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Corrupción de seminaristas

Entre Ríos: fallo histórico contra cura abusador

El sacerdote Justo José Ilarraz fue condenado a 25 años de prisión como autor material y responsable de los delitos de corrupción de menores agravada. Los abusos ocurrieron en un seminario de Paraná en la década del 80 y 90. La causa surgió a raíz de una publicación periodística


Ilarraz, condenando a 25 años de prisión por abuso agravado de menores en el seminario que lo tenía a su cargo.

La Justicia de Entre Ríos condenó al cura Justo José Ilarraz a la pena de 25 años de prisión por el abuso sexual de siete seminaristas menores de edad en una institución eclesiástica de Paraná. La sentencia fue emitida en forma unánime por los camaristas Alicia Vivian, Carolina Castagno y Gustavo Pimentel, quienes encontraron al sacerdote como autor material y responsable de los delitos de corrupción de menores agravada por ser encargado de la educación. La investigación se inició en 2012 a partir de una extensa nota periodística en la revista entrerriana Análisis, con la firma de Daniel Enz.

Los siete seminaristas que denunciaron haber sido abusados por el cura dieron su testimonio durante el juicio. Los abusos por los que se emitió la sentencia ocurrieron en el Seminario Arquidiocesano Nuestra Señora del Cenáculo, de la ciudad de Paraná, entre 1985 y 1993. El cura cumplirá la pena en forma domiciliaria en su departamento de un edificio de la calle Corrientes al 300, en la capital entrerriana, hasta tanto quede firme en instancias superiores.

Ilarraz, a quien se le colocará una tobillera electrónica, deberá hacer frente a la costas del juicio.

La pena estuvo de acuerdo con lo solicitado durante el juicio por los fiscales Francisco Ramírez Montrull y Álvaro Piérola, mientras que la defensa había pedido la absolución. La sentencia completa será leída el próximo 1º de junio a partir de las 8.

Durante el juicio se escucharon desgarradores testimonios en torno a los abusos a los menores, que parecían obedecer a un patrón común: provenir de familias agrícolas y origen alemán. Además de los dichos de las propias víctimas, se tuvo en cuenta una carta que el propio cura remitió al Vaticano en el que admitió haber incurrido en los abusos, además de asegurar que estaba arrepentido. En la misiva enviada el 18 de enero de 1997, Ilarraz confesó ante la Santa Sede haber tenido “relaciones amorosas y abusivas con seminaristas menores”.

La historia de una publicación

Daniel Enz, periodista de la revista entrerriana Análisis y del portal Análisis Digital, publicación que dio el puntapié inicial para correr el velo encubridor de la iglesia católica entrerriana, expresó a Radio Universidad que al escuchar la sentencia este mediodía se encontró conmovido. “Fue muy fuerte. Costó mucho. Fue mucho trabajo y esfuerzo. En su momento estuve solo peleando con el poder de la iglesia hasta que empezó a trabajar la Justicia. Es muy importante para las víctimas, para sus familiares, para otras víctimas de otros casos que están en carpeta. Las víctimas hasta que no ven que la Justicia actúa dudan de todo”, analizó.

“Esperemos que la Corte avale este trabajo de la Justicia de Entre Ríos y que no disponga la prescripción, lo que sería un retroceso y un golpe muy fuerte a todo un trabajo y una decisión de tantas víctimas de denunciar a un hombre que era poderoso dentro de la iglesia”, alertó Enz, quien estuvo presente junto a víctimas en Tribunales.

La investigación, recordó Enz, se desencadenó a partir de una denuncia periodística publicada en Análisis, en agosto de 2012. “Publicamos una nota de mi autoría, de cinco o seis páginas, donde denunciábamos al cura Ilarraz por los abusos a los menores de un seminario de Paraná entre 1985 y 1993. Hicimos un cálculo de que había cerca de 50 víctimas, de las cuales 6 declararon”, dijo el comunicador al programa “Apuntes y Resumen”.

“Hubo una muy fuerte operación y presión de parte de la iglesia para que no declarara la mayoría de las víctimas, que tienen familiares religiosos”, recordó el periodista.

“Hubo un trabajo de meses que se hizo hasta que cerró. Estamos hablando de algo que iba a afectar al propio cardenal y al entonces obispo. Hubo que hacer todo un trabajo de hormiga para convencer a las víctimas de que se podía llegar a la instancia judicial a partir de la publicación. Cuando logré reconstruir todas las historias –de diferentes momentos y generaciones, es decir dos o tres generaciones de seminaristas –, y consideré que estaba completo el círculo, lanzamos la publicación. La revista salía el jueves a las 7 de la mañana. El miércoles a la tardecita me comuniqué con el procurador general del Poder Judicial de Entre Ríos, a quien no conocía, y le anticipé lo que iba a pasar en la edición. “Me cuesta creer toda esta historia, me dijo”, recordó Enz. “A las 12 de la noche me llamó totalmente conmovido y a las 8 de la mañana abrió la causa, a raíz de la publicación”, dijo el periodista.

“Lo que hacía este hombre por las noches era transitar por las camas de los pibes de entre 12 y 15 años, o los llevaba a su habitación a cambio de regalos y de convencerlos de que eso estaba bien. Tratemos de ponernos en la piel de cómo éramos nosotros a los 12 ó 13 años. Iba abusando de ellos uno a uno. Iba seleccionado en función de las debilidades. Él sabía quién extrañaba a sus padres, quién los tenía separados, quién tenía más problemas. Acudía a esos chicos”, dijo Enz sobre el modus operandi del religioso Ilarraz, quien hasta que se confirme la sentencia tendrá prisión domiciliaria.

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