Coronavirus, Sociedad

Crónicas de la cuarentena

En esta interrupción abrupta del consumo descubrimos que no necesitamos tantos objetos

La nueva conciencia medioambiental se ha visto fortalecida en esta emergencia mundial. Resuena la iniciativa de la Ong Circular Influence, que convoca a expertos capaces de desarrollar productos, servicios y sistemas innovadores para ponerlos en el mercado y reforzar su impacto en la sociedad


Foto: Franco Trovato Fuoco

Elisa Bearzotti / Especial para El Ciudadano

En Rosario, el sol nos sigue acariciando e incita a poner a un costado todos los recaudos. El juego luminoso del otoño invita a dejarnos acorralar por la brisa del Paraná y por el ocre cambiante de las hojas sombreando la vereda. Tenemos que recordarnos una y otra vez que esta maravilla es sólo un espejismo porque el virus sigue aquí, acechando con su porte ominoso y descarnado, poniendo en evidencia la vulnerabilidad y el costado oscuro de nuestra humanidad indolente y hedonista.

Uno de los aspectos positivos de la cuarentena fue hacernos poner el foco en lo esencial: espacios, afectos, cosas para hacer. En esta interrupción abrupta del consumo descubrimos que no necesitamos tantos objetos, que el “buen vivir” pasa más por las sensaciones que por las posesiones, que se disfruta tanto un trozo de pan recién salido del horno como el bocado más selecto en el mejor restaurante.

De pronto, recientes imágenes divulgadas por la Nasa muestran un planeta calmado y más limpio. Las cifras hablan de una disminución de entre un 4% y 8% de CO2 (dióxido de carbono), uno de los gases más contaminantes del medioambiente, lo que representa entre 2.000 y 3.000 millones de toneladas menos en la atmósfera. Esta mejora temporal se debe sobre todo a la disminución del transporte terrestre (un 50 % aproximadamente en todo el mundo) y del transporte aéreo que cayó un 90 % en Europa y un 50 % en Estados Unidos.

Para continuar con este impulso ambientalista, algunos países han comenzado a generar estrategias más amigables con el entorno. En París, por ejemplo, se están habilitando 650 km de “ciclovías corona”, y en Milán se anunció un ambicioso plan para reducir el uso de autos y priorizar a peatones y ciclistas, como respuesta a la crisis causada por el virus.

Por otra parte, recientemente tuvo lugar el “Diálogo de Petersberg”, una gran reunión ambientalista que se realiza habitualmente en Berlín. En esta ocasión, los representantes de los treinta países convocados intercambiaron sus propuestas mediante videoconferencia, durante dos días.

En el momento de tomar la palabra, António Guterres, Secretario General de la ONU recordó a los asistentes que el 2019 fue el segundo año más caluroso del que se tiene constancia, y que forma parte de la década más calurosa de la historia.

Por ese motivo, instó a poner empeño en la resolución de la cuestión ambiental ya que, según el dirigente “la demora en la aplicación de medidas climáticas costará cada año mucho más en concepto de vidas y medios de subsistencia perdidos, negocios paralizados y economías dañadas”. “El mayor costo es el de no hacer nada”, aseveró el funcionario.

A partir de este diagnóstico, desde las Naciones Unidas proponen una serie de medidas enfocadas en la recuperación del medioambiente, reclamando que los billones destinados a superar la crisis creada por el Covid-19 sean utilizados para generar nuevos empleos y negocios mediante una transición limpia y ecológica; y que el dinero de los contribuyentes sea invertido en la creación de empleos “verdes” y en un crecimiento sostenible e inclusivo. Solicitan también finalizar con los subsidios a los combustibles fósiles, penalizando a las empresas que continúen con la emisión de carbono y, por último, exhortan al sistema financiero mundial a que tenga en cuenta los riesgos y oportunidades vinculados al clima y definan sus estrategias de acuerdo con ello.

Sin dudas, la nueva conciencia medioambiental se ha visto fortalecida en esta emergencia mundial, por ello, resuena de manera especial la iniciativa de la Ong Circular Influence, que convoca a expertos capaces de desarrollar productos, servicios y sistemas innovadores para ponerlos en el mercado, y reforzar su impacto en la sociedad. Se trata del “ClimateLaunchpad”, el laboratorio más grande en el mundo de “ideas verdes” y al cual en 2020 han sido convocados por primera vez Argentina y Uruguay. Las 8 ideas de ambos países que persigan el mayor impacto climático serán invitadas a un encuentro de medio día, 100% en línea, para desarrollar una plataforma de lanzamiento de primer nivel con la ayuda de mentores y líderes especializados en el tema. La inscripción está abierta hasta el próximo 14 de junio y el proyecto ganador recibirá 10.000 euros. Hay premios también para el segundo (5.000 euros) y el tercero (2.500). En las seis ediciones anteriores, la competencia generó unas 6.500 ideas que resultaron en la generación de 1.900 empresas sustentables y casi 10.000 empleos.

El momento es propicio para estimular la mirada ecológica, un concepto fuertemente apoyado por centennials y millenials, mucho más permeables que las generaciones anteriores al enfoque de una producción y consumo amigables con el medioambiente. Experiencias como la que estamos atravesando demuestran que el tema ambiental es mucho más que una moda, más que una leve preocupación de jóvenes bien pensantes y amantes de los viajes, expresando una preocupación global en desmedro de los acuciantes problemas locales. La preocupación ambiental atraviesa el corazón del modo de producción capitalista, y es capaz de herirlo de muerte.

La revolución ecológica ya empezó. Tengo la esperanza de que los jóvenes actuales lograrán derrumbar las estructuras que resistieron a guerras y rebeliones anteriores, y en lugar de utilizar armas desplegaran sus alas con el modo sutil que habilita la tecnología, tan pulcro y leve como el aleteo de una mariposa.

 

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