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Frenan dos centrales nucleares

El ajuste llega hasta los átomos, y tiene impacto local

La versión sobre la baja del contrato con China para sumar los reactores Atucha III y IV al parque nucleoléctrico nacional puso en alerta a los profesionales del sector. En la Facultad de Ingeniería de Rosario se capacitaban los operadores y ahora hay incertidumbre. Argentina es pionera en el sector

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Atucha III se iba a construir al lado de sus homólogas I y II, y sería la cuarta en el país. La primera fue la de Embalse, en Córdoba.

 

Los dos mayores portales nacionales lanzaron la versión a mediados de mayo: se paraliza la construcción de la central atómica Atucha III y se pone en el congelador la de Atucha IV. No hubo confirmación oficial, pero tampoco desmentida. El alerta se desató: está en juego una inversión de miles de millones de dólares pero también miles de puestos de trabajo que involucran desde albañiles a ingenieros y físicos que el país tardó años en formar. Las relaciones comerciales con China, que financia las monumentales generadoras eléctricas, quedan en entredicho. Lo mismo, el camino de diversificación de la matriz energética argentina, fuertemente dependiente de los hidrocarburos. La continuidad en el desarrollo de una tecnología de punta en la que Argentina “se sienta a la mesa de las potencias de igual a igual” se complica. No sólo en el estratégico sector energético, sino en otros como el de la medicina, la construcción y hasta el de la alimentación. Rosario no está blindada de los efectos si se confirma ese parate. Una tanda de futuros operadores de la central que se iba a empezar a levantar entre este año y el próximo comenzaron a capacitarse en noviembre pasado en instalaciones de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Rosario, que opera un reactor nuclear de baja potencia para investigación y prácticas. El proceso debía seguir, pero ahora todo es un interrogante.

Argentina planeaba comenzar a construir un reactor nuclear de tipo canadiense en 2018 con financiamiento de China. Le seguiría otro, totalmente chino, que en principio iba a levantarse en la provincia de Río Negro pero buscaba otra locación por el fuerte rechazo ciudadano fundado en temores sobre la energía nuclear. Los acuerdos finales, reformulados por la actual gestión de Cambiemos pero tejidos en la administración kirchnerista, se iban a rubricar durante la cumbre del G20 en Buenos Aires. Todo cambió. Los portales Infobae y Clarín publicaron, con un día de diferencia, la noticia de que los dos proyectos se frenaban. Fue el 18 y 19 de este mes. Ironía: el 31 se conmemoró el Día Nacional de la Energía Atómica, porque en esa fecha, el entonces presidente Juan Domingo Perón firmaba en 1950 el decreto 10.936 por el que se creó la Comisión Nacional de Energía Atómica. “Construir una central lleva una década de obras, que involucran unos cinco mil puestos laborales. Y esa planta asegura generación eléctrica por 50 años. No sólo es una fuente de trabajo, sino de generación de industrias. Por el nivel de la inversión y todo lo que afecta, por lo menos merece un debate amplio”, dijo ante una consulta de El Ciudadano el ingeniero Pascual Aguirre, directivo de la Asociación de profesionales de la Comisión de Energía Atómica y la Actividad Nuclear (APCNEA). Ya emitieron un primer comunicado centrado en la “incertidumbre” que genera una noticia sobre la que ninguna autoridad nacional dijo una palabra, para ratificar o desmentir.

Energìa, industria, medicina, alimentación

No es sólo las centrales están en el centro de las preocupaciones, pese a que la construcción de la primera, Atucha III (la cuarta del país) en la localidad de Lima, en Zárate, donde se encuentra Atucha II involucra una inversiòn superior a los 5 mil millones de dólares y con Atucha IV sumarían 14 mil millones, de los cuales China aportaría el 85 por ciento. El préstamo, además, comenzaría a devolverse casi cuando el primer reactor comenzara a funcionar.

“Todo el plan nuclear ingresó en una zona con mucha niebla y turbulencia. La irresolusión ha tomado el control. No se sabe qué pasará con la empresa Dioxitek (estatal asentada en Córdoba que desde 1982 ayudó a completar el ciclo del combustible nuclear y la autosuficiencia en el aprovisionamiento de las centrales de potencia, además de otros desarrollos para la medicina). Tampoco, el futuro de la también pública Planta Industrial de Agua Pesada (Piap, la mayor de su tipo en el mundo, asentada en Neuquén). También se redujo el presupuesto al  reactor de investigación multipropósito RA-10 que iba a mejorar la producción de radioisótopos destinados al diagnóstico de enfermedades. Otro tanto ocurre con la crisis en la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN), dedicada a la regulación en seguridad radiológica y nuclear. Su personal renuncia a los cargos, está en huelga y protestas permanentes. Y sin ella no hay plan nuclear.  Es peligroso también para otras áreas como el control de aparatos medicinales”, se indignó el director del Centro de Desarrollo y Asistencia Tecnológica, Fabián Ruocco. No es palabra menor: carga con varios reconocimientos y llegó a dar conferencias junto al ex presidente norteamericano Barak Obama.

El comunicado de APCNEA del 22 de mayo agrega a estas preocupaciones la de la continuidad del proyecto de extensión de vida de la Central Nuclear Embalse, la primera de la Argentina y del subcontinente. La asociación, adelantó su integrante Aguirre, prepara una nueva declaración para la semana que viene, ya con más precisiones y tras consulta con otras organizaciones.

Preocupación en Rosario

“Una central atómica no sólo mueve inversiones, sino industrias colaterales y conexas, como fábricas de caños, transportes, almacenajes, capacitación de personal altamente especializado”, aporta el ingeniero Oscar Peire. Es el director del Instituto de Estudios Nucleares y Radiaciones lonizantes de la UNR. Su área está a cargo del reactor RA4, instalado en la ciudad universitaria de Rosario (La Siberia). “En noviembre del año pasado, un grupo de 30 futuros operadores de Atucha III estuvieron una semana haciendo capacitación. Esperábamos nuevas tandas. Ahora sigue la incertidumbre. No hay un comunicado oficial aunque todo apunta a que la construcción de las dos centrales se frenará”, explica el impacto local de una decisión que parece tomada. “Si se frenan los proyectos de base como éstos, se exporta inteligencia por la emigración del personal capacitado que se queda sin trabajo, en lugar de que se queden en el país y lo que se exporte sea la ingeniería”, sintetiza los daños estratégicos temidos.

Peire aclara, como otros, que no se trata sólo de generación eléctrica nuclear, que en la Argentina suma el 6 por ciento del total de la torta. Involucra a la “medicina nuclear, los equipos de rayos y tomografía, los tratamientos de radioterapias, cada vez más sofisticados. Hay además un uso intensivo industrial, como el de las radiografías para estudiar envejecimiento de estructuras metálicas. Se utiliza ahora en alimentos. En la planta de Ezeiza, con el reactor RA3 se irradian frutas y semillas que se exportan para cumplir con normativas internacionales. En la Argentina se elaboró un pan irradiado que mantiene su calidad, estructura y nutrientes durante tres meses sin conservantes”, reseña el profesional de la UNR.

El ingeniero rosarino recordó que desde hace casi 60 años el país es un referente del desarrollo nuclear pacífico en el mundo. Numerosos institutos, universidades y empresas estatales marcan un camino que ahora puede angostarse. “Argentina se sienta a la mesa de igual a igual con las potencias nucleares”, sintetizó esa posición de privilegio que ahora peligra. Muchos acompañan su preocupación. “Ésto ya condujo en el pasado reciente al muy preocupante despido de muchos trabajadores del complejo nuclear Atucha y podría implicar el despido de 600 profesionales y técnicos altamente calificados más según presuntas declaraciones del presidente de Nucleoeléctrica Argentina”, se sorprendió por su parte el doctor Andrés Kleimer, uno de los referentes internacionales del sector nuclear. Y siguen las firmas.

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