El Hincha

#ClásicoRosarino

El Monumento y el Gigante, sede de la euforia canalla

Para las siete de la tarde unos dos mil hinchas de Central celebraban la victoria en el Parque a la Bandera, después de haberse reunido en esquinas del centro y el macrocentro para peregrinar hacia el ícono rosarino. En Arroyito, bien cerca del Gigante, había otro foco del carnaval auriazul


Producción fotográfica: Alejandro Guerrero.

Apenas el árbitro tocó el silbato que marcó el final del clásico en Sarandí, a 300 a kilómetros cientos de mujeres y hombres hinchas de Central empezaron a salir a las calles de Rosario. De bares, casas y lugares de trabajo, en moto, auto, bicicleta o a pie se juntaron primero en distintas esquinas de la ciudad, como en Génova y Avellaneda, a pocos metros del Gigante de Arroyito, para llevar los festejos al Monumento a la Bandera.

Las palabras costumbre, tradición, trámite y clásico fueron las más repetidas por los canallas para definir el triunfo sobre Newell’s por los cuartos de Copa Argentina. También cargaron contra la decisión de la AFA de hacerlo sin público. “La ciudad demuestra cada vez que sale a festejar que se puede hacer con hinchas. Los días de clásico se movilizan miles y miles de personas en la calle y los incidentes son mínimos y controlables, como pasa en casi todas las convocatorias populares. Pasa en las movilizaciones de mujeres también y es una fiesta. Es una cuestión de voluntad política”, dijo Laura, de 28 años.

Uno de los grupos auriazules comenzó a conformarse en Moreno y el río, frente a un minimarket. Muchos llegaron con la camiseta puesta y otros, recién salidos de trabajar, se la pusieron en la calle. En cada esquina sonaron los cánticos y bocinazos. En el Monumento la hinchada coreó sin parar, con una mayoría de cánticos dedicados al tradicional rival. El más escuchado fue “hijos nuestros morirán”; pero también “un minuto de silencio para Newell’s que está muerto”. El festejo convocó a mujeres y hombres por igual, de todas las edades, en familia, en pareja, con grupos de amigos y amigas.

Dos chicas de 25 y 35 años contaron que juegan al fútbol y que son fanáticas del Canalla desde que nacieron. “Ganar el clásico es un clásico”, dijeron a El Ciudadano sobre lo que en los últimos años parece una costumbre. A pocos metros, otras dos hinchas con camiseta mostraron el pañuelo verde símbolo de la lucha por el aborto legal. “Central es la maternidad y paternidad deseada”, dijeron en alusión una de las consigas que resonó este año durante el debate en el Congreso.

Foto: Alejandro Guerrero

Sergio, de 42 años, llegó con Francisco, su hijo de seis años que vio el partido en la escuela con sus compañeros de primer grado. “Vinimos a festejar al monumento como siempre que nos toca jugar contra Newell’s, es una constante para nosotros”, contó Sergio. Sobre el clásico sin público opinó: “Es una vergüenza. Desde la política nacional quisieron dejar mal parado al gobierno de Santa Fe. Sacarle a la ciudad el clásico, hacerlo jugar sin público un jueves a las 15.30 es una chicana. Creo que cualquier provincia como la nuestra puede recibir un clásico. Es el colmo que nuestros gobernantes no puedan asegurarnos un partido de fútbol”.

Foto: Alejandro Guerrero

Al Monumento llegaron apenas terminó el partido. Para las 19 ya eran más de dos mil. Los puestos de venta de merchandising se mezclaron con las banderas, las bombas y las bengalas. Hasta entonces era una verdadera fiesta popular, con hinchas renovándose y un rumor que se esparcía entre la multitud: “Nos vamos a Arroyito a festejar al Gigante”. Allí también la calle era un carnaval.

Video gentileza: Sebastián Stranieri

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