Ciudad, Edición Impresa

La calle como lugar de expresión artística

El arte urbano gana adeptos

La ciudad ve cada día cómo se multiplican murales en paredes de espacios públicos y privados que no responden a las hinchadas de fútbol o el activismo político. Con el tiempo hasta ganaron el respeto y no son escritos encima.


A menos de cinco cuadras del Coloso Marcelo Bielsa, la casa que está en ochava de Callao y 3 de Febrero hace años que ya no es lugar de disputa. La dueña, cansada de pintar una y otra vez la fachada por las pintadas de los hinchas de Newell’s y Central, contactó en 2012 a la artista Analía Chanquia para probar suerte. Chanquia diseñó y pintó un mural abstracto en vivos celestes, blancos y morados que hasta la fecha nunca tuvo que repintar. “Hay mucho respeto ganado de tomarse el tiempo y tener un trabajo bueno. Quien hace un mural de Central sabe lo costoso que es hacerlo. Entonces cuando ven lo que hiciste lo respetan”, opinó la socia de Chanquia, Vanesa Galdeano. Ambas artistas urbanas se conocieron en la calle hace dos años. Una maneja un taller de técnica y arte decorativo de mosaicos llamado Musivaria. La otra pinta murales en paredes con o sin permiso en un proyecto que bautizó Artista Busca Pared y la llevó por distintas ciudades de la Argentina y el exterior. Con opiniones diversas, lo que une a estas mujeres es la convicción de que las fachadas o paredes de la ciudad son un espacio de diálogo. Relativizando el delito de pintar un graffiti, la ciudad sumó en la última década a vecinos que gustosos permitieron a los artistas trabajar en las puertas de sus casas. Algunos lo eligieron para neutralizar las pintadas de hinchas leprosos y canallas. Otros no se ofendieron con los tags –la firma del grafitero– y asumieron el ornamento. Los diseños se multiplican en recovecos públicos y privados de Rosario. Galdeano y Chanquia, que acaban de terminar un mural en la fachada de la mutual del Colegio de Médicos en pleno centro, explicaron a El Ciudadano cómo el arte urbano se ganó el respeto de hinchas y activistas políticos.

Las artistas también intervienen fachadas por pedido de privados.

—¿Qué las llevó a trabajar en la calle?

Analía Chanquia:- El trabajo en la calle cambia el material. La técnica y la imagen se modifican. No es lo mismo hacerlo sobre una pared que sobre una persiana. Cuando encerrás una obra en un museo acotás las posibilidades de esa obra. Ese cuadro está siempre bajo la misma iluminación, por ejemplo. En la calle la obra muta con la lluvia y el clima. O quien pasa, la raya o le escriba arriba.

—¿Están de acuerdo con esas intervenciones?

A:- La obra deja de ser tuya. En general, la obra de museo busca permanecer inmutable en el tiempo. Me encanta cuando las obras se deterioran. No las restauramos. Hay murales que les crecen enredaderas y se vuelven parte de la composición. Nos gusta que pase lo que tenga que pasar. Usamos pinturas buenas que resisten. Controlamos que la pared no tenga humedad o que no tenga desprendimientos. Cuando trabajás en la vía pública sabés que otro puede salir a pintar también. No nos enojamos si alguien los interviene después. Es parte del juego. Asumimos que está ahí y es una imagen que no es tuya.

—¿Cómo es la relación con los vecinos?

Vanesa Galdeano:- Estamos trabajando con encargos privados de personas que quieren intervenir las fachadas. Antes era un poco más informal, donde elegíamos un lugar y empezábamos a trabajar. Primero tomamos medidas, cuáles son las irregularidades y cómo se ve. Armamos varios bocetos y el montaje. Hay vecinos que te dejan hacer lo que quieras y que buscan sorprenderse. También están quienes buscan algo más puntual. Algunos trabajan con un diseño o una imagen que nos dan para que reformulemos. Es un buen ejercicio cuando aparecen distintas necesidades.

—¿Cuánto tarda en promedio un mural?

V:- Depende de los metros cuadrados. En pintura son unos días y en mosaico lleva más: entre el armado en el taller, el pegado y empastinado (cemento negro entre las juntas). Nos gusta trabajar de noche. La gente reacciona bien.

—¿Qué les pasa cuando califican el arte urbano como vandalismo?

A:- Lo que pasa en la calle es lo que sucede a esas personas que viven y transitan los espacios. Hay que pensar por qué la gente tiene necesidad de romper un mural, por ejemplo, o pintar una pared. No tiene sentido marchar y protestar en un lugar donde nadie te escuche.

V:- Las paredes son un espacio de diálogo. Hace poco una marcha del Encuentro Nacional de Mujeres llevó a la polémica porque usaron las paredes para denunciar. La pared se interviene por muchas razones. En este caso porque algo se esconde. Es lógico que haya polémica porque hay distintos intereses. Me gusta que ocurra porque las ciudades se convierten en museos urbanos. Tenemos sentido común. No pintamos ni iglesias ni edificios que sean patrimoniales pero porque a mi no me gusta pintar sobre el mármol. O símil piedra.

Claroscuro del cuidado

Galdeano y Chanquia compartieron varios proyectos donde fusionan técnicas y materiales de mosaico y mural. Tienen un extraño récord. La primera intervención que hicieron fue sobre una mesa y sillas en la plaza Libertad, donde circula parte de la oferta sexual de la ciudad. “Está intacta. No tuvo la misma suerte la que hicimos en una columna de la Ciudad Ribera (hace un mes), donde nos robaron parte de los materiales. Y ahí no dejan entrar a cualquiera”, explicó Galdeano.

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