Policiales

El asedio de las balas

En nombre de un tal Mono le pidieron la casa, al otro día volvieron y le tirotearon el auto

Jorgelina es taxista y vive en Garay al 4300 con su madre y su hija. El lunes dos tipos le tocaron la puerta y le dijeron que debía abandonar la vivienda. Ella no acató. A la jornada siguiente regresaron y le tirotearon el C4. La mujer asegura no saber de dónde viene el conflicto


Captura de pantalla TV.

La vivienda de Jorgelina, una mujer taxista que vive en la zona sudoeste, fue atacada a tiros en la noche de este martes. La mayoría de los impactos dieron en un coche que estaba estacionado en la vereda y no hubo que lamentar víctimas. La mujer sostuvo que horas antes de que se produzca el atentado, dos tipos se presentaron en su casa y le exigieron que devolviera la casa a un tal Mono o de lo contrario “iba a tener noticias”. Desde entonces el desconcierto y el miedo se apoderaron de Jorgelina, quien no encuentra explicación ni motivos de este hecho, cuya mecánica se repite a lo largo y ancho de la ciudad.

Jorgelina explicó a medios periodísticos el contexto del ataque, cometido a las 19.30 de este martes mientras en la casa se encontraban su hijita de 5 años y su madre, ya que ella trabaja en el taxi.

Veinticuatro horas antes, dos hombres golpearon la puerta de su vivienda de Garay al 4300. Los visitantes preguntaron por “Georgina”.

“Acá no vive ninguna Georgina”, atinó a responder Jorgelina. Haciendo caso omiso a la réplica, le dijeron: “Nos mandó el Mono para que le devuelvas la casa, la casa de Central”. La única referencia al equipo rosarino en el lugar es un poste pintado de auriazul y la mujer, que aseguró vivir en el inmueble desde hace diez años y no tener deudas ni problemas con nadie, les dijo: “Se están equivocando”. Antes de irse, los mensajeros le contestaron: “Vas a tener noticias”.

Ese aviso se materializó con un ataque a tiros este martes. El Citroën C4 de Jorgelina recibió 9 impactos de grueso calibre. Otros plomos llegaron hasta la fachada de su casa y un restante a la casa de una vecina. Un total de 13 vainas servidas fueron recolectadas, según fuentes policiales.

Los tiratiros fueron vistos por los vecinos, y le dijeron a la joven que los atacantes de este martes eran dos y se desplazaban en un Ford Focus gris o negro, y que “no son del barrio porque cuando se escaparon por Lima debieron pegar la vuelta en una cortada”, publicó RosarioPlus.

Lo siguiente fue la llegada del personal policial y los peritos con su trabajo de rigor. Para la medianoche, cuando los uniformados se marcharon, Jorgelina se sintió desprotegida. “No pasa un Comando ni a palos. El destacamento de la esquina no está. Estamos a la deriva sin que nadie nos proteja”, dijo.

En ese marco, la mujer recordó que un mes atrás vivió una situación que quizá ahora tenga relevancia. Una mujer que iba caminando con una Honda Wave al arrastre le tocó a la puerta, la llamó por su nombre y le dijo que su esposo que estaba en la cárcel quería hablar con ella. Jorgelina se negó. Media hora después le tocaron la puerta de nuevo y un hombre que se hizo llamar Pablo le exigió que le mostrara una moto, que supuestamente era ofertada en redes sociales. Como sea, esos movimientos no le dejaron dudas de que su casa está “marcada”.

Jorgelina agregó que este miércoles por la tarde se acercará a la sede del Ministerio Público de la Acusación (MPA) para reclamar una custodia para poder vivir más tranquila. Y advirtió: “Si no soy escuchada, voy a pedirles a las taxistas de She Taxi y haremos un reclamo público, porque alguien nos tiene que proteger”.

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