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Érase una vez en “Hollywood”

Suerte de cuento de hadas moderno, la nueva serie de Netflix propone una ucronía sobre un grupo de artistas que en los años 40 realizan una película que hace del mundo un lugar más justo oponiéndose a los valores predominantes de la industria de esos años como la homofobia y la violencia racista


Lo primero y más evidente que se puede decir de la serie Hollywood, la apuesta más fuerte para  mayo de la cadena Netflix, es que ni por asomo es un buen producto.

Pero lo más curioso y contradictorio, es que todo lo que de esta miniserie se puede predicar para criticarla con justicia, como su simplismo, su trivialidad, la proliferación de clichés, la superficialidad, y su optimismo engañosamente despolitizado, son las cosas que finalmente terminan por convertirla en una propuesta realmente disfrutable.

Hollywood es, podría decirse, un “cuento de hadas moderno”, pero sabiendo que al decirlo, en general, podemos referirnos negativamente a una historia trivial en la que por arte de la magia y la bondad el mundo puede ser un lugar más bello (podríamos decir que desde Amelie, de Jean Pierre Jeunet, y por ella, ese calificativo ha tomado tintes peyorativos).

Y eso es un poco <Hollywood<. Ahora bien, ¿es esta miniserie consciente de su superficialidad? ¿Está jugando con eso? Podría pensarse que sí (hay algunos indicios), pero no es del todo seguro, porque también se toma muy en serio la inconsistencia de su planteo.

Y allí, nuevamente, la posibilidad de las contradicciones que puede suscitar: es superficial en su desarrollo, pero aun así, desde el comienzo, “divierte” eficazmente, y sobre el final, incluso, puede llegar a emocionar con su ingenuo optimismo.

No es posible “creerle”, claro, pero logra hacernos desear poder hacerlo. Y eso, dada la ostensible trivialidad imperante en el relato, es un gran logro.

Cuento de hadas moderno

Cuento de hadas moderno con todo lo negativo en eso implicado, pero Hollywood también propone unos juegos con la ucronía. Es decir, supone un acontecimiento histórico que no sucedió, pero que podría haber sucedido, y que, de haberlo hecho, la historia hubiese sido otra, y con ella, claro, también nuestro presente.

La efectividad de la ucronía supone por lo tanto la factibilidad de ese acontecimiento: tiene que ser admisible que tal o cual cosa podría haber sucedido en lugar de la que realmente sucedió. Hollywood no repara en eso, el desvío que propone es absolutamente inverosímil, por demás de ingenuo.

Pero claro, hay que tener en cuenta que este planteo ucrónico se produce en el interior de un “cuento de hadas moderno”, y que allí es posible que, en los años 40, un grupo de perseverantes luchadorxs, con sus sacrificios y convicciones, y en el mismo seno de la industria de Hollywood, hayan llevado adelante la realización de una película que hizo del mundo un lugar más justo. Insostenible, pero entretiene y emociona si se deja entre paréntesis la posibilidad de que Netflix se esté burlando de nosotrxs otra vez.

Derribando a Hollywood

Ahora bien, ¿de qué va todo esto? Hollywood es una miniserie de siete episodios llevada adelante por Ryan Murphy (responsable de, entre otras, Glee y American Horror Story), y cuenta la historia de un grupo de aspirantes al estrellato en el majestuoso y corrupto Hollywood de los años 40.

Hay muchas referencias y guiños a ese mundillo dorado del Hollywood-Babilonia, muchos personajes históricos participan tangencialmente de la trama: George Cukor, Vivian Leigh, Noel Coward, Hattie McDaniel (la primera actriz afroamericana en ganar un Oscar por Lo que el viento se llevó), e incluso, un novato y reinventado Rock Hudson es uno de los protagonistas.

En ese contexto se despliega esta historia en tono de comedia, en la cual un grupo de gays, afrodescendientes, y mujeres ninguneadas, desafían a la estructura misógina, racista y homofóbica de Hollywood, no sólo haciéndola tambalear, sino incluso derribándola desde sus cimientos.

Entre encuentros y desencuentros, de a poco y a fuerza de casualidades, se va conformando un grupo con un aspirante a actor que trabaja de taxi boy, una actriz afrodescendiente, una actriz asiática olvidada, un guionista gay afrodescendiente, un director “medio” filipino, una mujer que toma el control de un estudio, un “simpático” proxeneta, y algunxs otrxs personajes singulares y veces algo incorrectos, varios con base histórica real.

Juntxs, irán asumiendo la tarea de llevar adelante un proyecto desatinado. Deciden hacer una película sobre la corrupción de Hollywood con una heroína negra.

Una película que, claramente, no podría hacerse en esa coyuntura instaurada sobre las bases de la desigualdad, la violencia y el abuso, y regulada con la hipocresía de la censura del Código Hays.

Serán sus voluntades inquebrantables y sus amores puros los motores de un desvío histórico capaz de desterrar de la industria sus filos homofóbicos, racistas y misóginos. Hollywood narra con humor esa historia insostenible, el “cuento” aleccionador de la perseverancia de estxs descastadxs que deciden tomar el poder contra las injusticias, y que lo logran.

El foco crítico del relato se pone en la hipócrita homofobia de la industria de esos años (con algunos apuntes interesantes) y en la violencia racista más que en la misoginia, que de igual modo, claro, tiene lugar importante en el discurso.

Sobre todo en la presencia de uno de los mejores personajes de la serie, la mujer que toma el control del estudio tras el “accidente” de su marido. Gran interpretación de Patti LuPone.

Pensar un futuro mejor

La idea puede no estar del todo mal, es cuanto menos simpática.

El problema principal es la extrema superficialidad del abordaje. Aquí no hay contexto socio-político, no hay campo de fuerzas que constituya, determine, y asegure la realidad de las injusticias denunciadas.

Hay apenas voluntades individuales muchas veces injustas por erradas, pero que por ende pueden simplemente corregirse, y que se corrigen porque en este “cuento de hadas moderno” todxs finalmente comprenden lo bueno por las fuerzas del amor y la voluntad.

Tal ingenuidad, semejante simplismo, ese modo de trivializar temas ásperos, convierte a la propuesta en una trampa condescendiente. Lo que propone como crítica de la injusticia se vuelve complicidad y aceptación: el triunfo de la voluntad individual no deja de ser el discurso de los dominadores para justificar su poder y excluir y culpabilizar a lxs otrxs.

Ahora bien, aquí hay que volver al comienzo. Dicho todo esto, a pesar de todo eso, no se puede negar que Hollywood funciona, divierte con su dinámica, entretiene y emociona. ¿Cómo lo hace?

Tal vez se deba a un cúmulo de detalles, como la muy lograda dinámica actoral, la gracia de sus pasos de comedia, cierta incorrección, asomos de una festividad queer, las referencias a ese imaginario del cine, e, incluso, esa peligrosa superficialidad de cuento de hadas que finalmente nos permite soñar, por un momento al menos, con un mundo sencillo y amable.

Y es que, muchas veces las ucronías cinematográficas proponen desvíos históricos para desde allí pensar en futuros indeseados. Pero aquí se trata de lo contrario, se propone esa divergencia para pensar en un futuro mejor.

Tal vez la imaginación empiece a encontrarse con sus propios límites para imaginar presentes peores a este, para pergeñar mundos menos deseables que este. Si todo lo peor ya sucedió, ¿qué más queda entonces que imaginar presentes y porvenires mejores? Hay, en esa idea, un encanto y una potencia que excede a Hollywood, pero que sin embargo le otorga cierta ternura.

Hollywood / Netflix / 1 Temporada / 8 episodios

Creador: Ryan Murphy

Intérpretes: David Corenswet, Darren Criss, Jim Parsons, Samara Weaving, Laura Harrier

 

 

 

 

 

 

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