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Tras 142 años, cerró el Hogar del Huérfano

Por Guillermo Correa / Claudio de Moya.- Ya no se encuadra en el nuevo paradigma de protección de los derechos de la niñez. Estudian reconvertirlo. Todo cambió, pero siempre hay riesgos que conjurar


“Si lo vemos desde la función del Hogar, que son los chicos, es un cierre”, confirmó con voz grave la titular del Hogar del Huérfano, Laura Borghi. La institución, una de las más antiguas de la ciudad –va camino a cumplir 143 años en noviembre– y formada para atender una de las más tristes expresiones de la crisis y miseria de la Rosario de un siglo y medio atrás, el abandono de niños y niñas en puertas de iglesias y hasta en zaguanes donde se presumía que vivían varias familias –y alguna podría alimentar a los recién nacidos– se quedó esta semana sin ninguna niña ni niño a quien atender. La conjunción de dos situaciones, denuncias por presuntos casos de maltrato y abuso que determinaron la intervención del lugar y el cierre del “hogar de día” que funcionaba allí por una parte, y la nueva legislación sobre niñez, adolescencia y familia, que deja atrás la figura de los menores como “objetos de protección” por parte del Estado para considerarlos “sujetos de derechos” y pone así límites para su “institucionalización” y los lugares donde ésta transcurre, determinaron que el histórico edificio de Laprida y Cerrito quedara prácticamente vacío. “Vamos a ver cómo nos reinventamos”, dijo Borghi a El Ciudadano admitiendo que al menos hasta ayer no había mucha claridad sobre el futuro de la institución ni tampoco sobre el destino de la veintena de trabajadores que aún revista en ella.

El Hogar del Huérfano fue una de las instituciones impulsadas por las “damas” de la alta sociedad rosarina para paliar situaciones de desprotección que –paradójicamente– el sistema elitista de aquel entonces multiplicaba. Sin legislación laboral, sistema sanitario, sistema de retiros y de protección, las epidemias, la exclusión, la explotación, eran parte constitutiva del modelo social de aquel entonces. Ese es, en parte, el escenario descrito por Gabriella Dalla Corte y Paola Piacenza en su investigación sobre los orígenes y primeros tiempos del Hogar del Huérfano, publicada en 2006 con el título “A las puertas del Hogar”.

Pero, a excepción de la presencia de las Damas de Caridad –que hace tiempo se convirtieron en la sociedad Damas de Protección al Huérfano y del Hogar– en el apoyo y conducción de la institución, en poco y nada se parecía el Hogar del Huérfano de 1870 con el de 2009, cuando la institución, que albergaba entonces 140 niños y adolescentes y tenía 52 trabajadores, fue objeto de una denuncia e investigación.

Para entonces el Hogar se mantenía, como en sus orígenes, con donaciones de instituciones, empresas y particulares, y con recaudación a través de un mecanismo de asociación, más una subvención del gobierno provincial y otra, en menor medida, de la Municipalidad. Con esos recursos brindaba a unos 140 chicos actividades de apoyo escolar, computación, cerámica, judo y educación física.

Pero en abril de 2009 la provincia, a través de la ley 12967, adhirió a la nueva legislación nacional de promoción y protección integral de los derechos de las niñas, niños y adolescentes, que dio un vuelco clave en la materia. La nueva normativa establecía, por caso, un máximo de un año y medio para la “institucionalización” de menores, cuando en el Hogar había chicos que hacía una década que estaban viviendo allí.

La nueva legislación también dejó atrás el modelo de los grandes internados como el Hogar, para establecer la pauta de lugares de menores dimensiones y grupos más pequeños, de hasta 15 chicos. Pero la estrategia principal para los chicos, según marca la normativa, es recrear el vínculo familiar, bien a través de la familia biológica “ampliada” de los chicos –tíos, abuelos, y otros parientes cercanos, si no pueden estar con sus padres– o de familias sustitutas, cuyo Registro creó la misma ley.

Por una o por otra vía nada se ajustaba al viejo Hogar del Huérfano donde hasta hace poco los varones podían permanecer hasta los 9 años y las chicas hasta los 21. Pero, además, la institución estuvo durante más de un año intervenida por la provincia a partir de denuncias por maltratos y abusos. En ese marco, se produjeron renuncias entre el personal y se cerró el hogar de día, al que concurrían unos 70 chicos.

A finales de 2011 el cuadro del Hogar era de 80 chicos internados y 40 trabajadores, con un calendario de retiros voluntarios para el personal –hasta el pasado 31 de marzo se acogieron 21– y un análisis “caso por caso” por parte del Ministerio de Desarrollo Social sobre los chicos que estaban allí en forma permanente.

Así se llegó a la semana pasada cuando los últimos ocho chicos que vivían en el Hogar fueron trasladados a una institución de Granadero Baigorria, y los 19 trabajadores que permanecen se quedaron prácticamente sin tareas a realizar.

En medio de una situación de zozobra, ayer y hoy los trabajadores están realizando un relevamiento de ropa, juguetes y útiles escolares con la idea de hacer un “banco” para otras instituciones y para quienes los necesiten, última parte del proceso que pondrá fin a lo que fue el Hogar del Huérfano, al menos como se lo conoció hasta ahora.

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