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El mate, bebida nacional

De origen guaraní pero con cambios introducidos por los incas en la forma de tomarse, el mate fue declarado como la infusión argentina por el Senado. La yerba llega al 92 por ciento de los hogares del país.

El mate fue declarado como bebida nacional por el Senado argentino.
El mate fue declarado como bebida nacional por el Senado argentino.

El Senado de la Nación aprobó el proyecto que establece la declaración del mate como bebida nacional. La buena noticia se enmarca en la conmemoración del Bicentenario de la República Argentina. La propuesta presentada por el senador misionero Eduardo Torres, se fundamenta en que se trata de una infusión arraigada en la historia y cultura de los argentinos, con cientos de años de vigencia y en progresiva expansión. Y, aunque parezca un contrasentido en un país tan “matero” como Argentina, hasta ahora el “verde” no había sido declarado como bebida nacional.

Al enumerar los fundamentos de su proyecto, el senador explicó que “el conocimiento de la yerba mate se remonta a los albores de la cultura guaranítica” y que “inicialmente la yerba mate era aspirada por los chamanes en las ceremonias religiosas”.

De los guaraníes, los conquistadores aprendieron su uso y las virtudes que posee, e hicieron que su consumo se difundiera en todo el Virreinato del Río de la Plata. El área de producción de la yerba mate se restringe al Noreste de Corrientes, Misiones, Paraguay y Sur de Brasil, región con las condiciones ideales para su desarrollo.

En la Argentina es la bebida más consumida, sin distinción de clases sociales ni edades, ya que está presente en sus distintas modalidades en el 92 por ciento de los hogares del país. Y se ha comprobado fehacientemente los efectos beneficiosos de la yerba mate a partir de investigaciones científicas llevadas a cabo por casas de altos estudios en distintos países.

La Argentina es el principal productor mundial de yerba mate, y su producción se concentra en las provincias de Misiones y Corrientes abarcando una superficie de 200 mil hectáreas. Y totalizan alrededor de 18 mil productores yerbateros, 230 secaderos y 130 molinos elaboradores.

La forma actual de consumir la yerba en el mate fue tomada por los guaraníes del pueblo inca, que la adaptó ya que inicialmente se consumía como bebida fría. Más tarde, fue conformándose en un alimento básico de los aborígenes, que la usaban como bebida, sorbiéndola de calabacillas mediante bombillas hechas de cañas o también mascándola durante sus largas marchas. La yerba tenía en la cultura guaraní un rol social más allá del fin meramente nutritivo, pues era objeto de culto y ritual, a la vez que moneda de cambio en sus trueques con otros pueblos prehispánicos: los incas, los charrúas y aún los araucanos a través de los pampas, recibían yerba elaborada de manos de los guaraníes.

Caá en guaraní significa yerba, pero también planta y selva. Para el guaraní, el árbol de la yerba es el árbol por excelencia, un regalo de los dioses. Tomar la savia de sus hojas era para ellos beber la selva misma. De los guaraníes, los conquistadores aprendieron su uso y las virtudes que posee, e hicieron que su consumo se difundiera en forma extraordinaria al punto de organizarse un intenso tráfico desde su zona de origen a todo el Virreinato del Río de la Plata.

Más tarde los jesuitas introdujeron el cultivo en algunas reducciones. Sus misiones estaban distribuidas en la región que constituyen la provincia de Misiones, norte de Corrientes y sur de Paraguay y sudoeste brasileño, a fin de evitar las grandes distancias que los separaban de los lugares de producción. Ellos habían develado el secreto de la misteriosa germinación de las semillas de yerba, descubriendo que solamente germinan aquellas semillas que han pasado por el sistema digestivo de los tucanes. Pero en su expulsión, ocurrida en 1769, se llevaron con ellos el secreto, sobreviniendo el abandono de las plantaciones y perdiéndose la tradición del cultivo.

Aunque los jesuitas preferían tomar mate cocido en lugar de mate, fueron los grandes responsables de que la yerba fuera conocida en el mundo civilizado, en donde llegó a conocérsela como el “té de los jesuitas”. Más de medio siglo después, el famoso naturalista francés Aimé Bonpland inició los primeros estudios científicos sobre la planta de la yerba mate, su cultivo y sus usos. Dos años más tarde, en París el botánico Saint Hilaire clasificó a la yerba como llex Paraguarensis.

Fue Bonpland quien redescubrió el secreto de la germinación, pero éste volvió a perderse con la extinción del botánico. Recién hacia 1903 en Santa Ana –Misiones– se vuelve a descubrir que sólo germinan aquellas semillas que han pasado por el sistema digestivo de ciertas aves y se realiza la primera plantación moderna de yerba mate.

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