Política

“Es un orgullo que un Tribunal escuche mi testimonio, que tardó 45 años en ser escuchado”

Una sobreviviente y sus dos hijas declararon desde Francia en un juicio unificado en La Plata contra 17 represores que actuaron en los centros clandestinos de detención Pozo de Banfield, Pozo de Quilmes y "El Infierno". El desgarrador relato prueba que el terrorismo de Estado empezó antes del golpe


Laura Franchi fue detenida en noviembre de 1974 y permaneció secuestrada hasta 1981.

Una mujer y sus dos hijas, fueron las primeras sobrevivientes de la última dictadura en declarar este martes en el marco del juicio unificado que se sigue contra 17 represores, entre ellos el ex comisario de la Bonaerense Miguel Etchecolatz. Se trata de Laura Franchi y sus hijas María Laura y Silvina Stirnemann, esta última nacida durante el cautiverio de su madre, quienes declararon ante el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata en el marco del juicio por los delitos cometidos en los centros clandestinos conocidos como Pozo de Banfield, Pozo de Quilmes y “El Infierno”, que funcionó en la Brigada de Lanús, por los crímenes cometidos contra casi 500 víctimas, de las cuales pocas sobrevivieron.

Franchi está exiliada en Francia desde 1981, cuando esposada y con custodia se le permitió salir del país; y tiempo después pudo lograr que sus dos hijas, hoy integrantes de Hijos en Francia, se reunieran con ella.

“Es un orgullo estar acá ante un Tribunal que escuche mi testimonio, que tardó 45 años en ser escuchado. Este juicio llega 45 años tarde”, comenzó a relatar Laura Franchi, por videoconferencia desde el consulado argentino en Francia.

La mujer, oriunda de la ciudad de Olavarría, en el centro geográfico bonaerense, contó que debido a la persecución política que sufrían ella y su esposo, Mario Alfredo Stirnemann, militante peronista y sindicalista que trabajaba en Loma Negra, se habían mudado a Quilmes, en el Gran Buenos Aires.

El 23 de noviembre de 1974, ella salió a pasear con su hija María Laura, en ese entonces de 4 años; su cuñado Juan José Stirnemann; una amiga y su hijo de 3 años, cuando fueron detenidos por la Policía.

“Nos trasladaron a la comisaria de Quilmes, donde fuimos interrogados. Yo estaba embarazada de 3 meses de Silvina, me llevan con mi hija a la cocina de la comisaría y ahí vi que estaban nuestras cosas, que habían allanado la casa y habían llevado nuestras cosas, incluso juguetes de María Laura”, detalló.

La mujer contó que su hija “estaba atemorizada de ver sus cosas allí, y de ver a su tío (Juan José Stirnemann) arrastrado y torturado”, y agregó que en ese momento María Laura “sufrió un shock”.

“Vio hombres con sus camisas manchadas de sangre, que se reían y bebían cervezas”, recordó sobre ese momento.

Agregó que su cuñado había sido “muy maltratado, sobre todo psicológicamente”, y le habían dicho que a ella la “habían violado”, y “que había perdido al bebé”.

“Era terrible el estado en que quedó, era un despojo humano”, continuó.

Franchi relató que fue torturada e interrogada: “Querían saber dónde estaba Mario Alfredo Stirnemann, todo giraba alrededor de eso. Un médico me tomaba el pulso y decía lo que había que hacer y lo que no había que hacer” (durante las torturas)”, remarcó y agregó que “las personas que torturaban eran personas preparadas para torturar”, pero que no sabía “quiénes eran”.

“En 1974 se empezó a preparar el horror que vivimos después, fue el inicio de esas prácticas de tortura que implementaron de más en más después”, sostuvo.

Franchi relató que posteriormente se llevaron a su hija, a quien restituyeron a su abuela, en tanto que a ella la trasladaron al Pozo de Banfield.

“En ese lugar me llevaban a un sótano donde me interrogaban, siempre con un reflector en mi rostro para que no pudiera ver el rostro de las personas”, dijo.

Recordó que al llegar a la Brigada de Banfield le hicieron “un simulacro de fusilamiento” y que en ese centro clandestino “no tenía controles médicos” a su embarazo.

En su relato, Franchi habló de la violencia psicológica sufrida desde lo verbal: “Decían que éramos subversivos, asesinos, y que no pensábamos en nuestros hijos”, buscando “la denigración”.

Posteriormente, Franchi contó que fue traslada a la cárcel de Olmos, donde tuvo contacto con otras mujeres detenidas embarazadas y volvió a ver a su hija María Laura, constatando que la niña padecía problemas de comunicación como consecuencia del trauma por lo sufrido.

Recordó que ya estando a punto de parir fue llevada a un dispensario, donde le hicieron “un tracto vaginal” que le provocó una hemorragia, por lo que tuvieron que trasladarla a otro lugar, en el que permaneció “encadenada” y rodeada de “ratas”.

Franchi dio a luz en el Policlínico de La Plata, encadenada y con custodia y luego debió volver a Olmos. Posteriormente fue trasladada a Devoto y luego, en 1981, se le permitió salir del país.

Silvina Stirnemann nació durante el cautiverio de su madre.

Tras su testimonio, se oyó el relato de su hija mayor, María Laura Stirnemann, quien contó las secuelas vividas tras ser detenida junto a su madre y su tío en 1974.

“Tuve tratamiento psiquiátrico, tenía problemas para hablar y sufrí anorexia. Recién cuando permitieron visitas de contacto con mi mamá pude hablar”, contó la mujer que agregó que también sufrió “amnesia postraumática” y que la memoria la recuperó “con los años”.

La mujer luchó décadas más tarde para localizar los restos de su padre, Mario Alfredo Stirnemann, sepultado en el cementerio de Lomas de Zamora.

Por su parte, Silvina, nacida en cautiverio contó que su mamá estaba embarazada de ella “cuando cayó en el Pozo de BanfieldW y dijo que sus primeros recuerdos de infancia, cuando tenía 3 o 4 años e iba a visitar a su mamá a Devoto eran “confusos”.

“Cuando me reencontré con mi madre en Francia recuperé a mi padre, supe del amor que se tuvieron. Que me contara cómo se habían conocido era mi cuento para irme a dormir”, narró, emocionada.

María Laura Stirnemann investigó y rescató los restos de su padre, Mario Alfredo.

 

“Le pedí a Videla que libere a mi mamá para que venga a mi comunión”

María Laura relató también las secuelas sufridas tras el traumático secuestro de su mamá y su tío, y la prisión que continuó cuando ella misma fue devuelta a sus abuelos. “Le escribí una carta a Videla para que libere a mi mamá para que venga a mi comunión”, recordó. Y también que le llegó una respuesta del dictador Jorge Rafael Videla.

“Sufrí amnesia postraumática y la memoria la recuperé con el tiempo. Tenía muchas crisis nerviosas y estuve en tratamiento psiquiátrico. Recuerdo que le tenía miedo a los uniformados y el psiquiatra me llevaba a andar a caballo a un cuartel para que le perdiera miedo a los uniformes”, contó María Laura ante el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata.

Ella y su hermana fueron a vivir con su abuela materna a Olavarría y visitaban a su mamá en la cárcel de Olmos y luego en el penal de Devoto.

“Cuando iba a tomar la comunión le escribí a Videla para pedirle que liberara a mi mamá para que viniera a la comunión. Me contestó que no la podía liberar pero podía permitir una visita de contacto, y que de grande iba a entender por qué no la podía liberar”, relató la mujer, quien recordó con su ropa de comunión fue a la cárcel de Devoto a visitar a su mamá.

Pero sus experiencias más traumáticas habían sido anteriores:“Tenía flashes de recuerdos, como que habían jugado a la ruleta rusa conmigo en la comisaría de Quilmes y que vi a mi mamá colgada de una soga con su cabeza dentro del agua”, recordó María Laura.

Ella estudió antropología y años más tarde, en una investigación personal pudo recuperar los restos de su padre, Mario Alfredo Stirnemann, sepultado en una fosa del Cementerio de Lomas de Zamora, junto a un bebé de 3 meses de apellido Ledesma, precisó ante el Tribunal.

Mario Alfredo había sido secuestrado el 4 de noviembre de 1975 y estuvo casi dos semanas cautivo. Lo sacaron para asesinarlo en Temperley, donde fraguaron un enfrentamiento. Los antropólogos forenses que exhumaron sus restos del cementerio de Lomas de Zamora comprobaron que murió por un tiro en la cabeza de arriba hacia abajo efectuado a menos de un metro de distancia

María Laura agradeció la oportunidad de testimoniar, ya que los responsables del asesinato de su padre ya fallecieron sin que lograra Justicia. “Este testimonio sería la primera que vez que se hace justicia por lo sufrido”, dijo.

Y su hermana Silvina contó que conservó “en lo profundo” de su infancia, una memoria “de ese primer abrazo” que le dio su mamá al nacer. “Y fue el abrazo que recuperé al reunirme en Francia con ella y creo que eso le dio una identidad y sentido a mi vida”, completó.

Laura Franchi se exilió en Francia en 1981, luego de salir del país sola. Años después logró que sus hijas viajaran a reunirse con ella, lo que supuso un trance complejo para las niñas, que tenían una vida armada junto a su familia materna en Olavarría.

Ahora las dos militan en la organización Hijos en Francia, y en febrero de 2020 se reunieron en París con el presidente Alberto Fernández para pedirle medidas contra las declaraciones negacionistas sobre el terrorismo de Estado.

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