Economía

Desarrollo nacional

Elma XXI: un proyecto de solución

En la actual condición de dependencia, el Presupuesto y la emisión monetaria quedan sujetos a la cantidad de dólares que se consigan, mediante exportaciones o deuda. Lo que los economistas moderados describen como “restricción externa”, es una herramienta de dominación política del imperialismo


Rodolfo Pablo Treber (*)

Fundación Pueblos del Sur

Especial para El Ciudadano

 

En la actual condición de dependencia, el Presupuesto y la emisión monetaria quedan sujetos a la cantidad de dólares que se consigan, mediante exportaciones o deuda. Lo que los economistas moderados describen como “restricción externa”, es en realidad una herramienta de dominación política del imperialismo.

Entonces es falso el concepto de “subdesarrollo” de los países periféricos, ya que no es una etapa previa o truncada en el camino del crecimiento, sino la condición de existencia de desarrollo y riqueza en los “países centrales”. Por lo que también sería correcto decir países oprimidos a los “periféricos” y opresores a los “centrales”. Las cosas por su nombre.

Así, la política nacional se encuentra subordinada a la economía globalizada.

Para dar vuelta esta situación y lograr un país independiente, la industrialización y sustitución de importaciones son tareas ineludibles. Producir, comercializar y transportar lo que ahora importamos nos dará soberanía política e independencia económica, sólo así la moneda extranjera dejará de ser mandante en la economía nacional.

Las normativas y medidas impositivas resultan débiles para cumplir el objetivo. Pueden someter transitoriamente a las multinacionales, pero si el verdadero poder, la producción, no cambia de mano resultan impotentes. El capital concentrado jamás lo hará por nosotros, y tampoco tendrá lugar por medio de las burguesías nacionales, alineadas a él. Se requiere de herramientas más ágiles y potentes que las del propio capitalismo.

Para lograr una victoria permanente de los Pueblos sobre el capital, Las Sociedades y Corporaciones del Estado deben ocupar los sectores estratégicos de la economía que las multinacionales ocupan hoy.

Las Sociedades del Estado son una forma de propiedad social de los medios de producción, por definición impenetrables al capital privado. A partir de ellas y su sociedad son posibles las Corporaciones del Estado. Son la gran escala al servicio del Pueblo, no de la ganancia y acumulación. Con herramientas de fiscalización y participación popular desde su constitución (informes públicos de gestión obligatorios, plebiscitos vinculantes, revocatorias de mandato, elecciones a nivel municipal, distrital, provincial y nacional) nace un Estado Empresario sano, dinámico, participativo y justo, comprometido socialmente con planes concretos, tangibles, pero por sobre todas las cosas potente y constante, seguro. Así, con un Estado que ejerza el poder de producir, las amenazas capitalistas de desabastecimiento, des financiación, inflación, pierden autoridad. Es el actor social que vencerá al capital en su arena central: los mercados.

De eso se trata precisamente la creación de la nueva Empresa de Líneas Multimodales Argentinas Elma XXI, Corporación de Sociedades del Estado, de la nacionalización de nuestro comercio exterior que nos dará soberanía política, del desarrollo industrial para autoabastecernos y lograr la independencia económica, y de la logística interior que nos permitirá conquistar la justicia social.

Resultaría excesivo, en un artículo, detallar cada una de las modalidades de transporte que contempla el proyecto de ley “Elma XXI – Corporación del Estado” que contó con estado parlamentario desde el año 2013, siendo el último número de expediente el 1332/17 de la Cámara de Diputados de la Nación. Pero de detallar uno, nos remitimos al más seguro, federal, barato, ecológico y, sobre todo, el más popular… el tren.

Esa especie de tela de araña gigante que es la red ferroviaria argentina, fue trazada por los ingleses en 1850 para fortalecer la centralidad del Puerto de Buenos Aires y la preeminencia del comercio exterior por sobre el mercado interno. Durante más de un siglo y medio los sucesivos gobiernos, inclusive los más nacionalistas y populares, han respetado aquel orden.

Bueno, llegó la hora. Este proyecto lo cambia todo.

Con una línea ferroviaria paralela a la ruta 40 se podrá integrar todas las líneas verticalmente, de manera que todas las provincias del oeste de la Patria se comuniquen directamente entre sí. El Ferrocarril Federal Andino conectará a La Quiaca, en Jujuy, con Ushuaia, en Tierra del Fuego, pasando por Salta, Catamarca, La Rioja, San Juan, Mendoza, Río Negro, Neuquén, Chubut y Santa Cruz, sin apartarse nunca de la Cordillera de los Andes.

El impulso económico, turístico, social, político y cultural que esta obra patriótica producirá en las 11 provincias mencionadas, es incalculable. También serán beneficiadas las provincias centrales de Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba, La Pampa, que tendrán conexión ferroviaria directa con las otras, dando apenas un pasito hacia el oeste. De ahí el nombre de Federal, porque privilegia la independencia de esta Traza Andina, que conecta las provincias entre sí, contra la traza unitaria de los ingleses.

Complementando el sentido federal de la obra, también se propone una línea ferroviaria según una Traza Atlántica, paralela a la ruta nacional 3, que bajará desde Bahía Blanca, en Buenos Aires, hasta Ushuaia, en Tierra del Fuego, pasando por Río Negro, Chubut y Santa Cruz, pegada a la costa marina, de la misma forma que la andina copiaba a la cordillera. Con estos dos emprendimientos, más el antiguo Ferrocarril Urquiza en el Litoral y los ramales que corren paralelos a la frontera norte del país, conectando horizontalmente a Misiones con Formosa y el NOA, se cierra el perímetro ferroviario nacional. El efecto que esta Traza Federal Perimetral producirá es de un alto valor geopolítico, relación cultural y comercial con los países hermanos, control y patrullaje, traslado y logística de la defensa nacional.

Un productor cualquiera estará conectado con cualquier punto del país. Los turistas podrán elegir entre varios modos de viajar a cada destino que se les ocurra. Podrán construirse pequeños aeropuertos de cabotaje, grandes playas de transferencia de cargas, nuevas poblaciones, todo asistido por la logística barata y limpia del ferrocarril. Las producciones regionales, de cualquier tipo que sean, circularán verticalmente como nunca antes, dando lugar a un comercio y una industria hoy desconocidos. El renacer de cientos de pueblos fantasmas que dejó el achicamiento del Estado en los últimos 40 años, crecimiento de nuevas ciudades en zonas desérticas, con hospitales, escuelas, fábricas, mercados centrales en cada estación ferroviaria con no más de 50 kilómetros de distancia. Sólo es necesario dejar volar un poco la imaginación para ver la explosión de trabajo, consumo y cultura que el proyecto ocasionará.

La necesaria industrialización encontrará, en la logística, su mejor aliado y herramienta estratégica.

Esperar que los cambios profundos en salud, educación, alimento, vivienda y trabajo, vengan de la mano de aquellos que nos explotan, los que han traicionado a su Patria en pos del beneficio personal, es un acto de inocencia política que no nos podemos permitir. Sólo el Pueblo salvará al Pueblo no es sólo una linda frase, sino el resultado del análisis de la historia argentina.

Porque con la privatización de Ferrocarriles Argentinos, los argentinos perdimos el tren, que era el transporte de las cargas y de los pobres, pero detrás de él cayeron todos los talleres ferroviarios (Materfer, Forja Argentina, Tafí Viejo, Fábrica Argentina de Vagones y Silos, Aceros Potrone, Astillero Río Santiago, Talleres de Vía y Obras, Talleres de Junín, y muchos más). Con la privatización de Aerolíneas Argentinas, quebró la línea de bandera nacional, y detrás de ella cayeron los talleres y proveedores aeronáuticos (Área Material Córdoba, Taller Aeronaval Central, Taller de Reparaciones de Ezeiza, Taller de Reparaciones de Aeroparque, y muchos más).

Porque, al cerrar Elma desapareció la bodega argentina (estatal y privada) de nuestro comercio exterior y detrás de ella, cayeron los armadores, talleres y proveedores navales, la Flota Fluvial del Estado, las Flotas de YPF e YCF, las navieras internacionales Astramar, Del Bene, Maruba, Ciamar, los Astilleros Alianza, Sanym, Corrientes, Domecq García, Astarsa, Mestrina, y Astillero Río Santiago, que aunque no cerró, quedó en estado vegetativo.

Y así, las privatizaciones destruyeron la industria nacional, el trabajo, generaron dependencia económica y anularon la soberanía política. Contra toda esta destrucción, nuestra Elma XXI. Por la Patria, por la felicidad del Pueblo y la grandeza de la Nación.

(*) [email protected] / [email protected]

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