#8M

Día de la Mujer Trabajadora

Eleonor Faur: “Milei busca desarticular toda la trama de la organización social”

La socióloga Eleonor Faur analizó las políticas del gobierno nacional en relación con las políticas de género y describió el impacto que las medidas económicas tienen en mujeres y disidencias


Eleonor Faur recorrió comedores del conurbano bonaerense y registró el arduo trabajo que hacen a diario un grupo de mujeres para asumir las tareas de cuidado de niñas, niños y adultos. Recorren los barrios en busca de ofertas, cocinan y hacen ollas populares para atender la alta demanda de personas de todas las edades que se acercan a diario por un plato. Además, hacen rifas o venden pizzas para pagar la garrafa o un pedazo de carne extra para estirar las raciones después que el gobierno nacional recortó el envío de alimentos. Ese trabajo no pago que son las tareas de cuidado aumenta con cada crisis. Las mujeres necesitan más horas para buscar la oferta y más horas para que el trabajo rentado pueda pagarlas. En un contexto de ajuste, mujeres y disidencias resultan las más afectadas. No sólo por las medidas concretas del gobierno nacional contra las políticas de género, sino porque en un 80 por ciento son las encargadas de las tareas de cuidado tan necesarias en momentos de crisis socioeconómica. En ese escenario, los feminismos llaman a organizarse para visibilizar la situación y sentar posiciones contra los ataques que el gobierno de Milei manifiesta de forma concreta y simbólica. No están solas. Sindicatos, organizaciones sociales y estudiantiles se suman al reclamo contra las políticas de ajuste. En la disputa entre el individualismo extremo y la organización popular, mujeres y disidencias tejen redes para defender el entramado colectivo que forma la sociedad. 

En diálogo con El Ciudadano, Faur analizó las medidas del gobierno nacional en relación con las políticas de género y describió el impacto que las medidas económicas tienen en mujeres y disidencias. Para la socióloga no son accidentales. Responden a una estrategia política que atenta contra las formas de organización social y colectiva. “Cuando el ataque es claramente anti feminismo, anti movimientos populares, anti cualquier tipo de asociación colectivista, se está tratando de desarmar ese entramado social que con mucho esfuerzo en Argentina hemos logrado sostener”, señaló.  

—¿Cómo analizás las medidas del gobierno nacional en relación con las políticas de género?

—Hay dos cuestiones del gobierno en relación con la agenda de género. En cuanto a las medidas, la eliminación del Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad, el recorte presupuestario de todas las políticas públicas en esa cartera, la eliminación de toda la perspectiva de género en el Estado -que incluye a la ley Micaela, pero que podría pensarse también que puede incluir la ESI o la agenda de derechos sexuales y reproductivos-, el cierre del INADI, un instituto que luchaba contra la discriminación, entre ellas las de género y LGTBIQ+, la prohibición del lenguaje inclusivo y del femenino, incluso en palabras que sí están aprobadas por la RAE, son un ataque contra las mujeres y los feminismos. 

Hay otro tema que es el ataque simbólico de manera continua a los feminismos cuando el presidente en épocas de campaña negaba las brechas salariales en términos de género, cuando señala que somos todos iguales ante la ley sin pensar que existe la discriminación o que no partimos de pisos iguales, cuando hace alegatos anti feministas como hizo en el Foro de Davos, en la Conferencia de Acción Política Conservadora de Estados Unidos o en la escuela que visitó por el inicio del ciclo lectivo donde dijo los asesinos -también en masculino- del pañuelo verde, cuando se refiere a la ideología de género. Son todas formas de ataque a los feminismos. Crean una cultura del odio donde se habilita ese nivel de destrato desde una figura presidencial, que es la máxima figura que tenemos en el Estado. De alguna forma es un ejemplo de que vale decir todas estas cosas en cualquier lugar y momento. Se habilita que ese lenguaje de destrato y odio circule de manera corriente, incluso se celebra muchas veces con chistes y humoradas. 

—¿Cómo impactan las políticas socioeconómicas en mujeres y disidencias? 

—La crisis económica que estamos viviendo ahora es de un alcance sin precedentes porque se ha hecho una hiper devaluación a dos días de asumir el gobierno y se liberaron todos los precios de bienes y de servicios, lo que desató una inflación tremenda. Los hogares han tenido que recortar sus gastos de una manera abrupta. La estimación que hace la Universidad Católica Argentina es de un aumento de la pobreza de 15 puntos en sólo dos meses, superando el 57% de personas bajo la línea de pobreza. Ese nivel de empobrecimiento abrupto, súbito y contundente asfixia más a las mujeres porque ya partimos de un piso muy desigual en términos de ingresos, porque la ocupación que menos ingresos recibe en Argentina es históricamente la del trabajo en casas particulares, que está ocupada sobre todo por mujeres y donde se demoró mucho el aumento por convenio colectivo para las empleadas. Además por la cantidad de horas de trabajo de cuidado que realizamos las mujeres que suma una cantidad de tiempo invertido sin ningún tipo de remuneración a cambio. 

Son todas las variables que hacen que el impacto de las medidas socioeconómicas sea mucho más profundo entre las mujeres que entre los varones. En este sentido, una situación particular es el trabajo de cuidado en las comunidades, en los barrios populares y en las villas que son trabajos que realizan sobre todo las mujeres. Más de un 80% de las cocineras comunitarias, de quienes trabajan en jardines comunitarios, centros de cuidado infantil o centros de desarrollo infantil en distintos barrios y villas de distintas provincias, ciudades y pueblos del país son mujeres. Casi nunca tienen un ingreso digno a cambio. El Potenciar Trabajo cubría para una proporción de estas trabajadoras un ingreso que llegó a ser simbólico y que estaba definido por ley en el 50% un salario mínimo vital y móvil, pero quedó congelado al mes de diciembre en 78.000 pesos cuando un hogar de cuatro miembros necesita 600 mil pesos para no caer en la pobreza. Lo eliminaron. Lo cobraban una cantidad de mujeres de la economía popular que estaban alimentando a los casi 10 millones de personas que buscan comida en los comedores, merenderos y ollas populares. Ahí también hay un brutal ataque contra las mujeres de sectores populares -y contra los hombres también-, que tiene un impacto muy fuerte en el trabajo y en el bienestar de las mujeres que hacen cuidados comunitarios.

Se suma la suspensión del envío de alimentos a esos comedores. Se ha vuelto un circuito donde el ataque contra las mujeres, diversidades y sectores populares es realmente muy profundo y es donde gravita el peor impacto de estas medidas del gobierno libertario.

De los recursos que tienen por otras fuentes, por ejemplo, en conurbano y en Capital Federal pueden llegar a recibir algo de alimentos por parte del gobierno de la ciudad o del gobierno de Lomas de Zamora para el barrio de Villa Fiorito, pero eso no alcanza. Todo lo que falta para cubrir la demanda es un trabajo adicional que técnicamente llamábamos cuidado indirecto. El trabajo en el hogar es además comprar el alimento, prepararlo, lavar las ollas. En el cuidado comunitario también hay una enorme cantidad de cuidado indirecto y de trabajo de gestión porque estas mujeres hacen rifas o bingos para comprar la garrafa o cocinan pizzas para vender en el barrio y comprar una verdura para expandir el poco alimento que tienen. 

Las raciones alimentarias han disminuido tanto en términos nutricionales como de cantidad. En los barrios comen todos, todas y todes: niños, niñas, personas mayores y de mediana edad, mujeres y hombres. Ha cambiado muchísimo el perfil de la demanda y se ha multiplicado mucho el esfuerzo de las mujeres de los sectores populares y de los sectores medios para poder cubrir las necesidades. Hacen falta más horas dedicadas al trabajo remunerado y queda menos tiempo para los cuidados, pero al mismo tiempo necesitan dedicarle más tiempo a los cuidados para buscar precios en el mercado porque no les alcanza. 

Ese es el escenario y el objetivo del gobierno. No es un accidente como ha pasado en otros momentos de alta inflación, por ejemplo en la hiperinflación del gobierno de Alfonsín. Es un plan. Es el camino que este gobierno considera adecuado para generar un equilibrio fiscal a costa de la gente con un impacto muy fuerte en las mujeres y disidencias.

—¿Cuál es el rol de los feminismos en este contexto?

—Los feminismos estamos absolutamente vivos trabajando. Se hicieron asambleas para organizar la marcha del 8M en todas las ciudades y provincias del país, y son mucho más populares y transversales que en los últimos años. Están las mujeres de los sindicatos, del feminismo popular y villero, las educadoras. De todos los espacios está habiendo representación en las asambleas. Esperamos tener una marcha contundente para dar cuenta de que seguimos siendo muchas y muches, y que frente al ataque hay un orgullo de ser feministas que mantenemos muy claro, muy arriba y que lo vamos a comunicar.

—¿Cómo se atienden las situaciones de violencia que pueden exacerbarse en contextos de crisis?

Cuando hay una crisis muy fuerte se exacerban las situaciones de violencia. Con la eliminación del Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad se suponía que quedaba subsumido al Ministerio de Capital Humano una dirección o subsecretaría que atendiera las situaciones de violencia. Hubo rumores que se estaba despidiendo a todas las personas que trabajaban en la línea 144, no conocemos cuáles son los presupuestos ni las medidas que se han tomado desde esa dirección. Están en riesgo todas las políticas de género, incluso las de violencia. Es muy importante toda la trama que puedan tener las distintas provincias y municipios que cobran muchísimo más protagonismo en un contexto donde se está desfinanciando todo lo nacional. En cada lugar en los que participemos los feminismos tenemos que poder, de alguna manera, blindar los programas y las políticas con las que contemos a nivel local y provincial porque la habilitación a que todo se elimine es muy grande desde el gobierno nacional. 

Señalaste que el gobierno tiene un objetivo ¿Cuál es? ¿Ves un intento de quebrar los lazos sociales? 

—Creo efectivamente que hay una ideología que es la del individualismo extremo, que las personas somos libres y somos iguales ante la ley. No hay otra igualdad que pueda referirse porque la justicia social para ellos es una aberración, según lo han dicho. Hay una idea anticolectivista, en los términos que usa el presidente, que está tratando de desarticular toda la trama de la organización social, de cuidado comunitario, de las movilizaciones. Es muy simbólico que el protocolo “antipiquetes” decía que cualquier manifestación tenía que pedir autorización al Ministerio y que se iba a considerar manifestación a más de tres personas. Es hasta burdo, pero molesta la gente que se junta y todo lo asociativo que es lo que nos mueve, nos sostiene, nos cuida, nos permite relacionarnos y fortalece el lazo social. Las sociedades existen porque hay cierto lazo social, ciertas normas y ciertas formas de estar pendientes las personas entre sí. Las estrategias de cuidado que llevamos adelante las personas, sobre todo las mujeres en los hogares, en las comunidades, entre amigas, amigos o amigues, son esa trama que nos sostiene como sociedades. Cuando el ataque es claramente anti feminismo, anti movimientos populares, anti cualquier tipo de asociación colectivista, anti sindicatos se está tratando de desarmar ese entramado social que con mucho esfuerzo en Argentina hemos logrado sostener a pesar de muchísimas crisis y situaciones muy difíciles que hemos pasado. 

—¿Puede pensarse a la promoción del individualismo y la desarticulación de lo colectivo como un intento de acumular poder de parte del gobierno? 

—Es muy claro que ahí hay un objetivo político porque hay una estrategia y una ideología. Me da mucho dolor el grado de aceptación que hay. Al mismo tiempo creo que hay algunas reflexiones que desde el campo progresista tenemos que hacer porque evidentemente hay una expresión de un descontento que no se ha tomado suficientemente en cuenta en algún momento y que el gobierno de Milei, como figura política, ha logrado captar y reflejar. 

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