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ENTREVISTA

“El trabajo asociado es una alternativa eficaz al trabajo en relación de dependencia y al autónomo”

El presidente de la Alianza Cooperativa Internacional, Ariel Guarco, describe las virtudes de la ESSP (**) señalando que su desarrollo permite democratizar la economía como respuesta a la concentración económica, origen de la desigualdad social, y construir desde las necesidades de las personas


Juan Pablo Sarkissian / Juan Aguzzi

¿Cómo impacta el desarrollo de la ESSP en el desarrollo económico de una región y/o del país?

–La economía solidaria básicamente está basada en un modelo de  empresas democráticamente controladas por sus asociados en calidad de trabajadores, productores o usuarios, que tienen por objetivo responder a sus necesidades a través de la ayuda mutua.

En otras palabras, no son empresas al servicio del capital, sino al servicio de las necesidades y aspiraciones de las personas.

Entonces, creo que cuanto más desarrollo haya de la economía solidaria, habrá más economía construida desde las necesidades y aspiraciones de las personas, y no desde el interés del poder económico. Por lo tanto, habrá más igualdad, más cuidado del ambiente, más desarrollo y más inclusión social.

 En este sentido, ¿qué posibilidades tiene de incidir sobre las desigualdades generadas en el marco de una sociedad capitalista?

–Las cooperativas nacieron como respuesta a las desigualdades que genera la sociedad capitalista. Las primeras fueron resultado de trabajadores que, frente a las enormes desigualdades que provocaba la revolución industrial en el siglo XIX, adoptaron la estrategia de organizar empresas que respondieran a sus necesidades y no a la ganancia de unos pocos. Similar origen han tenido todas las formas de la economía solidaria.

Su aporte frente a la desigualdad es múltiple. Las cooperativas de consumo y proveedurías mutuales defienden a sus asociados frente a los abusos de los agentes más concentrados de intermediación, y pueden generar canales alternativos de comercialización para los productores y mipymes que también son víctimas de los oligopolios.

Las cooperativas agropecuarias defienden el interés del pequeño productor y procuran que el agregado de valor llegue a sus familias; los bancos cooperativos y otras entidades financieras de la economía solidaria ponen los ahorros de la comunidad al servicio del desarrollo local y no de los capitales especulativos que hoy hegemonizan la economía global.

Las cooperativas de vivienda producen hábitat al servicio de las familias y no de la especulación inmobiliaria. Las cooperativas de trabajo ponen el fruto del trabajo –en manos de los propios trabajadores. Las nuevas plataformas cooperativas que estamos impulsando desde la ACI a nivel global, y en Argentina desde el sector cooperativo y mutual organizado, con el acompañamiento del Inaes, tienen como objetivo disputar al capital concentrado el espacio de la economía digital.

En suma, los distintos modelos de la economía solidaria permiten democratizar la economía como respuesta a la concentración económica, que es el origen de la desigualdad social.

 ¿Cuál debería ser el rol del Estado en la elaboración de políticas públicas que incluyan a la ESSP considerando su carácter social fundamental?

–Durante la última campaña electoral, desde Cooperar presentamos a los candidatos un documento que titulamos Aportes para un Plan Nacional de Desarrollo. Ahí sosteníamos la necesidad de transverzalizar la promoción de la economía solidaria en cada política pública.

Esto significa, entre otras cosas, que el Banco Central debe promover la formación de entidades financieras democráticamente controladas por la comunidad. No alcanza con regular al sistema financiero, hay que llenarlo de actores al servicio de las personas. La agresión que acaba de recibir el Banco Credicoop es demostrativa de los intereses que se juegan en ese terreno.

En el mismo sentido, las políticas de defensa del consumidor deben incorporar la promoción de la organización cooperativa y mutual de los consumidores. Las políticas de vivienda deben apoyarse en la organización de la propia comunidad para resolver el déficit habitacional, saliendo de la trampa de “desarrolladores” que no representan sus intereses.

La incorporación de esta mirada en los planes del ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat es alentadora, por cierto. El ministerio de Educación debe incluir la educación cooperativa y mutual en las currículas, lo que es una obligación legal incumplida desde 1964.

El ministerio de Trabajo tiene que garantizar la protección del trabajo asociado, no solo del trabajo en relación de dependencia. La Secretaría de Energía y las políticas de protección del ambiente deben apostar a las cooperativas de servicios públicos para que la promoción de la energía renovable se realice desde una lógica solidaria y de servicio, no solamente en términos lucrativos.

En definitiva, cada política pública debe expresar una alianza firme con las iniciativas, los actores y herramientas de la economía solidaria.

 

 ¿Qué relación existe entre la ESSP y los territorios?

–La pandemia ha vuelto a poner en evidencia las fragilidades sociales y ambientales que tiene este modelo de globalización hegemonizado por el capital financiero. La economía ha perdido su anclaje con el territorio.

Por eso, es necesario construir una nueva economía, pensada desde los intereses y las necesidades presentes en cada territorio. Si ese es el objetivo, los modelos de la economía solidaria son imbatibles.

La economía solidaria no se muda ni fuga capitales, porque está controlada por actores enraizados en su territorio. Es fundamental que la riqueza generada por los productores y trabajadores quede en cada una de sus localidades, que sus ahorros respondan al interés del territorio, que cada peso que consumen se traduzca en bienestar de su comunidad.

En Cooperar lanzamos hace algunos años la Red de Municipios Cooperativos, que busca favorecer el diálogo entre las cooperativas y los gobiernos municipales. En el mismo sentido, desde el Inaes se está promoviendo la organización de Mesas del Asociativismo y la Economía Social en el ámbito municipal.

¿Qué rol ocupan las “recuperadas” en el universo de la ESSP?

–La recuperación de empresas a través de la organización de cooperativas de trabajo en nuestro país tiene antecedentes desde mediados del siglo pasado, y ha significado una experiencia muy importante a partir de la crisis de 2001.

Creo que ha permitido un aprendizaje extraordinario para los trabajadores e incluso ha tenido repercusiones en el exterior. En mi rol de presidente de la ACI, he corroborado que el mundo mira con mucho interés esta experiencia y tenemos, de hecho, muchas consultas en este sentido.

Aprovecho para subrayar que este aprendizaje, con sus aciertos y sus errores, puede ser muy importante ante la crisis provocada por la pandemia. El modelo cooperativo puede ser una herramienta muy útil para garantizar la continuidad de muchas empresas.

Esto no necesariamente tiene que ser una situación conflictiva, como la que estamos acostumbrados a ver en procesos de quiebras originadas en el abandono empresario.

Para esto podemos voltear la mirada y ver algunas experiencias foráneas. En Europa, por caso, hay políticas públicas que acompañan los procesos de sucesión de empresas familiares donde los dueños históricos no tienen posibilidad o no tienen interés en dar continuidad a las empresas.

También podemos pensar en otros modelos de la economía solidaria más allá de las cooperativas de trabajo. Es muy interesante en ese sentido la experiencia de recuperación de empresas en Canadá, a través de cooperativas donde también participan los consumidores y/o los productores, o los propios municipios.

Es lo que se llama cooperativa de múltiples partes interesadas. Algo así como lo que se sugería en la película La Odisea de los Giles, donde distintos actores de una misma localidad quieren poner algo para reactivar un proyecto productivo que termine beneficiando a todos.

 ¿Por qué aún existe el supuesto que la ESSP es un “atajo” ante la pérdida de la fuente laboral?

–Luego de la crisis de 2001 muchos trabajadores pasaron a formar parte de cooperativas de trabajo constituidas como procesos de recuperación de empresas, o como producto de programas de gobierno para la inclusión social.

No fueron situaciones elegidas. Esto ha hecho creer a muchos que la economía solidaria es un lugar a donde se “cae” provisoriamente, hasta tanto puede incorporarse nuevamente como empleado a la economía “real”.

Nuestra tarea es demostrar que el trabajo asociado es una alternativa al trabajo en relación de dependencia y al trabajo autónomo, y que tiene una enorme potencialidad para generar condiciones dignas en todo sentido, desde garantizar un ingreso justo hasta la satisfacción de ser dueños del propio destino.

Esta es la experiencia de muchos trabajadores en Argentina y en el mundo. De acuerdo a los datos con que contamos en la ACI, en el mundo hay 374 mil cooperativas de trabajo asociado, con 20 millones de trabajadores.

Esto incluye desde pequeñas cooperativas para incluir socialmente a personas migrantes hasta grandes empresas industriales, líderes del mercado, como el Grupo Mondragón, en el País Vasco, que cuenta con 67 mil asociados.

Sin embargo, para que efectivamente el trabajo asociado sea más que un “atajo”, en Argentina debemos garantizar las condiciones para que ello ocurra. En particular, necesitamos una Ley de Cooperativas de Trabajo, protección social equivalente a la del trabajo asalariado y una efectiva oferta de financiamiento para todos aquellos hombres y mujeres que quieran apostar a la autogestión.

 ¿Cómo deberían ser las relaciones entre las estructuras sindicales y la ESSP?

–Gran parte de la economía solidaria es resultado de la iniciativa conjunta de los trabajadores asalariados y de sus organizaciones de representación, los sindicatos. No por casualidad las dos principales experiencias del cooperativismo de consumo en nuestra historia local se llaman El Hogar Obrero y la Cooperativa Obrera.

Respecto a las cooperativas y mutuales de salud, de vivienda, de ahorro y crédito, de servicios esenciales, de consumo, ha sido categórico el papel de los trabajadores asalariados, aquí y en el mundo.

La relación de los sindicatos con el caso particular de las cooperativas de trabajo ha sido más compleja. Se trata de dos caminos alternativos para la defensa de los derechos del trabajo.

En el caso de los sindicatos la estrategia es la negociación colectiva, en el caso de las cooperativas lo es el control del proceso de producción a través de una empresa propia. Ambas estrategias deberían ser convergentes, pero no han faltado conflictos.

Creo que en gran parte este debate se saldó en la Organización Internacional del Trabajo, un organismo donde están representados los estados, las cámaras empresariales y los sindicatos.

Allí se acordó, con el consenso de las organizaciones sindicales internacionales, la recomendación de que los sindicatos promuevan la organización cooperativa (incluyendo las cooperativas de trabajo) y que los trabajadores de las cooperativas de trabajo se asocien a los sindicatos.

Este consenso está reflejado en la Recomendación 193, aprobada por la OIT en 2002.

En nuestro país hemos avanzado mucho en este terreno, no sólo por experiencias positivas de larga data entre cooperativas y sindicatos, sino también por la emergencia y organización de un importante sector de trabajadores de la economía solidaria, que hoy han sabido construir una sólida interlocución con las organizaciones sindicales.

Hay sindicatos que impulsan la recuperación de empresas en crisis a través del modelo cooperativo, pero muchos aún son reticentes a elegir esta opción.

De cualquier manera, tenemos una gran expectativa en el diálogo entre Cooperar y las organizaciones de integración específicas del movimiento cooperativo de trabajo con el mundo sindical.

Nunca debemos olvidar que la Asociación Cooperativa de Trabajadores de la República Argentina, primera federación de cooperativas de trabajo, fue constituida en la sede de la CGT, bajo la presidencia honoraria del entonces presidente de la Nación, Juan Domingo Perón.

(**) Economía social, solidaria y popular

 

Quien es:

Presidente actual de la Alianza Cooperativa Internacional, Ariel Guarco fue la máxima autoridad de la Federación de Cooperativas Eléctricas y de Servicios Públicos de la provincia de Buenos Aires (Fedecoba). Más tarde fue también presidente de la Confederación Cooperativa de la República Argentina (Cooperar), organismo cúpula del cooperativismo argentino. Además, entre noviembre de 2014 y octubre de 2018, ejerció la vicepresidencia segunda de Cooperativas de las Américas.

 

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