El Hincha, Rugby

Opinión

En plena pandemia, Los Pumas le regalaron al hincha la mayor de las alegrías

Como sucede con esta clase de victorias históricas, cada uno tendrá su versión de cómo lo vivió, de lo que significó ver a Argentina jugar en gran nivel, ante Nueva Zelanda, los mejores de todos los tiempos, y poder ganar. No fue un partido más, fue un éxito que se buscaba desde hace mucho tiempo


Los Pumas junto a los hinchas presentes en Sídney, una selfie que vale oro. Crédito: Gentileza VillarPress

El 2020 puede considerarse el año más complicado para la humanidad. Repleto de obstáculos, la nueva normalidad que provocó la pandemia de coronavirus hizo que en Argentina, al día de hoy, no se haya podido jugar un partido de rugby. Con lo cual el encuentro de Los Pumas ante los All Blacks significaba el primer partido del año en el que estaba en juego mucho más que ochenta minutos de rugby. El seleccionado argentino salía a escena tras más de un año sin hacerlo.

La primera cuestión era decidir si dormirse temprano y levantarse a las 3 o seguir de largo. El cuerpo pidió unas horas descanso, quizás así como los jugadores sienten que es el día, el físico de este periodista se anticipó. Presagiaba que algo iba a suceder.

Uno siempre tiene la expectativa de que Los Pumas ganen, porque siempre hasta en las situaciones más adversas la fe en el equipo es inquebrantable. Porque a lo largo de la historia, el seleccionado ha demostrado que no importa cómo llegaba o el rival de turno.

El horario hizo que la única compañía durante el partido fueran los grupos de whatsapp, sorpresivamente no sólo colegas que estaban despiertos y atentos, sino que muchos amigos, lectores de El Hincha y sobre todo esos fanáticos de la ovalada para los que no hay horario u obstáculo y están prendidos a la televisión o en la cancha.

Los gritos fueron íconos en los chats, porque la familia dormía. Pasó el primer tiempo, con un resultado sorpresivo: Los Pumas ganaban 16 a 3. Unos primeros cuarenta minutos sólidos que abrían una luz de esperanza para la hazaña.

Entretiempo, momento de recargar la taza de café. Y volver a sentarse para esperar el desenlace. Con la sensación de miedo, porque con los All Blacks nunca se sabe, porque cuando menos te lo esperás, te someten y se terminan las aspiraciones.

La muralla albiceleste contuvo los embates, y ante cada tackle argentino, ambos puños apretados fueron el gesto que sustituyó al grito de “vamos carajo”.

El tiempo pasaba y Los Pumas seguían al frente del marcador, con buena diferencia. Llegó el descuento de los All Blacks, pero Argentina no sucumbió y a falta de siete minutos Nicolás Sánchez volvió a estirar la ventaja a 12 puntos: 22 a 10 y las lágrimas de estar viendo un sueño hecho realidad empezaron a aparecer.

Con el correr de los minutos, y ver tan cerca la victoria, la emoción fue mucho mayor, las pulsaciones iban en aumento. Los jugadores con su entrega de los últimos instantes generaban ese sentimiento de estar observando cómo un grupo de rugbiers profesionales, pero surgidos y formados en clubes amateurs, estaban escribiendo un gran capítulo de la historia del rugby argentino.

Esos 23 jugadores dejaron todo para darles a sus colegas argentinos, que en 2020 y tal vez en buena parte de 2021, no puedan jugar el rugby una gran alegría al vencer a los All Blacks por primera vez y con un triunfo sólido y a puro tackle, una marca registrada del rugby argentino.

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