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El trabajo, entre el sueño y el ocaso

La directora Susana Hornos habla de “Almacenados”, la obra de David Desola que protagonizan Horacio Peña y Juan Luppi, que este viernes se presenta en Rosario


La cultura del trabajo, la vocación, el deseo y la entrega, el sueño de tenerlo y la angustia de perderlo. El dramaturgo, escritor y guionista español David Desola, autor de, entre otras, Un charco inútil y No se elige ser un héroe, plantea en Almacenados, obra que este viernes se presenta con una única función en La Comedia, una serie de conjeturas en un tono por momentos beckettiano acerca de lo que representa el trabajo, y confronta sueño y ocaso a través de dos personajes arquetípicos que, como los de Esperando a Godot, navegan entre las contradicciones de una tragicomedia con un tono contemporáneo.

El señor Lino, interpretado por el gran Horacio Peña, tiene cinco días para enseñar al joven NIN, recreado por el talentoso Juan Luppi (el nieto del recordado Federico), el trabajo que estuvo a su cargo por 39 años. Pero nunca termina de quedar claro qué es lo que tendrá que hacer, porque en definitiva ese proceso es una excusa para hablar de la rutina y del paso del tiempo, pero sobre todo, de la necesidad de trabajar en las miradas confrontadas de dos generaciones muy opuestas.

“La tarea que tendrá que hacer el joven NIN se vuelve algo absolutamente anecdótico porque para mí lo que prima en esta obra es esa sensación de pertenencia frente al trabajo que tiene Lino, que representa lo que era antes el trabajo, lo que significaba esa fábrica o ese lugar en el que trabajabas, donde arrancabas a los 17 años y te jubilabas ahí; eso ya no pasa”, expresó la directora Susana Hornos, española pero radicada hace algunos años en la Argentina, acerca de este material que si bien tiene algunos años y se hizo mucho en México, Costa Rica y Brasil, además de España, queda legitimado en el presente por su contundente vigencia, sobre todo en un país como Argentina donde tener trabajo se convirtió casi en una utopía.

“Antes, hace muchos años, en ese señor dueño-empresario-empleador, había para con sus trabajadores algo casi paternalista, y eso ya no es así, porque hoy, si tenés la suerte de tener trabajo, nadie sabe con certeza si estarás tres años, tres meses o tres días, han cambiado las relaciones laborales y por lo mismo, también las familiares; no es lo mismo tener un trabajo fijo y saber que vas a tenerlo siempre y así planificar tu vida, que tener que enfrentarte cotidianamente a la falta de trabajo o la pérdida”, expresó la directora, que también estimó que han cambiado las relaciones de poder.

“Al mismo tiempo que el trabajo fijo nos vuelve esclavos, por ese miedo que tenemos a enfrentarnos al poder del amo, aparece fuertemente eso que tiene NIN, que es esa especie de libertad y de no importarle demasiado nada que es muy propia de los jóvenes de ahora. En ese sentido, se plantean hoy otros modos en los vínculos laborales: estamos todos muy expuestos y el patrón de turno nos puede dejar en la calle cuando se le da la gana”, evaluó Hornos.

Desafío actoral

Al mismo tiempo que Horacio Peña dispone de una serie de recursos infalibles para dar vida a las luces y oscuridades que transita el señor Lino, un hombre atildado y en retirada que se aferra al pasado, el joven y talentoso Juan Luppi impone una frescura no exenta de madurez a su personaje. “La dinámica que entablaron los actores –continuó la directora–, y es algo que puedo decir porque veo todas las funciones desde la cabina, es impresionante, se ha creado una dupla maravillosa; hay un ritmo con los cuerpos, con las palabras, con la escucha, con las miradas que ha hecho crecer mucho la obra, y eso no es algo que pase frecuentemente. Suele haber muy buenos actores que después en escena no comparten esa música, y para mí, entre ellos dos, está la partitura completa. Y sobre todo puedo hablar de esto con el correr de las funciones, porque no improvisan, dado que la obra es un reloj, pero sí tienen esas pequeñas libertades que llevan a lugares que generan incertidumbre y eso es algo que la mantiene muy viva”.

Dentro de la lógica de estos dos personajes también se perciben otros vínculos, como el de un padre con su hijo o el de un maestro con su aprendiz. “Es muy paradójica esta obra en la Argentina de hoy, porque es la historia de un hombre al que obligan a jubilarse, que debe enseñarle su trabajo a un joven aprendiz, toda su sabiduría de casi cuarenta años de trabajo transmitirla en cinco días”, evaluó Hornos. Y completó: “Aparece la diferencia generacional, el mundo de la jubilación, el del trabajo y sus rutinas, y también una serie de sorpresas, pero básicamente la obra hace hincapié en esas dos realidades, la del joven y la del hombre mayor, entre lo humano y lo laboral, sin dejar de lado el humor, que es un gran acierto de David Desola, porque es un humor que no se da desde el gag sino que parte de situaciones que incluso por momentos parecen patéticas y hasta inverosímiles pero que finalmente podemos pensar que pasan y que ese personaje no es alguien que nos resulta tan ajeno. Es común que al final de las funciones se nos acerque gente y nos diga «yo conozco a un señor Lino»”.

Para agendar

Almacenadosse presenta este viernes, a partir de las 21, en una única función en La Comedia, de Mitre y Ricardone, con entradas populares.

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