia, y se hizo amigo de Gerardo, el dueño del Café Sur, en Metzer Strasse 39. Fue un día, dos, tres… Su elección no era antojadiza: el lugar, además de servir buen café, suele ser el punto de encuentro de muchos alemanes para discutir de fútbol. De ahí, pensó Ramón, llegaría a gente interesante.

Samael V. descubrió que la DFB había contratado a una consultora belga, Double Pass, para que hiciera un trabajo de campo sobre cómo venían trabajando en Inferiores los clubes locales. También, hackeo mediante, llegó a la conclusión de que habían invertido 1.200 millones de euros para crear centros de formación a lo largo y ancho de todo el país con la intención de fortalecer una idea clara de juego: más fútbol y menos fuerza. Ahí, en esos centros, surgieron los Bastian Schweinsteiger, los Philipp Lahm y los Manuel Neuer. Battista charló con cuanto alemán del fútbol encontró. Principalmente, con los dos ex jugadores y entrenadores que tuvieron a cargo el desarrollo de mejorar el fútbol nacional. Se juntó con Dietrich Weise (ya pasó la barrera de los 80 años) y con Ulf Schott, que no llegó a los 50 pero es una referencia del actual momento alemán. Tanto el detective como el DT retirado fueron enviando reportes periódicos a Zúrich, donde se preguntaban qué sería de la vida del argentino: el tercer elemento no daba señales.

¿En qué andaba Ramón? Argentino como el dulce de leche, el hombre tenía un master de cafés inconducentes en todos los rincones del Conurbano bonaerense. A través del dueño del Café Sur y de los clientes alemanes apasionados por el fútbol, estaba al tanto de la consultora belga, del proyecto de Weise y Schott, del millón y pico de euros invertidos y sarasa sarasa. En una de las rondas de cerveza surgió el nombre de Gundula Schröder. ¿Quién? “Es especialista en Feng Shui, muy amiga de la mujer del presidente de la DFB. Va a todos los entrenamientos y viaja a todos lados con la selección”, le dijo un parroquiano. Casi se muere de un infarto cuando supo que la tal Gundula solía visitar el Café Sur algunas mañanas y que, gracias a Dios y a un gallego que se la había llevado a vivir un tiempo a Galicia, hablaba óptimo el español.

Ramón no tenía la más pálida idea de qué era el Feng Shui, pero el amigo Wikipedia lo desasnó enseguida: “Filosofía oriental milenaria, de origen taoísta, que tiene como objetivo buscar la armonía perfecta en cada ambiente, combinando los muebles, objetos y colores en función de sus cinco elementos primordiales: la Tierra, el Agua, la Madera, el Metal y el Fuego. Esta ocupación armónica del espacio logra una influencia positiva sobre las personas que lo ocupan”. El argentino mandó un primer mail a la FIFA, desde una cuenta trucha a otra casilla no oficial de Zúrich: “Tengo una pista importantísima. Chequéenme si Gundula Schröder habitualmente es parte de la delegación alemana”. Se pasó la noche entera leyendo sobre Feng Shui hasta descubrir, por ejemplo, que los muebles redondeados son más favorables que los terminados en punta.

A la mañana siguiente fue al bar, nada. A los dos días, nada. Al tercero, ya con la respuesta de la FIFA asegurando que la mujer era empleada de la DFB, se la encontró a Gundula en el Café Sur. Gerardo los presentó. Ramón le habló de lo que significaba el Feng Shui para él y no sólo desayunaron juntos: almorzaron y merendaron en la misma mesa. La charla sólo se interrumpió cuando uno se levantaba para ir al baño. Hubo cena en el departamento de ella, frente a Chlodwigplatz, esa misma noche. Ella se fue soltando a todo nivel: bajo aromas agradables de inciensos y velas aromáticas compradas en Asia, le contó sus mejores secretos profesionales. Le blanqueó cómo había conocido a la mujer del presidente de la DFB en Berlín, cómo la enganchó con la onda del Feng Shui y cómo la primera dama lo terminó arrastrando al dirigente para usar este antiguo sistema filosófico chino en la selección nacional.

A medida que subía la intensidad de los besos, bajaba la luz de los ambientes. Cuanto más champán en la copa de Gundula, menos ropa en el cuerpo de Ramón. La llevó alzada por el pasillo (sin obstáculos, para mantener las energías positivas) y la apoyó con dulzura sobre el sommier: “¿Sabías que el respaldar de la cama no debe dar nunca sobre una pared en la que, del otro lado, haya un baño? Muchas habitaciones de hotel están pésimamente distribuidas”. Él le tapó la boca con un besazo con aliento argentino y durante un rato largo se olvidaron del Feng Shui. Entre el primero y el segundo tiempo sexual, ella le completó lo referido a Die Mannschaft, la selección de Joachim Löw.

Entre el primero y el segundo tiempo sexual, ella le completó lo referido a la selección de Joachim Löw.

 

Primero, la mujer del máximo dirigente de la DFB le había abierto las puertas de su casa y le hizo redistribuir las habitaciones y cambiar la mitad de los muebles. Luego, el mismísimo presidente le confió que no veía buenas vibras en su selección. La contrató formalmente como empleada administrativa, aunque con la intención de que desembarcara con sus técnicas de Feng Shui en la concentración alemana. Al ver los buenos resultados, la cúpula dirigencial la incluyó en la delegación oficial para que acondicionara los hoteles y predios adonde iban a alojarse: viajó hasta con la Sub 23 que ganó la medalla de Plata en los Juegos Olímpicos de Río 2016. Ella hizo y deshizo como quiso. La concentración en Frankfurt acumulaba muebles viejos que no hacían más que impedir el flujo de energía positiva: a la basura. Mandó a poner más ventanas en vestuarios y salones de uso común para liberar las malas energías. Llenó de lirios el comedor porque, además de simbolizar la paz, eliminan las sustancias malas de la madera. Pintó el gimnasio y la sala de masajes con colores púrpura, violeta o azul, aunque nada tuvieran que ver con la bandera nacional: “Son colores que atraen la sabiduría y la prosperidad”, le confió a Ramón, que, pese a las cervezas consumidas, registraba cada detalle en su cabeza.

“En las habitaciones de los jugadores coloqué ángeles y prohibí los espejos que estaban frente a las camas. Quise sacar los televisores, pero casi me matan. Al final se los dejé, pero con la obligación de taparlos con mantas o toallas mientras duermen”, agregó Gundula, que no paraba de contar. Tiró unas peceras que tenían en el predio, clausuró una escalera caracol para subir a la sala donde Löw daba la charla técnica y dio la orden de que sacaran las macetas con plantas enfermas. Revisó uno por uno los tatuajes de los futbolistas y les hizo cubrir los que eran de animales que transmitían ira u odio (tigres, leones) o los de imágenes violentas como zombis o vampiros. Al principio, el cuerpo técnico y el plantel la odiaban, pero al ver que tenía la venia del presidente y que además los resultados acompañaban más que nunca, ya nadie la cuestionó. Es más, las mujeres de los futbolistas comenzaron a contratarla para armonizar sus casas.

Por lo que cuenta, Gundula labura mucho y en serio. Limpia periódicamente las malas vibras poniendo sal en los marcos de las puertas del predio donde se concentra la selección. Asegura que disminuyó notablemente la cantidad de lesionados y Löw, entrenador de mocos sacar, anda feliz de la vida. Revisa una vez por semana que las cabeceras de las camas estén siempre orientadas hacia el Norte. “Nunca tenés que poner una cama detrás de una puerta, Ramón. Eso no deja entrar las buenas energías. Y los pies, acordate, nunca apuntando hacia la puerta porque ésa es la posición de la muerte…”. Después le tiró un chiste que no le gustó nada al argentino: “Ustedes deben haber dormido así en Brasil 2014 porque en la final, otra vez, los volvimos a matar, ja”.

Löw revisa una vez por semana que las cabeceras de las camas estén siempre orientadas hacia el Norte.

 

A plena luz del día, el buscavidas criollo dejó el departamento y se tomó el Strassenbahn (tranvía) en Chlodwigplatz rumbo al hotel. Se fue pensando que tenía todo lo que precisaba. El secreto alemán estaba en esa mujer que le había hecho pasar una de las mejores noches de su vida y a la que volvió a ver varias veces mientras duró su estadía en Colonia, a orillas del Rin, el río más extenso de Alemania. Terminado su trabajo, viajó a Zúrich a llevar en persona el informe que ya había adelantado por mail.

—Su investigación fue la que más nos sorprendió. Los otros reportes no agregaron nada novedoso a lo que ya sabíamos de los alemanes. Pero lo suyo sí que nos aportó elementos para saber por qué Alemania es lo que es.

—Qué datitos les tiré, eh.

—Nunca nos hubiésemos imaginado lo del Feng Shui.

Un belga alcahuete de Infantino no le confirmó si esa data la usarían para contrarrestar el poderío alemán o simplemente era para estar al tanto. Ramón preguntó si necesitaban algún consejo para desregularle las buenas energías a los teutones, pero le contestaron que no hacía falta. Entre otras cosas, se le había ocurrido engatusarla a Gundula para que diera parte de enferma durante el Mundial. El plan para tentarla: una Luna de miel en Tailandia.

No hizo falta. Le pagaron lo convenido, billete sobre billete y sin papeles firmados, como suelen pagarse estos encargues extraoficiales muy habituales en la FIFA. Le recordaron la cláusula de confidencialidad y quedaron en que tal vez volverían a contactarlo más adelante. Antes de irse, miró a su interlocutor y le regaló un par de tips. “No tenga tanto metal en su oficina. El escritorio, yo le aconsejaría ponerlo contra la pared y no contra este ventanal. Y veo muchas fotos viejas… Eso es energía estancada: cámbielas por fotos actuales”. De yapa, le tiró una última sugerencia, la del estribo. “Dígale a Infantino que saque la foto de Havelange del hall de entrada”. Según el Feng Shui, explicó Ramón, no es conveniente para las energías positivas tener fotos de gente muerta.

“El fútbol es un deporte en el que juegan 11 contra 11 y en el que, al final, siempre gana Alemania”.

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