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El rito del calendario floral

El almanaque del parque Independencia es un lugar clásico que eligen novios y quinceañeras para inmortalizar un día especial. Pero también encierra historias de magia negra, vandalismo y motochorros.

Desde 1946 en la ochava del bulevar Oroño y Morsillo, donde está el laguito del parque Independencia, se encuentra el mítico calendario floral, que jardineros de la Dirección Municipal de Parques y Paseos renuevan cada día, antes de la salida del sol. Es un lugar emblemático, clásico de Rosario: hasta allí llegan quinceañeras y novios recién casados para dejar registrada –con el día, el mes y el año como escenografía– esa jornada especial.

Hace ocho años que Gabriel Godoy es uno de los responsables de cambiar la fecha. Trabaja junto a Laura Suárez y los mellizos Federico y Gabriel Gojman. Utilizan gajos de buxus, un arbusto resistente pintado de blanco sintético, para moldear los números y las letras.

Las anécdotas se suceden. “Llueva, truene, con frío o calor, la fecha se cambia, salvo que haya paro municipal, que es el único caso en que queda la fecha vieja”, comenta Godoy. Los cuatro trabajadores dependen del Jardín Francés, a cargo de Alberto Vázquez, quien se queja de que el “gran problema es la gente, que no cuida nada y pisa las plantas; los fines de semana, con la cantidad de gente que viene al laguito, los chicos se suben al calendario y hacen desastres, juegan mientras los padres toman mate y no dicen nada”.

Entre las cosas más insólitas que les ocurrió a los jardineros cuando llegan al lugar para hacer el cambio de fecha,  son las cosas que encuentran. “Cenizas de muertos o cajas con velas adentro, papel glasé o cogotes de gallinas, gente que ha realizado alguna macumba o magia negra”, relata uno de los empleados.

Ricardo Suárez trabajó 15 años en el calendario y  dice que a él le gustaba hacer el cambio de fecha a la madrugada. Y también tiene una anécdota: “Una madrugada, como a las 4, venía una chica en moto llorando; la había dejado el novio y yo le hice de oreja, se desahogó conmigo…”.

Suárez asegura que los fines de año hay más trabajo porque hay que cambiar fecha, día, mes y año: “Comenzaba el trabajo a las 23 y ya había gente que se arrimaba con reposeras y esperaba el año nuevo ahí. Algunos me daban una mano y después brindábamos juntos, muy buena onda. El problema es cuando vienen los borrachos tristes que amenazan con tirarse al laguito, pero les hablás un rato, se calman y se pierden por Oroño…”.      

Cuando llegan las fechas patrias (25 de Mayo, 20 de Junio y 9 de Julio) el calendario se cubre con gajos celestes y blancos. “Una vez nos pasó que la fecha quedó del día anterior por un desacuerdo entre nosotros: uno creía que el otro se encargaba del cambio y al revés, por suerte no pasó nada”, apunta Godoy, quien sostiene que para él, el trabajo “es una terapia”.

En horas de la tarde no hay vigilancia “y la gente hace cualquiera”, sostiene Vázquez, responsable del Jardín Francés. “El mes pasado pusimos 200 rosas nuevas y se robaron más de 50, ahora repusimos las 50 y ya faltan 20. Son personas que vienen en buenos autos, se bajan, cortan y se van”, relata molesto. Sin embargo, los mismos empleados aseguran que le ponen “onda” a las quinceañeras porque en el lugar donde va el día ponen “el nombre de la chica y se van contentas.”

El responsable de Espacios Verdes de Parques y Paseos, Ramón Farrugio, fue otro de los que durante años cambió el calendario, tarea que también realizaron su hermano y su hijo: “Todos los que salimos de la Escuela de Jardinería hemos pasado por el calendario. Hace muchos años había moldes de chapa y ahí se colocaban los plantines. Recuerdo haber tenido que reponer rápidamente la fecha, porque en vísperas de algún clásico la hinchada de Central nos cambiaba el almanaque colocando alguna fecha alusiva a su historia contra Newell’s”, evoca.

En 2007 hubo remodelaciones en el laguito, en la columnas griegas con luminarias y también se mejoraron los canteros y taludes donde está el calendario floral. “Quedó mucho mejor que antes, pero la gente no cuida, le encanta venir y sacarse fotos, pero pisa o roba los gajos para tener de souvenir”, agrega Vázquez, quien describe sobre el arbusto buxus que “su fortaleza es tal, que va más allá del tema del frío, crece muy bien en cualquier tipo de suelo y soporta estoicamente las podas que sean necesarias, ideal para setos y división de sectores”.

Los trabajadores municipales aseguran que, además, “es muy común” encontrar tarjetas de crédito, documentos de identidad o carpetas que “tiran por el Parque los motochorros que roban en la zona de Tribunales: arrebatan carteras y los documentos aparecen por acá”.

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