Sociedad

Sociedad

El genio detrás del segundo himno nacional argentino

Cayetano Silva falleció hace casi 95 años en Rosario. En la ciudad comenzó a escribir la célebre marcha de San Lorenzo


Cuenta la historia que en junio de 1940, durante la Segunda Guerra Mundial, luego de que los alemanes provocaran la caída de París, su ejército desfilaba por las calles al compás de nuestra Marcha de San Lorenzo. Años después, en 1944, el general norteamericano Eisenhower ordenó tocarla para levantar el ánimo de sus tropas luego del desembarco en Normandía. Evidentemente, algo especial tiene esta marcha que es ejecutada y disfrutada por unos y otros ¿Y quién fue el autor de esa célebre música? Cayetano Alberto Silva, un afrodescendiente que murió en Rosario hace 95 años un 20 de enero de 1920.

Era hijo de Natalia Silva, una esclava de la familia que le dio el apellido. Nacido en 1868 en la localidad de San Carlos, Uruguay, desde muy niño mostró vocación por la música, razón por la cual tanto su madre como Emilia Silva –la patrona– y el Dr. Francisco Vidal Silva –su padrino y posterior presidente uruguayo– se preocuparon por mejorar su educación musical. Lo ingresaron en la Escuela de Artes y Oficios. Otra versión menos difundida y aportada por su nieto, Horacio Silva en la revista «Todo es Historia», relata que el creador de la marcha habría nacido en 1873 en la localidad de Soriano también en tierras uruguayas.

Según el relato de este nieto, el compositor egresado de la Escuela de Artes y Oficios, se convirtió en un gran conocedor en instrumentación de Bandas militares. Luego entró a formar parte del conjunto musical de una compañía lírica con la que se trasladó a Europa visitando España, Francia e Italia. Allí, perfeccionó sus estudios y de regreso se trasladó a la República Argentina, radicándose definitivamente y adquiriendo carta de ciudadanía en 1903.

Vale resaltar que pese a su origen humilde, Silva poseía una gran formación intelectual, dominando el idioma italiano –del que fue maestro– y contando con amplios conocimientos de ópera al punto de ocupar el puesto de primer violín en una compañía dedicada a tocar estas obras.

Según el relato de su hijo, Luis Gilberto Silva quien prestó testimonio en el libro “El Rosario de Satanás” de Don Héctor Zini, la educación también se apoyó en lo que mamó en su hogar. De acuerdo con el entrevistado, fue el padre de Silva, de modos rígidos, quien solía reprenderlo por tararear o silbar canciones. Le decía, siempre según Silvia, “Eso queda para gente orillera”. Este hijo también recordó la estadía en Buenos Aires de Silva, la amistad de su padre con el dramaturgo uruguayo Florencio Sánchez, quien solía quedarse conversando en su casa hasta la madrugada. Años más tarde, Silva escribiría la música de dos obras teatrales de Sánchez: «Canillita» y «Cédulas de San Juan».

Posteriormente el compositor se trasladó a San Juan donde organizó la banda de un regimiento militar y después a Mendoza donde creó la banda del cuerpo de bomberos. Luego, llegaría a Rosario donde tuvo la oportunidad de ingresar como maestro en la banda del Regimiento 7 de Infantería. A ese cargo renunció en 1893 para dedicarse a la enseñanza de música y telégrafo, fundando un conservatorio en calle Entre Ríos y Pellegrini. Entre los discípulos del conservatorio se hallaba don Alfredo Santanelli, con quién trabó íntima amistad, conociendo a una hermana de éste, doña Filomena Santanelli.

Con ella contrajo matrimonio en julio de 1896 y tuvo ocho hijos. En 1898 fue contratado por la Sociedad Italiana de Venado Tuerto y se trasladó con su familia a dicha ciudad, donde fundó un centro lírico, enseñó música y creó la pieza «La Rondalla», con la que actuó en el carnaval de 1900. En esa ciudad compuso la famosa «Marcha de San Lorenzo», considerada como un segundo Himno Nacional Argentino. Fue la culminación de una serie de marchas militares que había comenzado a componer Silva. Ese proceso de composición se inició en los bancos de la plaza San Martín y culminó el 1 de enero de 1902. Ese día la tocó por primera vez en su casa, con su violín, frente a su esposa y una hija muy pequeña.

En detalle

La marcha estaba dedicada inicialmente al general Pablo Ricchieri, y debió llevar el nombre del homenajeado, pero según se ha dicho, el personaje declinó recibir tal reconocimiento en vida. Entonces pasó a ser de “San Lorenzo”, lugar donde había nacido Ricchieri. Habiéndole agradado tanto, este general la declaró en 1902 como marcha oficial del Ejército Argentino después de ser escuchada en la inauguración del monumento al general San Martín de la capital santafesina. De ese acto participó el por entonces presidente Julio Roca. En 1907 el profesor Carlos Javier Benielli, amigo mendocino del maestro Silva, solicitó a éste la autorización para escribir la letra de la marcha. Así le dio más brillo a una gran composición y fue allí donde se imprimió la referencia al combate de 1813.

Otros

Entre el conjunto de marchas creadas por Cayetano Silva se destacan la marcha de Curupaity, inspirada en la guerra del Paraguay, la marcha de San Genaro -localidad próxima a Rosario-, Río Negro y 22 de Julio. A su obra hay que agregar una insospechada pieza musical: un tango criollo para piano titulado «Más vale tarde que nunca». También escribió música sacra y popular en una profusa producción, muchos de cuyos originales se han perdido a través del tiempo. En este sentido, es de lamentar que desde la creación de la marcha San Lorenzo, la obra y su autor siguieron caminos muy distintos. Apremiado por necesidades económicas, con una familia numerosa, Silva debió vender sus derechos de las obras a una casa editora de Buenos Aires por la módica suma de cincuenta pesos. En esa época no existían leyes que ampararan los derechos de autor.

Por último, cuando Silva gestionaba su reincorporación al Ejército se le prometió la dirección de la banda de la Policía de Rosario pero los azares de la política le quitaron las probabilidades sufriendo un duro golpe moral que le afectó hasta precipitar su muerte.

El fin

Falleció en Rosario en estado de indigencia el 12 de enero de 1920 a los 52 años de edad. Pese a haber sido empleado policial fue su condición de negro la que primó a la hora de que le negaran la sepultura en el panteón policial. Silva fue sepultado sin nombre en el Cementerio La Piedad. Recién en 1997 sus restos fueron trasladados Cementerio Municipal de Venado Tuerto luego de gestiones efectuadas por la Asociación Amigos de la Casa Histórica Cayetano Silva, aquella en donde se ejecutara por primera vez la Marcha, hoy convertida en museo.

Vaya entonces el homenaje para Don Cayetano, a casi un siglo de su muerte. Seguramente, desde algún lugar escuchará asombrado, como miles de argentinos tararean su obra más famosa. Y a pesar de la tonada orillera, no podrá dejar de escapar, una tierna sonrisa.

Comentarios