Ciudad, Edición Impresa

El viejo Saladillo, un sector relegado que ya tiene plan

El municipio busca reconvertir la desembocadura del arroyo, único espacio costero que aún queda “virgen”.

Por Pablo Moscatello: Hace exactamente un mes, en el marco de la participación de Rosario en la imponente Expo Shanghai 2010,  desde el municipio se comenzó a develar cuál es el  proyecto y plan de acción a seguir para el último sector costero de la ciudad que aún resta por reconvertir y desarrollar. Allí, el intendente Miguel Lifschitz y la secretaria de Planeamiento, Mirta Levin, habían anunciado la propuesta de transformación, la cual se aspira a realizar en un plazo de 15 años, para la zona costera del río Paraná a la altura de la desembocadura del arroyo Saladillo, en el límite con Villa Gobernador Gálvez. Con esta iniciativa se busca en algún punto comenzar a cerrar un ciclo de transformaciones frente al río de una ciudad que en los últimos años y, a contramano de lo que había sido su larga historia, reimpulsó distintos sectores que históricamente habían estado desaprovechados.

Parte de esa iniciativa comenzó a ponerse en marcha hace dos semanas, cuando Lifschitz y su par de Villa Gobernador Gálvez, Jorge Murabito, suscribieron –como lo informara este medio– un convenio para comenzar a recuperar la desembocadura del Saladillo. El acuerdo, bajo el nombre de Plan Interjurisdiccional Metropolitano Cuenca Arroyo Saladillo, propone por un lado tratar de identificar zonas de la ribera como áreas de protección ecológica y ambiental, así como gestionar reservas de suelo para futuras transformaciones urbanas. Y por otro está previsto conformar un sistema de parques metropolitanos y regular los usos del suelo. De “abajo hacia arriba”, el proyecto contempla en concreto la remodelación integral del parque Regional Sur, con el mejoramiento de los accesos y las márgenes del arroyo, la ampliación de los espacios verdes tendientes a preservar las condiciones naturales del Saladillo, la rehabilitación del balneario Los Ángeles y el reordenamiento y rehabilitación de asentamientos irregulares.

En Shanghai, Levin también había anunciado que se trabajará junto con la provincia para administrar los vertederos de desagües residenciales y fabriles hacia el Saladillo que provienen desde “aguas arriba” y que provocan contaminación. También, como parte de los trabajos que el Estado ya está realizando, enunció que merced a un convenio con la Universidad Nacional de Rosario se desarrolla un estudio hídrico de toda la cuenca del Saladillo, para definir cuáles son las zonas no inundables y por lo tanto aptas para la urbanización.

El Estado abre el juego…

En rigor, este primer paso del plan, de exclusiva intervención estatal, responde a la política que desde hace años viene a aplicando el municipio en el resto de las zonas costeras y en otras puntos de similares características de la ciudad; el de intentar “liberar” un porcentaje mayor de esos terrenos al acceso público en las zonas verdes para esparcimiento y luego sumar emprendimientos gastronómicos y conexiones viales que “acompañen”.

“La idea es conformar un sistema en torno a la cuenca. En lo que refiere a la intervención estatal, lo que se busca es repetir la experiencia de, por ejemplo, el Parque Habitacional Ludueña”, explica Levin, para luego repasar que la cuestión de fondo en torno del proyecto para el extremo ribereño sur es lograr “el objetivo” de tener un “plan que dé orden” y así “se puedan tomar decisiones en el área”. “Con eso se pude pensar en perspectiva de corto, mediano y fundamentalmente largo plazo” agrega.

…y atrás llegan los privados

Lo cierto es que detrás de la intervención estatal vendrá el interés (o no) de los privados. “Toda puesta en valor de algún área de la ciudad atrae inversiones. Es el Estado el que direcciona. Éste es hoy el último sector de la costa que queda disponible y por desarrollar”, explica Javier Grandinetti, el titular de la Cámara Inmobiliaria de Rosario (Cadeiros), quien al instante agrega que “se ha planificado y se ha invertido en las costas del norte y en el centro. Siempre estuvo un poco relegado el sur. Era una cuestión pendiente”.

Desde el municipio apuntan a “estimular” a los privados con proyectos que van en dos direcciones. Por un lado, desde el punto de vista de la gastronomía, la idea es impulsar un mercado de “productos artesanales”, mientras que, por otro, en el Ejecutivo estiman que el extremo sur será propicio para atender con más guarderías náuticas la sobredemanda que hoy existe en la ciudad en ese rubro.

En torno del proyecto gastronómico, Levin explicó que están intentando “motivar” a los propietarios del frigorífico Swift para que lleven a cabo en las viejas instalaciones en desuso que tienen en la desembocadura al Paraná del arroyo Saladillo algunas transformaciones ya que, creen las autoridades, hoy están “muy desaprovechadas”.

“La idea es que abran sus instalaciones al público. Y esto puede ser mediante un uso de la misma empresa mejorándolas. Por ejemplo, podrían tener un restaurant o productos que la propia empresa produce y así se muestren. O bien también podría  aprovecharlas un tercero, con una concesión. Desde el punto de vista arquitectónico esos viejos edificios tienen hoy un importante valor patrimonial, marcado a fuego por la fuerte tradición frigorífica de la zona”, describió la secretaria de Planeamiento.

Igualmente, la funcionaria estima que la mayor cantidad de inversiones tal vez pueda llegar por el lado de las guarderías náuticas. “Ése es un sector que en la ciudad  no está explotado todavía”, sostuvo.

En concordancia con Levin, Grandinettí explicó que el interés por cobijar embarcaciones puede llegar a darse sobre todo “arroyo abajo”, en la “desembocadura del Saladillo”. “Ahí, con el tiempo, pueden surgir inversiones ya que hay una sobredemanda muy marcada”.  Según registros que tienen en la sede local de Prefectura Naval, en los últimos años en Rosario se registró una importante expansión del parque náutico: en concreto, hoy hay unas 10 mil embarcaciones registradas, abarrotadas en sólo 24 guarderías.

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