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Explotó un tercer reactor de Fukushima y crece el pánico

Hay serias amenazas de posibles fugas radiactivas en Japón, y aumenta la preocupación internacional.

Una nueva explosión, la tercera desde el terremoto del viernes pasado, se produjo ayer en la central nuclear japonesa de Fukushima I, esta vez en el reactor número 2. La radiación es unas 10 mil veces superior a lo normal tras el nuevo accidente y crece el riesgo de un desastre radiactivo de grandes proporciones.

El estallido se produjo a las seis de la mañana locales (las 18 en Argentina) y al parecer afectó la piscina de condensación destinada a enfriar el reactor y controlar las condiciones en el interior del recinto.

El gran temor es que la última explosión haya dañado la contención del reactor 2, que es el muro estanco que separa al núcleo del exterior, y de su consistencia depende que Fukushima no sea Chernobyl porque una fisura en él abriría las puertas a una fuga radiactiva.

Se constató que el nivel del agua subió más de un metro en el reactor. El portavoz del gobierno, Yukio Edano, informó “posibles daños en la piscina de condensación”, en la parte inferior de la caja. “Sin embargo no hemos constatado un aumento repentino de la radiactividad”, añadió.

Lo cierto es que sucedió lo que se temía desde la segunda explosión, la del reactor número 3, que tuvo lugar a las 11 de la mañana del lunes en Japón (las 23 de anteayer de la Argentina), luego de una réplica sísmica de 6,2 en la escala de Ritcher, provocadas por la acumulación de hidrógeno y en donde hubo 11 heridos.

Un primer estallido similar sucedió el sábado pasado en el reactor número 1 que le costó la vida a un técnico e hirió a once.

El gobierno japonés intentó llevar tranquilidad y aseguró que no hay fugas radiactivas importantes pero se empiezan a escuchar otras opiniones especializadas, más preocupantes.

La Tokyo Electric Power (Tepco), operadora de la central de Fukushima, ubicada 250 kilómetros al nordeste de Tokio, ya había admitido la posibilidad de que el combustible del reactor 2 entre en fusión a causa de una avería en el circuito de enfriamiento.

Por su lado, el gobierno japonés había minimizado en cambio la posibilidad de que una explosión importante se produjera en ese reactor. 

Calificaron al segundo estallido igual que al primero: como de nivel 4 (accidente con consecuencias de alcance local) en la Escala Internacional de Sucesos Nucleares (Ines), pero como medida preventiva repartieron 200.000 dosis de yodo a evacuados de la zona.

Las cápsulas de yodo ayudan a saturar la tiroides y evitan así que esa glándula absorba yodo contaminado de radiactividad si se produce un escape de ese elemento en la planta nuclear. El cáncer de tiroides fue una de las patologías más comunes entre las personas que se vieron expuestas a la radiación tras el accidente de Chernobyl, en Ucrania, en 1986.

Además, el director del Agencia Internacional de Energía Atómica (Aiea), el japonés Yukiya Amano, indicó que Japón pidió a la agencia de la ONU el envío de una comisión de expertos.

A la vez, la Comisión de Regulación Nuclear de EE.UU. envió a dos expertos en reactores nucleares de agua en ebullición y dijo que prestará la ayuda técnica necesaria tras recibir una petición de las autoridades japonesas.

Según informó la Agencia japonesa de Seguridad Nuclear e Industrial (Nisa) en un informe remitido a la Aiea, la estructura que contiene el reactor 3 “está intacta”, lo que descartaría teóricamente una fusión del núcleo del reactor.

La Aiea señalaba, antes de la última explosión, que se estaba inyectando agua de mar en el reactor 2, una medida similar a la que se adoptó ya en los reactores 1 y 3 para tratar de bajar la temperatura y evitar una fusión en el núcleo.

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