El Hincha Mundial

Suiza 54

El Milagro de Berna


Uno de los momentos más recordados en la historia de los Mundiales es la final de Suiza 1954, que enfrentó a la favorita Hungría con Alemania, en lo que se conoce como “El Milagro de Berna”, ciudad donde se jugó el cotejo decisivo.

El favoritismo era total para los húngaros, ya que en la primera fase del torneo golearon 8-3 a su rival de aquella final. Incluso el equipo de Sándor Kocsis y Ferenc Puskás se puso adelante en el marcador 2-0 antes de los diez minutos de la etapa inicial. Sin embargo, llegó la increíble reacción de los teutones, que dieron vuelta el partido y se terminaron imponiendo 3-2 en los minutos finales por el tanto de Helmut Rahn.

La victoria de Alemania Occidental provocó un júbilo más que necesario en ese país a nueve años después del fin de la Segunda Guerra Mundial. Este acontecimiento deportivo ayudó al denominado milagro económico alemán, que permitió el surgimiento de la República Federal de Alemania, además de incrementar el espíritu nacionalista y la autoestima en la gente.

Ese recordado equipo húngaro, conocido como “los violinistas Magiares”, comenzó a vislumbrarse en los Juegos Olímpicos de Helsinski de 1952, donde intervinieron 25 selecciones, y Hungría ganó la medalla de oro al vencer 2-0 en la final a Yugoslavia. Luego, este gran equipo se desmembró por la revolución que hubo en el país en 1956. Allí ya brillaron jugadores de la talla de Puskás, Zoltán Czibor, Sándor Kocsis, József Bozsik y Nándor Hidegkuti, entre otros.

Como ocurrió con Benito Mussolini en los Mundiales que Italia ganó en 1934 y 1938, los futbolistas húngaros tuvieron en esos Juegos Olímpicos la presión política ejercida por parte de Matyas Rakosi, quien fue el Primer Ministro comunista del país, con amparo stalinista, de 1945 hasta la Revolución de 1956.

La Argentina de Ángel Labruna y Rodolfo Micheli fue una de las grandes ausentes en el Mundial suizo. Alfredo Di Stefano volvió quedar fuera cuando la Federación Española no completó a tiempo los trámites para inscribir al recién nacionalizado crack del Real Madrid, aunque la Roja tampoco participó tras quedar afuera en el repechaje con Turquía, al empatar la serie y que la moneda cayera para el lado de los turcos, literal, en el sorteo que se realizó porque habían empatado.

 

El DT campeón: Sepp Herberger (Alemania Occidental)



Jossef Herberger jugó entre 1921 y 1925 para la selección alemán antes de ser nombrado en 1932 asistente del entrenador Otto Nerz. “Sepp” lo sucedió en la selección después de la eliminación prematura de los Juegos Olímpicos de Berlín 1936. Dirigió Alemania hasta 1964.

 

La figura: Helmut Rahn (Alemania Occidental)


El extremo teutón fue clave en la histórica remontada de su seleccionado en la final al anotar los últimos dos goles, uno a falta de cinco minutos para el cierre del encuentro. Ya le había anotado a Hungría en la fase de grupos, donde los húngaros se habían impuesto con autoridad 8-3.

 

El goleador: Sandor Kocsis (Hungría)


Sandor Kocsis marcó una era en el fútbol de su país, al brillar en una camada de fútbolistas entre los que sobresalió el mítico Ferenc Puskás. En el Mundial anotó 11 goles para ser el Botín de Oro del torneo. Con su selección convirtió 75 goles en 68 cotejos disputados.

 

La perla negra: Ferenc Puskas (Hungría)



Era el alma de su seleccionado y venía jugando un gran certamen, pese a una lesión que no le permitió jugar dos cotejos. En la final no mostró su gran nivel y los húngaros lo pagaron al perder la 3-2 ante Alemania, tras ir ganando 2-0 en los primeros diez minutos del encuentro culmine.

 

Curiosidades

El fútbol no queda exento a los avances tecnológicos de la época. Ocho países televisaron los partidos del Mundial: Alemania Occidental, Bélgica, Dinamarca, Francia, Holanda, Reino Unido, Italia y Suiza. El triunfo de Yugoslavia ante Francia figura en los registros como el primer partido de una Copa del Mundo en ser observado por televisión. Se estima que 4 millones de televidentes vieron los cotejos del certamen desde sus hogares.

 

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