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"Bautismo" mortal

El instructor de buceo narró su versión sobre la muerte de la turista argentina

A traves de Facebook y tres semanas después de ocurrido el hecho, Nahuel Martino salió en una suerte de defensa a contar lo sucedido. Ante las acusaciones de amigos y conocidos de la víctima que lo responsabilizan por el fallecimiento, señaló: “No soy un asesino como dicen en las redes sociales"


A través de su cuenta de Facebook, Nahuel Martino, el instructor de Rocío Gómez, la turista argentina de 39 años que falleció en Tailandia durante un “bautismo” de buceo, realizó una suerte de defensa sobre el desgraciado hecho.

El instructor, que también es argentino, frente a las acusaciones de amigos y conocidos de la víctima que lo responsabilizan sobre lo sucedido salió a contar en la red social su versión.

“No soy un asesino como andan diciendo en las redes sociales. No tienen idea de lo mal que la estoy pasando, yo también soy una persona y tengo sentimientos, familia y reputación”, expresó el joven de 28 años tras guardar silencio durante tres semanas.

Martino argumentó que le dio una clase teórica de 40 minutos a Rocío y a dos turistas más que iban a ser parte de la actividad. Allí, según su relato, explicó el funcionamiento del equipo, cómo compensar los espacios aéreos tanto del cuerpo como del equipo de buceo y las normas de la actividad. La flotabilidad, el descenso en el agua y las distancias, señales y demás ejercicios a realizar.

“El primer buceo fue perfecto”

“Antes de saltar al agua hicimos un chequeo de compañeros y nos fuimos al agua saltando yo primero. El primer buceo fue perfecto, haciendo todos los ejercicios que se deben hacer en este tipo de casos. Tanto Rocío como las dos personas que nos acompañaban los superaron de forma correcta. Es más, Rocío me agradeció mucho, ya que me dijo que estaba en una etapa de su vida en la que se propuso hacer cosas nuevas y se estaba desafiando a sí misma. Me dio un abrazo que no olvidaré nunca”, comentó Martino.

Luego continúa diciendo: “Con lo que respecta al segundo buceo (que fue el del accidente) hicimos lo mismo: cambié el equipo de los tres, yo chequeé todo y luego ellos también chequearon el equipo y nos fuimos al agua. Este buceo fue de 36 minutos, donde al minuto 14 Rocío me hizo la señal de que quería irse para arriba. La acompañé (estábamos a 4 metros de profundidad) y me dijo que le había agarrado un ataque de risa. Le comenté que con el regulador en la boca podía reírse sin problemas”.

Ante la pregunta de Martino, Rocío respondió “sí, quiero seguir”, según el instructor. “La estaba pasando muy bien y lo estaba disfrutando mucho”, agregó. Al finalizar la segunda parte del “bautismo”, al llegar al barco, Rocío no estaba.

“Les pregunté a mis alumnos dónde estaba y me dicen que no la vieron. Volví a hacer el recorrido en sentido contrario y no la encontré. Ascendí con mis otros dos alumnos y di aviso al barco. Pregunté si vieron burbujear cerca mío, me dijeron que sí y fui a ver si era ella. No era. Cuando volví, vi a un compañero arrastrando a Rocío hacia el barco. La encontró sin el regulador en la boca en el fondo del mar, a unos 6 metros de profundidad. Mi equipo le realizó primeros auxilios junto a dos turistas que eran médicos”, recordó Martino.

Rocío murió por anoxia, es decir, la falta de oxígeno en el cerebro. Sufrió tres ataques cardíacos y convulsiones el 17 de diciembre de 2018. La llevaron a la orilla, le realizaron reanimación cardio pulmonar y luego la trasladaron a un hospital cercano a la isla de Samui. Luego, en un avión sanitario la llevaron a Bangkok. Dos días después decretaron su muerte cerebral. Rocío Gómez finalmente murió el 21 de diciembre.

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