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“Este dolor es inexplicable”

Por Ana Laura Piccolo.- Así lo manifestaron los familiares de Andrés Fumero, un joven de 19 años que fue asesinado cuando varias personas a bordo de un auto abrieron fuego contra el grupo con el que se encontraba.


Las primeras horas de septiembre cambiaron para siempre el destino de una familia de zona sur cuando el menor de tres hermanos, de 19 años, fue asesinado sin motivo aparente, o peor aún, por quedar en el blanco de un demencial ataque a tiros lanzado desde un auto en movimiento que seguía a los ocupantes de una moto. Andrés Fumero estaba junto a otros 15 pibes del barrio en la esquina de España y Gutiérrez, por donde detuvieron la marcha dos motociclistas para luego seguir viaje. Tanto los amigos que lo acompañaban como sus familiares coincidieron en que era el único que no consumía drogas ni alcohol y acaso fue su lucidez la que lo dejó perplejo cuando desde la ventanilla de un Fiat Uno vaciaron el cargador de una 9 milímetros. Todo indica que Andrés, alto y robusto, se tapó la cabeza con los brazos mientras los demás corrieron despavoridos. Un plomo le entró por la axila y le perforó el pecho. Cuando sus padres llegaron al lugar ya estaba muerto. La madrugada del 1º de septiembre fue inexplicable para su familia, que está desconsolada. “Nosotros no vamos a hacer nada porque de esto se va a encargar Dios y la Justicia. Pero no queremos que este dolor, que es inexplicable, lo sufra otra familia, porque es horrible. Lo extrañamos horrores”, dijo su mamá Susana, de 54 años.

El crimen se esclareció rápido. Primero cayó un menor apodado Culu, acusado de ser el autor de los disparos, pero recuperó la libertad dos días después por falta de pruebas. Sin embargo, otras tres detenciones posteriores complicaron su situación y ahora se encuentra prófugo de la Justicia por el homicidio de Fumero y por dispararle en la cabeza a otro chico de 20 años un mes después.

El 11 de octubre pasado la Policía encontró el Fiat Uno con vidrios polarizados en un estacionamiento de República Armenia al 1500 y pocas horas después concretó la detención de dos sospechosos. Juan L., de 31 y dueño del auto, y Nicolás L., de 18. Ambos reconocieron ante los uniformados haber estado dentro del vehículo del que salieron los disparos, pero acusaron al Culu de ser el autor de la balacera. Al día siguiente, una numerosa movilización llegó a la seccional 15ª para pedir que se esclareciera el crimen. Horas más tarde, otro allanamiento en busca del menor concluyó con la detención de un tercer muchacho de 18 años, identificado como Mauricio I., y el secuestro de tres armas de fuego, aunque ninguna vinculada a la causa. El trío quedó imputado en el homicidio como partícipes necesarios, mientras continúa la intensa búsqueda de Culu, que ya lleva unos 20 allanamientos. La pesquisa está a cargo del juez de Instrucción Luis María Caterina y el juzgado de Menores Nº 4.

“Nuestro protector”

Andrés era un chico “de su casa” al que movilizaban dos pasiones. Central, el equipo que acompañaba en cada partido y No Te Va Gustar, la banda uruguaya de sus amores. Pero además tenía una suerte de obsesión con su familia –sus padres Susana y Raúl, de 54 años, y sus hermanas Melina e Ivana, de 23 y 24– a los que seguía a todas partes y cuyas tardanzas en llegar a la casa le causaban una angustia incontrolable.

“Era el protector de todos. Te voy a contar algo que te pone la piel de gallina. Hace un par de años Andrés estuvo tratado por fobia. Porque si vos le decías vuelvo a las seis y llegabas 15 minutos más tarde empezaba a llorar y a preocuparse. Cuando nos acordamos de eso nos parte el alma. Porque él no vivía su vida por estar pendiente de la nuestra. Tenía terror a que nos pase algo. Era algo así como nuestra custodia. El 1º de octubre se cumplió un mes de su muerte. Fuimos a averiguar para hacer una misa en nuestra iglesia de toda la vida y nos dijeron que los lunes no se podía, así que decidimos hacerlo el martes. Todos nos decían que un martes no iba a ir nadie. La cosa es que la misa se llenó y cuando empezó yo no entendía por qué hablaban de ángeles. Nunca escuché una misa que empiece hablando de ángeles. Y ahí nos enteramos que el 2 de octubre es el día del ángel custodio. Y Andrés era nuestro protector”, contó una de las hermanas del joven y agregó: “Con los amigos era igual, como él no tomaba, si alguna vez alguno estaba borracho o una chica tenía que volver caminando, el siempre los acompañaba con la bicicleta hasta la puerta de la casa. Incluso una de las chicas se tatuó una bicicleta con alitas volando al cielo, porque siempre acompañaba a todos, así era Andrés. Era protector como él sólo”.

Con su mamá el apego era aún más fuerte. “Me acompañaba al dentista, al médico, a Empleados de Comercio. Cuando se enteró que venía Sergio Denis al City Center dijo que le gustaba para ir conmigo. Después vimos que en su facebook puso que «groso Sergio Denis». Era tan dulce”, recordó Susana mientras relataba con asombro: “Esa vida aferrada que tenía a sus amigos y que yo desconocía. Ellos me cuentan que era tan honesto que decía que la chica que le gustaba tenía bigotes para él, porque también la pretendía un amigo suyo”.

Andrés no fue velado, sus pertenencias fueron regaladas y su cuarto está desmantelado en manos de pintores. “El vacío es muy grande, era un dulce pero muy jetón, tenía todo el día la computadora prendida con la música a todo lo que da y ponía siempre el tema Clara (de los uruguayos) que trata de una parejita que la chica se va. La letra dice «se queda con su foto en un rincón». Y es desgarrador, porque es lo que nos pasa a nosotros ahora”, contó su hermana.

“Yo cuido a dos chiquitos desde que nacieron. Ese último día, el 31 de agosto, tuve que hacer un trámite y Andrés fue un ratito a cuidarlos y darles de comer. El más chiquito, de cinco años, también es de Tauro, como Andrés, que siempre le preguntaba jugando «a quién se parecía a él»”, dijo Susana. “Es como que el último día me dijo «bueno mami, consolate con él». Lo último que sé de Andrés es que se tiró arriba mío, me abrazó, me besó y se fue. Yo estaba en su cama mirando una novela mexicana”, finalizó.

Un adolescente buscado por dos crímenes

Culu es el seudónimo con el que es conocido Cristian, un adolescente que vive en el Fonavi de Paraguay y Esteban de Luca, llamado también Fuerte Apache, ubicado en la zona sur. Fue en esos monobloks que su apodo comenzó a sonar con fuerza cada vez que se hacía referencia al homicidio de Andrés Fumero, el chico de 19 años que la madrugada del 1º de septiembre pasado fue alcanzado por uno de los disparos que salieron de un auto en movimiento. Los mismos rumores aseguran que el mismo Culu “se hacía chapa” responsabilizándose por esa muerte. Pero su detención duró solo dos días porque no había pruebas para incriminarlo. Sin embargo, cuando la Policía encontró el auto involucrado y detuvo a dos de sus ocupantes, su nombre volvió a sonar, esta vez en boca de los suyos, que lo acusaron de disparar y dijeron desconocer que estaba armado. Treinta días después, otro violentísimo hecho tuvo lugar en el mismo barrio, cuando Carlos Rubén M., de 20 años, recibió un disparo en la nuca que lo dejó internado en estado vegetativo. Por esa causa, el Juzgado de Menores emitió una orden de captura contra Culu –que este mes cumplió 17 años–, ya que dos testigos presenciales lo habrían sindicado sin titubear. La noticia llegó a oídas de la familia de Fumero, que tras la irremediable pérdida de Andrés había decidido no hacer nada al respecto. “Al principio no queríamos saber nada. Pero cuando nos enteramos que este chico arruinó a otra familia empezamos a buscar Justicia. Porque a Andrés no nos lo van a devolver. Pero queremos que este dolor inexplicable no lo sufra otra familia. Y que este menor que está armado no le haga más daño a nadie”, dijeron. Una fuente policial aseguró que la búsqueda del menor es intensa y suma más de 15 allanamientos. Al respecto refirió que “se la quiso tirar de pata ancha en el barrio y él mismo chapeaba con lo que hacía”. “Si me dicen que está en Ushuaia, yo mismo me voy a buscarlo”, agregó el vocero.

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