Sociedad

Taller Nueva Oportunidad

El juego de la vida


Por Gonzalo Amarilla (*)

No quería ser nada de grande. Cuando era pequeño no pensaba en eso, sólo pensaba en jugar a la Play o salir a buscar a mis amigos para jugar a la pelota en frente de la casa de alguno hasta que nos llamaran para comer. Muy buenos tiempos esos. Pero alguna vez de niño tuve la fantasía de que quería ser astronauta, bombero o corredor de autos, esas las típicas cosas que se dicen o se ven en las películas. Pero hasta ahí llegaba.

Ahora que me acuerdo sí tenía algo en mente: dedicarme a jugar los videojuegos y llegar a ser profesional en el Dragón Ball Z Budokai Tenkaichi 3. Era lo que más jugábamos con mis amigos. Nos juntábamos en mí casa de noche, casi siempre los viernes y sábado. Hacíamos mini torneos. El que ganaba seguía y así hasta que se enfrentaban los finalistas. En este punto siempre nos tardábamos porque era casi siempre entre los dos mejores: un amigo del barrio y yo. O a veces con uno que es de La Rioja. Con él nos demorábamos una hora. Buenos tiempos que me gustaría repetir.

Obviamente jugaba a muchos juegos durante horas. Si no fuese por mí mamá, hubiese seguido jugando sin problema, pero bueno, es la mamá ¿Qué se le va hacer? Si hubiese tenido que decir “qué quería ser de grande”, era poder jugar y jugar. Esta respuesta puede dártela cualquiera que sea del 2000 para adelante.

Hoy uno puede dedicarse a jugar profesionalmente a los videojuegos y me gustaría, pero no sé. Es que me gustan muchas cosas. Y eso lo haría un tiempo y  después cambiaría. O tal vez no.

Así pienso que debería ser así la vida: poder hacer lo que a uno le encante. Y como veo hacia donde se dirige el mundo ahora, creo que será posible.

 

* Gonzalo comparte dos veces por semana el taller de escritura dictado en la Cooperativa La Cigarra. Es una de las capacitaciones del programa Nueva Oportunidad que contiene a más de 17 mil jóvenes en situación de vulnerabilidad en la provincia.

Acompañados por periodistas del diario El Ciudadano, Gonzalo se animó a escribir. Usó el espacio para hablar de su barrio y su familia, de aventuras con amigos, recuerdos lindos (y no tantos) de la infancia y muchos temas más que surgieron luego de ir conociendo distintos autores como Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Abelardo Castillo, Mauricio Rosencof, Osvaldo Soriano o Eduardo Sacheri, entre tantos otros.

Gonzalo y sus historias son parte de la ciudad y sentimos mucho orgullo de poder compartirlas.

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