El Hincha, fpt

Mundial Femenino

El regreso de una selección que hizo historia en los Mundiales

Argentina volvió de su participación en Francia, en el cual rescató sus primeros dos puntos en una cita mundialista, y fue recibida por una multitud que tiñó el aeropuerto de Ezeiza de celeste y blanco


El mejor recibimiento. Las chicas volvieron del Mundial y una multitud las esperó en Ezeiza

“Si pasamos a octavos de final sueño con un aeropuerto lleno de gente cuando volvamos”, expresó Belén Potassa en la previa del partido con Escocia en suelo francés. La clasificación finalmente no se concretó, pero Potassa cumplió parte de ese anhelo. Ayer aterrizó el vuelo que trajo a la delegación argentina desde París y Ezeiza se pintó de celeste y blanco. Muchos y muchas hinchas albicelestes se acercaron desde temprano para recibirlas a ellas, las Guerreras, las que viajaron al Mundial con pocos flashes y volvieron firmando autógrafos. El empate del miércoles en el Parque de los Príncipes más el triunfo de Camerún el jueves decretó el final de la participación del combinado nacional pero el inicio de algo imparable.

Para dimensionar la importancia que tuvo esta Copa del Mundo para el fútbol femenino hay que mirar para atrás. La selección volvía a una cita mundialista después de 12 años sin competir. Desde esas participaciones en 2003 y 2007, en las que Argentina no pudo sumar puntos, pasaron muchas cosas: un desarme del plantel y cuerpo técnico, paro de jugadoras, reclamos laborales en privado y en público, inicio en la profesionalización de la liga nacional y principalmente el apoyo de la gente.

Mientras en Francia las jugadoras practicaban y competían, las redes sociales se inundaban de fotos de escuelas transmitiendo los partidos, de gente parada en las veredas viéndolo por el televisor de los negocios, las tapas de los grandes medios de comunicación o los programas televisivos en horarios centrales hablaban de ellas. La clave de este Mundial estuvo en la lucha, la garra de las jugadoras y en la visibilización.

En la previa del Mundial, el grupo indicaba que iba a ser difícil: Japón, actual subcampeón; Inglaterra, siempre protagonista y Escocia, debutante en este tipo de torneos. En los alrededores del Parque de los Príncipes, a horas del partido con las niponas, ya se murmuraba “el empate es triunfo”. Y así fue cómo se festejó, porque los empates también se festejan, más cuando significan el primer punto en la historia de los Mundiales.

Ya en Le Havre, al ser una ciudad más chica que París, el ambiente era distinto. Muchas camisetas argentinas caminando por las calles y en los colectivos gratuitos que partían desde la estación de trenes rumbo al estadio. Uno tuvo pasajeras de lujo: Las Pioneras, aquellas jugadoras que en 1971 en un Mundial no oficial disputado en México, le ganaron 4-1 a las británicas. Protagonistas de una historia que estuvo tapada durante mucho tiempo. Esta vez iban a estar en las tribunas alentando a la selección. Emocionadas, cantaban, bailaban, se sacaban fotos y festejaban poder estar allí. El 1-0 en desventaja ante Inglaterra tampoco tuvo sabor a derrota. Las redes sociales seguían mostrando mensajes de apoyo a las jugadoras. Y Vanina Correa, la arquera rosarina que en Francia jugaba su tercer mundial, se consagraba en figura del partido y en tendencia nacional. Eso era un triunfo.

La ilusión se mantenía hasta el último partido. Escocia en el Parque de los Príncipes era el rival a vencer para clasificar a octavos. Los nervios jugaron adentro y afuera de la cancha. Creo que ni el más optimista hubiera pensado que el 3-0 en contra se podía remontar. Pero, es fútbol. Otra vez, la garra y la lucha de las jugadoras equilibraron la desventaja en el marcador y en el físico, y lograron revertirlo. El penal de Florencia Bonsegundo que decretó el 3-3 y que incluyó la utilización del VAR y la repetición desde los doce pasos se gritó en todas las tribunas, aunque eran mayoría de escoceses, y también en el sector de prensa, el puñado de periodistas que viajamos a cubrir la Copa del Mundo (muchos de ellos precarizados), no pudimos contener la emoción y también lo gritamos.

El empate no alcanzó para clasificar, pero sirvió para demostrar que de ahora en más el femenino llegó para quedarse, para demostrar que la lucha siempre sirve.

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