País

Llegó a los 90 años

Murió el genocida Luciano Benjamín Menéndez

Es el represor que más condenas a prisión perpetua –13– recibió por numerosos crímenes de lesa humanidad. Fue el referente del terrorismo de Estado en el Tercer Cuerpo de Ejército con asiento en Córdoba y en el centro clandestino de detención La Perla. Estaba internado por una afección de salud


El represor varias veces condenado Luciano Benjamín Menéndez, ex comandante del Tercer Cuerpo de Ejército con asiento en Córdoba, murió poco antes del mediodía de este martes a los 90 años.

Menéndez recibió un total de 13 condenas a prisión perpetua al comprobarse su responsabilidad en numerosos crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar. Es el militar argentino con más sentencias a perpetua en la historia argentina por delitos como desapariciones forzadas de personas, asesinatos, secuestros, torturas, violaciones y robo de bebés.

El ex jefe del Tercer Cuerpo desde septiembre de 1975 hasta septiembre de 1979 estaba internado desde el 7 de febrero en el hospital Militar de Córdoba, en estado delicado debido a una complicada afección hepática.

Menéndez dirigió las acciones represivas de las Fuerzas Armadas y de Seguridad en diez provincias durante las décadas del 60 y 70. Tuvo bajo su mando el destacamento de Inteligencia 141 General Iribarren, del que dependía el centro clandestino de detención La Perla, conocido como “la Esma cordobesa”, por donde se estima que pasaron 2.500 detenidos en procedimientos ilegales.

Llegó a ser, por un día, gobernador de facto de Córdoba. Estando detenido y procesado por varias causas, el ex presidente Carlos Menem lo favoreció en 1990 con un indulto a días de que comenzara el juicio en su contra. La Justicia declaró inconstitucionales esos privilegios en 2005 permitiendo la continuidad de las causas judiciales.

 

La primera perpetua

El 24 de julio de 2008, en la primera de las causas penales en su contra que llegó a juicio, el Tribunal Oral Federal Nº 1 de la ciudad de Córdoba lo condenó a prisión perpetua, en carácter de coautor mediato, por el secuestro, tortura y desaparición de cuatro militantes del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), hecho ocurrido en 1977 en el centro clandestino de detención La Perla. Le revocaron su prisión domiciliaria y ordenaron su traslado a una cárcel común dependiente del Servicio Penitenciario Provincial, con lo que se accedió a un histórico planteo de las querellas que representan a las víctimas.

Menéndez solía visitar La Perla y presenciaba fusilamientos al borde de las fosas comunes. Los testimonios de los pocos sobrevivientes de ese centro lo ubican además como presencia regular durante los interrogatorios bajo tortura.

Las otras condenas, los mismos crímenes de lesa humanidad

En agosto de 2008, la Justicia tucumana lo condenó junto a Antonio Domingo Bussi por la desaparición del ex senador provincial justicialista Guillermo Vargas Aignasse, hecho ocurrido el 24 de marzo de 1976.

La tercera condena la recibió a fines de 2009 en Córdoba por el secuestro, tortura y asesinato del comisario Ricardo Albareda, además de los secuestros, tormentos y lesiones graves en perjuicio de otros perseguidos políticos.

El 18 de mayo de 2010, un tribunal tucumano volvió a condenarlo por los padecimientos de 22 personas en el centro clandestino de detención que funcionó en la ex Jefatura de Policía.

El mismo año, en diciembre, la Justicia cordobesa lo condenó por la muerte de 31 presos políticos alojados en la Unidad Penitenciaria San Martín, de la ciudad de Córdoba, ocurridos en 1976 bajo el paraguas de la Ley de Fugas (fusilamientos enmascarados como represión de escapes de los lugares de detención). También, por el secuestro y torturas en contra de un civil y cinco miembros del entonces Departamento de Informaciones Policiales (D2).

El 23 de marzo de 2011, la Justicia tucumana lo condenó por “homicidios doblemente agravados y violación de domicilio” en la causa Romero Niklison, en la que se investigaron cinco asesinatos.

Ese mismo año, en Salta, fue encontrado culpable del asesinato de once presos políticos en esa provincia en la causa conocida como “Palomitas II”.

Tras la confirmación por parte de la Corte Suprema de Justicia de la condena a prisión perpetua que dictó en 2008 el Tribunal Oral Federal de Tucumán, Menéndez fue dado de baja del Ejército, lo cual implicó la pérdida de su rango en 2011.

En 2012, la justicia riojana falló contra Menéndez con la pena de prisión perpetua en cárcel común por los homicidios de los curas Carlos Murias y Gabriel Longueville, conocidos como los “Mártires de Chamical”.

En 2013, el ex jefe del Tercer Cuerpo de Ejército fue condenado otra vez por la justicia riojana a 20 años de prisión, por los delitos de privación ilegítima de la libertad y aplicación de tormentos, ocurridos en 1977 cuando un grupo de docentes y agricultores fueron detenidos y torturados por personal de Gendarmería.

A fines de 2013, la justicia tucumana lo condenó a 12 años de prisión por la privación ilegítima de la libertad de Rita Ariza de Toledo y de su yerno Jorge Ygel en noviembre de 1977

El 4 de julio de 2014, la Justicia de La Rioja lo condenó a prisión perpetua en cárcel común por el asesinato del obispo Enrique Angelelli, asesinado el 4 de agosto de 1976.

La última condena fue el 30 de marzo de 2016, cuando la justicia de San Luis dictó la prisión perpetua por 29 hechos de privación abusiva y agravada de la libertad, 29 hechos de tormentos con privación de la libertad y 11 homicidios calificados, en la llamada “Causa 2470”.

 

El sentido de una vida condensada en una foto

En 1984, un año después de que la Junta Militar de la dictadura le pasara el mando al gobierno del presidente Raúl Alfonsín, el fotógrafo Enrique Rosito consiguió una imagen histórica. Trabajaba en la agencia DyN, que cerró en noviembre pasado. Era la noche del 21 de agosto de 1984. El represor tenía en Capital una entrevista en el programa televisivo que conducía el también fallecido Bernardo Neustadt.

Rosito contó después que Menéndez se retiraba en un Ford Falcon, sentado en el asiento derecho de atrás, y precedido por un colectivo de la Policía. “En un momento pensé que el colectivo de la policía nos iba a tapar y lo iban a hacer salir por la derecha. Afuera lo esperaba un grupo de muchachos que le gritaban asesino y cobarde. Entonces, salté para el otro lado. Menéndez salió del auto y los encaró. Creí que era un revólver lo que sostenía en su mano. Estaba oscuro, tuve que utilizar el flash. El hijo y uno de los custodios lo agarran para que no pueda avanzar”, señaló el fotógrafo. “Que un militar salga de su casa armado con un cuchillo de paracaidistas, es una locura. Un tipo que hace eso, ya está”, reflexionó el trabajador de prensa en 2008, para una nota publicada en La Voz del Interior.

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