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El mito del eterno retorno: Argentina regresa al FMI

La apertura de negociaciones con el Fondo Monetario Internacional, anunciada por el presidente Mauricio Macri el martes pasado, en torno a la concesión de un nuevo crédito de la institución evoca, sin lugar a dudas, el mito del regreso infinito tantas veces ensayado por Jorge Luis Borges.


José Fernández Alonso

La apertura de negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), anunciada por el presidente Mauricio Macri el martes pasado, en torno a la concesión de un nuevo crédito de la institución evoca, sin lugar a dudas, el mito del regreso infinito tantas veces ensayado por Jorge Luis Borges. En efecto, cual reflejo de la circularidad del tiempo subyacente en aquel mito, el país vuelve a solicitar recursos al organismo luego de dieciocho años, reavivando una relación que para buena parte de la sociedad argentina había quedado anclada en el pasado, concretamente, en los primeros días de 2006, cuando la administración de Néstor Kirchner efectivizó el pago de toda la deuda del país con el FMI.

Si bien las negociaciones se encuentran en sus etapas iniciales y se tienen pocas certezas respecto al derrotero que seguirán en las próximas semanas, es posible realizar una serie de consideraciones preliminares para desentrañar el escenario –tanto macro como micro político-económico– en el que se desenvuelven las tratativas del gobierno nacional con el organismo.

Reputación promercado

En primer término, conviene advertir que la inauguración de las negociaciones con el FMI se inscribe dentro de una estrategia de inserción internacional, la cual concibe a la recomposición de vinculaciones con el organismo y demás agentes del sistema financiero internacional como una de sus directrices centrales. Decidido a marcar distancia con las administraciones predecesoras, el gobierno presidido por Macri desplegó desde sus primeros días en la gestión un sinnúmero de discursos y acciones tendientes a ganar reputación “pro-mercado”. Bajo esta lógica, se resolvió la vuelta de las misiones de monitoreo o supervisión del organismo, dispuestas en el artículo IV de su Convenio Constitutivo.

Manifestación inexcusable de la tregua sellada entre organismo y las administraciones kirchneristas, la interrupción de estas misiones suponía una verdadera anomalía institucional. Esto es así ya que si bien había saldado todos sus pasivos con la institución y desistido de solicitar nuevos créditos aún en coyunturas de urgencias financieras, la República Argentina no renunció nunca al FMI, y por tanto, a los compromisos derivados de su membresía. Lo cierto es que el regreso de estas misiones, concretado en noviembre de 2016, revalidaron el rol de la institución en tanto consejero y “acreditador” de políticas económicas a escala global. Precisamente, en el marco de la última misión de noviembre de 2017, los funcionarios del organismo repararon sobre la necesidad del país de avanzar en el ajuste fiscal, la flexibilización laboral y la reforma del régimen jubilatorio. Por cierto, puntos que presupone se transformarán en condicionalidades para la concesión del crédito en negociación.

Apuesta de alto costo

En segundo término, es necesario advertir que las tratativas actuales entre el país y el organismo se contextualizan en un incremento de la incertidumbre político-económica tanto en el plano nacional como internacional. En lo que respecta al plano doméstico, se impone remarcar que la resolución de Macri de solicitar un nuevo préstamo al organismo supone una apuesta de altos costos –tanto simbólicos como materiales–, a la que se accede después de haber agotado soluciones de menor calibre. Al respecto, y tal como marcan los sondeos de opinión, se trata de una decisión fuertemente rechazada por una porción significativa de argentinos, al reposicionar en el centro de la escena a un actor identificado como uno de los grandes responsables de las crisis política-económicas del país, muy particularmente, del colapso de 2001/2002. Por otra parte, la solicitud de asistencia al organismo se presenta como una salida radical frente a la pérdida creciente del “poder de fuego” de las autoridades económico-monetarias nacionales para saldar y/o revertir las inquietudes de los mercados en torno a la sostenibilidad de un programa económico apremiado de endeudamiento para financiar déficits fiscales y de Balanza de Pagos cada vez más abultados. Habida cuenta de lo radical de la opción, surgen inquietudes respecto a qué deparará el escenario político-económico en caso de no prosperar la negociación. Más (o peor) aún, qué resultará del caso, que aún aprobado el crédito, no se logren torcer las dudas que se ciernen sobre el programa económico y la administración Macri para conducir el proceso presente.

El paso del tiempo

El aumento de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal norteamericana sumado a la agudización de las tensiones político-comerciales entre Estados Unidos y la República Popular China (RPCh) no hace sino complejizar el escenario para el país, al cercenar y encarecer las fuentes de financiamiento externo. Precisamente, durante las últimas horas, la administración nacional conoció el respaldo explícito de los gobiernos de estos Estados, claves en el directorio del Fondo.

Desde el anuncio de la solicitud del nuevo crédito, los funcionarios del gobierno nacional del organismo se empeñaron en marcar que se tratan de negociaciones entre actores que cambiaron, mutaron con el paso del tiempo. El curso de las próximas semanas y los términos en los que se suscriba el eventual acuerdo de préstamo marcarán si este regreso logra torcer aquel destino planteado por Borges de circular de ruina en ruina.

Docente de la UNR y UCA, investigador de Conicet

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