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El Ifir estrena edificio propio

Por Antonio Capriotti


cienciadentro

Con la presencia del ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación, Lino Barañao, y del rector de la UNR, Darío Maiorana, quedará inaugurado hoy a las 11 el nuevo edificio destinado al Instituto de Física Rosario (Ifir).

Ubicado en el predio del Centro Científico Tecnológico Rosario (CCT), demandó una inversión de 25 millones de pesos. Esos terrenos, pertenecientes a la Nación, fueron cedidos en 1952. A lo largo del tiempo se sucedieron proyectos y emprendimientos. Ocupados por las antiguas instalaciones del Ferrocarril Rosario Puerto Belgrano, entraron en el abandono por la desidia de una política que le fue dando la espalda a ese medio de transporte. Desde su creación, la UNR dinamizó la instalación de varias de sus facultades.

Las vetustas estructuras abandonadas fueron aprovechadas y en uno de aquellos “esqueletos”, a fines de 2011, se comenzó la construcción para la ubicación del Ifir, uno de los institutos de investigación científica del Conicet. En abril de este año, con el final de obra, se trabajó en el traslado y la localización de equipos sensibles de los laboratorios, para ser definitivamente habitado en noviembre, luego de su inauguración.

El flamante edificio de cuatro pisos consta de dos torres: la anterior, que albergará oficinas y laboratorios; y la posterior, en donde estarán todos los servicios. “Se trata de una gran ocasión de estar todos juntos desde que el Ifir se creó, a comienzos de los 80”, opina Roberto Rivarola, doctor en Física y actual director del Ifir.

—¿Qué espera de este nuevo edificio? ¿Cree puede contribuir a mejorar la calidad de los trabajos?

—Vamos a trabajar juntos e interactuar. Esto va a reforzar nuestros proyectos y contribuirá, sin dudas, a encarar desarrollos comunes aprovechando nuestras experiencias. Además, dentro del predio hay profesionales de otras disciplinas, lo que puede incentivar el desarrollo de proyectos interdisciplinarios. En cuanto al trabajo en sí, vamos a agregar calidad por disponer de una estructura acorde a nuestras necesidades, ya que de este modo se va a incentivar el trabajo colectivo. La cercanía, además de una buena relación humana, facilita el desarrollo de la ciencia.

Para Rivarola, la idea del Conicet y la UNR de impulsar en este predio, junto al gobierno provincial y municipal, el Parque Científico Tecnológico de Rosario y su región, convirtiéndolo en un polo para la investigación científica, le parece “extraordinaria”.

El Ifir

El Instituto de Física Rosario se creó el 25 de noviembre de 1980. Contaba con dos áreas: física teórica y física aplicada, las que estaban a cargo de Oscar Sandrón y Rubén Piacentini, respectivamente. El primer director fue Mario Castagnino. Estaba ubicado en la Facultad de Ciencias Exactas y, a medida que fue creciendo, se buscaron otros lugares. Su secretaría se trasladó al edificio que ocupa el Instituto Rosario de Investigaciones en Ciencias de la Educación (Irice), a pocos metros del lugar que a partir hoy ocupará el Ifir.

El Instituto de Física Rosario cuenta, en la actualidad, con diferentes grupos reunidos según sus intereses temáticos: uno de ellos dedicado a Física Atómica Molecular y Biológica; otro, al estudio e investigación de Ciencia y Tecnologías de Materiales, donde se estudian nuevos materiales como por ejemplo aquellos que se utilizan para los stends de uso medicinal. También cuenta con una división de Teoría de Materia Condensada, donde analizan las propiedades eléctricas y magnéticas de los materiales. Y una división de Geofísica, donde se incluyen a quienes estudian todo lo relativo a la tierra y al universo, desde medio ambiente hasta el laboratorio de energías alternativas, de estudio de energía solar y física de la atmósfera, como el estudio de la capa de ozono. Incluye también un grupo que estudia teorías de campos de altas energías, que se ocupan de la aplicación de métodos físico-matemáticos a la física del estado sólido. Sin dejar de lado la Cosmología, la Epistemología y Filosofía de la Ciencia, donde está el doctor Mario Castagnino. Uno de los grupos se dedica al estudio de Física Nuclear asociado a un centro de Suecia.

—¿Son frecuentes las colaboraciones con grupos de investigación de los grandes centros internacionales?

—Trabajamos en proyectos de alto impacto internacional con otros países. Por ejemplo, mi grupo se ocupa del cálculo de reacciones electrónicas en colisiones entre partículas para comprender qué pasa cuando los haces de partículas impactan sobre la materia. Somos, en esto, uno de los grupos fuertes a nivel internacional, grupo de referencia internacional. Por eso estamos en contacto permanente con investigadores de grupos experimentales de todo el mundo, Japón, Francia, Alemania, que nos piden que modelizar las mediciones de los experimentos que ellos realizan. Desde aquí, explicamos el modelo y hacemos la teoría trabajando en conjunto con el reconocido Instituto Balseiro de Bariloche.

—¿También asesoran en el uso de ciertas tecnología en salud humana?

—En este caso, explicamos la física del proceso para que no se pase la energía y pueda haber un exceso de temperatura. Determinamos con qué energía se debe irradiar la materia biológica para tener una cierta profundidad y penetración de ese haz para que deposite su energía en el punto acordado y en las condiciones adecuadas. Dónde se deposita y cómo se deposita esa energía y cómo dentro de la célula destruye las moléculas de ADN para evitar su reproducción.

—¿Reciben consultas de empresas privadas?

—Sí. Hacemos lo que llamamos Servicio Tecnológico de Alto Nivel (STAN). Uno de estos servicios se hace con un microscopio de difracción de electrones para asesorar en balística a la Policía. También disponemos de un microscopio de trasmisión y uno de barrido para análisis de composición y estructura de materiales; y un microscopio de fuerza atómica que releva el perfil de la superficie y estructura de los materiales que nos acercan para su evaluación.

Los científicos

En el Ifir trabajan a diario 70 investigadores, 30 becarios, 15 técnicos y personal administrativo. En el predio del Centro Científico Tecnológico Rosario (CCT) funcionan, además, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (Inti), el Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR), el Instituto de Química Rosario (Iquir), el Centro de Estudios Fotosintéticos y Bioquímicos (Cefobi), el Centro Internacional Franco-Argentino de Ciencias de la Información y de Sistemas (Cifasis), el Instituto de Fisiología Experimental (Ifice), el Instituto Rosario de Investigaciones en Ciencias de la Educación (Irice) y el de Investigaciones Socio-Históricas Regionales (Ishir).

Las preguntas de siempre

Cuando se le pide al doctor Roberto Rivarola una síntesis del trabajo de estos últimos años, señala: “Uno puede conformarse de seguir viviendo como uno vive y como uno es, pero el individuo seguirá detrás de alcanzar un saber ya que nunca dejará de preguntarse; ¿por qué estoy acá?, ¿cómo estoy?, ¿cuál es el origen de la vida?”.

—Rivarola, ¿por qué eligió estudiar física?

—No sé. Empecé a estudiar ingeniería porque mi padre era constructor. Había comenzado la secundaria en el Politécnico, donde me recibí de técnico constructor. Luego me inscribí en Ingeniería Electrónica pero me aburría. Después de tres años me pasé a la física porque, en realidad, mi curiosidad siempre fue saber qué pasa dentro de la materia, cómo es su estructura, qué pasa con los electrones. Creo que se impusieron cuestiones personales. Era, tal vez, cómo me sentía yo frente al mundo.

—¿Y cómo siguió su carrera?

—Terminé mi licenciatura cinco días antes del golpe de 1976 y empecé a trabajar acá, en el Departamento de Física. Nuestra facultad y nuestro departamento sufrieron, como gran parte de la sociedad, la violencia de Estado ejercida por aquellos años por la dictadura militar. En 1980 me fui a Francia para doctorarme y regresé a Rosario, y al Ifir, tres años después”.

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