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El Che pateando por Oroño

Fabián Bazán aborda aspectos no demasiado conocidos de Ernesto Guevara cada vez que pisó Rosario, desde su ocasional nacimiento hasta sus caminatas con su novia de entonces por el bulevar céntrico, su equipo favorito y las fotos locales.


Por Paulo Menotti / Especial para El Ciudadano

“El Che nació en Rosario porque en algún lado tenía que nacer y la ciudad que hubiera tenido esa fortuna se hubiera apropiado de él como lo hizo Rosario, como hizo Salzburgo con Mozart y Río de Janeiro con Jobim. Además, el Che, que tuvo una vida muy corta, muy activa y muy alejada de la Argentina en general, vino infinidad de veces a la ciudad, hablaba de Rosario con todo el que podía y era hincha de Rosario Central”, expresó Fabián Bazán autor del libro Chegasé. La desconocida relación de Ernesto Guevara con Rosario y de la ciudad con el Che. Tras presentar su texto en la Feria del Libro que tuvo lugar en el centro Cultural Fontanarrosa y de cara a los festejos de los 90 años del líder revolucionario más famoso del mundo, el autor explicó la relación de Ernesto Guevara con Rosario y las razones que lo llevaron a escribir este ensayo.

Sobre qué tipo de relación tuvo el Che con la ciudad más allá de su nacimiento, Bazán señaló: “El Che nació en Rosario medio de casualidad y medio por decisión de su padre, que aprovechó que bajaba con su mujer embarazada desde Caraguatay, en Misiones, donde se habían construido su casa. La gente del norte viajaba hasta Buenos Aires para parir al primogénito del matrimonio, y ahí fue que llegaron a Rosario. Luego, cuando la familia se instaló en Córdoba, Ernesto comenzó a hacer viajes permanentes a Buenos Aires, pasando muchas veces por Rosario. Hasta que en 1943, cuando tenía 15 años, conoció en Mar del Plata a Clemencia Baraldi, la hija del médico más prestigioso de Rosario que estaba, también, pasando sus vacaciones en el mar. A partir de ese momento, y durante cuatro años, el Che vino a visitar a su “amigovia” a la mansión de los Baraldi, en bulevar Oroño, donde hoy está el edificio Kennedy. En ese sentido, hay infinidad de declaraciones de gente que estuvo con él, que incluso reafirman que cada vez que encontraba a un rosarino le preguntaba por la ciudad, por el bulevar Oroño o por Rosario Central”.

La rosarinidad del Che

A veces parece exagerado plantear que el Che es rosarino, si apenas nacido ya no estuvo más en la ciudad. En relación con eso el autor apuntó: “Hay un capítulo del libro que habla sobre la rosarinidad del Che. Y parto de una declaración que hizo el ex director del Museo de la Memoria, Rubén Chababo. Dijo que afirmar que el Che es rosarino porque nació en Rosario es tan absurdo como decir que Cortázar era belga porque nació en Bélgica. Y yo discuto esa afirmación, con todo el respeto que me merece Chababo. ¿Qué se necesita para tener carnet de rosarino? ¿Tomar un café en El Cairo, hacer cola en un Distrito para pagar el Impuesto Inmobiliario atrasado e ir en verano a La Florida? Con ese criterio, habría muy pocos personajes importantes a quienes podríamos ponerle el cartelito de rosarino: Roberto Fontanarrosa, Angélica Gorodischer, Gary Vila Ortiz, Julio Vanzo y algún otro. Pará de contar. Porque todos, más temprano que tarde, se fueron de la ciudad y la lista es larga porque están Alberto Olmedo, Fito Páez, Lito Nebbia, Juan Carlos Baglietto, El Tomi, Antonio Berni, Raúl Lavié. Nadie discute que Astor Piazzolla era marplatense, que Gabriel García Márquez era cataquero o Pablo Picasso malagueño. Y sin embargo, ninguno vivió en esas localidades mucho más que el Che en Rosario. Sin embargo, para algunos, parece que el Che hubiera nacido en un “no lugar”, concepto muy en boga hoy en las ciencias sociales. El Che nació en Rosario y por eso es rosarino y de Central. A propósito, el motivo por el cual se hizo canalla es ilustrativo. El primero que cuenta la pasión futbolera de Guevara fue Hugo Gambini, en la que yo considero la mejor biografía del Che, y a Gambini se lo contó Roberto Guevara, hermano tres años menor del Che y testigo del hecho. Parece ser que cuando le llegó la edad de hacerse hincha de un club de fútbol, Ernesto no quiso seguir al resto de sus amiguitos que eran de Boca o de River, y quiso hacerse de un club de su ciudad natal. Quiso la suerte que apareciera por Córdoba un turista rosarino hincha de Central, que le explicó cómo era la camiseta y le habrá contado algo de la historia del Club. Roberto Guevara contó que, a partir de ese momento, le encantaba que la preguntaran de qué cuadro era porque le daba la posibilidad de decir que era de Rosario Central y que la camiseta era a rayas azules y amarillas, y se rayaba el pecho con la mano. ¿Qué más le podemos pedir?

El Che siempre está volviendo

Sobre cuántas veces el Che volvió a Rosario, Bazán explicó: “Los padres de Ernesto llegaron a Rosario un par de semanas antes del nacimiento y se quedaron dos o tres meses más. De adolescente pasó varias veces sin detenerse demasiado porque no tenía referencias en la ciudad, pero cuando la encontró, esa referencia fue Clemencia Baraldi. Él vino a visitarla y a caminar con ella durante cuatro años por bulevar Oroño y parece ser que otra cosa no hacían porque él no tenía nunca un mango. Clemencia contó que él, a pesar de tener menos edad, le hizo conocer a (Sigmund) Freud, (William) Faulkner, (Stephane) Mallarmé, y que hablaban de cosas que para un pibe de 15 o 16 años eran impensadas, como la educación en los países socialistas. A propósito de esto, hay una anécdota muy buena, porque cuando el Che viajó a la Unión Soviética en 1961, ya como comandante de la Revolución Cubana, le mandó a Clemencia una postal de la Universidad Estatal de Moscú, donde le pregunta si se acuerda de las discusiones que tenían sobre la educación en la Unión Soviética, y que él tenía razón. Lo grandioso de la postal, además, es que está escrita 13 años después de la última vez que se habían visto. Para entonces, el Che había viajado mucho, era parte de la Revolución Cubana, y participaba en ese gobierno pero todavía se acordaba de la dirección de bulevar Oroño de Rosario. También hay constancias de que, estando de novio con la cordobesa Chichina Ferreyra, arreglaba con ella para que acompañara al padre cuando éste venía a Rosario a jugar al polo para verse acá. Finalmente, el 1º de enero de 1952, el segundo día de su primer viaje, el que cuenta la película Diarios de motocicleta, Alberto Granados, su compañero, le pidió pasar por la casa de su prima en Rosario, y así desembocan en la casa de calle Fraga 1451. Allí pasan todo ese día y Olinda Perea, sobrina de Granados quien vive actualmente en el barrio Fisherton, les repara el mosquitero que llevaban, le regala un par de borcegos y se sacan la foto que está al pie del puente del laguito del Parque de la Independencia”.

Una nota que terminó en libro

Finalmente, Bazán contó por qué eligió escribir la historia del Che. “Yo vengo de otro lado, nunca tuve nada que ver con el Partido Comunista (PC) o con algún partido de izquierda aunque el Che estaba en mis coordenadas ideológicas como lo están Evita, Arturo Jauretche o John William Cooke. Una noche estaba cenando con Reynaldo Sietecase y él me pregunta qué sabía sobre el Che y Rosario. Yo le dije que sabía lo que sabía todo el mundo, que había nacido acá de casualidad y que era hincha de Central. Entonces Reynaldo me contó que había hablado con el sobrino nieto de Clemencia, el periodista Santiago Baraldi, y que él le había contado algo de esa relación oculta tanto tiempo entre su tía abuela y el Che. Como Reynaldo está afincado en Buenos Aires no era un tema que pudiera investigar y entonces me lo ofreció a mí para ver si daba para una nota en un diario. Esa nota terminó en un libro de 270 páginas, un poco por mi proverbial desmesura y otro porque, a medida que investigaba, me daba cuenta que había mucho material que a los biógrafos que no eran rosarinos no les había interesado y a mí, como conciudadano, sí. Además, a la relación de Ernesto, antes de ser el Che, con Rosario, le agregué la relación de Rosario ya con el Che, y también descubrí un montón de cosas que estaban esperando que alguien las rescatara del olvido y que me resultaron muy interesantes”.

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