Economía, Política

Análisis

El absurdo debate sobre el endeudamiento: la campaña y los medios neoliberales-conservadores

El gran problema argentino es la deuda externa; esos 100.000 millones de dólares tomados por Macri en plazos y condiciones que la vuelven impagable, fondos que en su mayor parte se “fugaron”. Y este problema tiene un solo responsable. El pasado no se puede cambiar, solo se puede tratar de encubrir


Humberto Zambon (*)

 

Prácticamente el único tema económico que se trató en lo que va de la campaña electoral de este año es el de la deuda pública. Lo iniciaron ex funcionarios del ex presidente Mauricio Macri, lo continuó él mismo –tratando de justificar el fuerte endeudamiento con que cerró su gobierno– y lo siguen repitiendo María Eugenia Vidal y diversos candidatos de “Cambiemos”. Muy suelto de cuerpo, Macri aseguró que el presidente Alberto Fernández lleva endeudado al país a razón de 33.700 millones de dólares al año, que Cristina Fernández en su segundo gobierno lo hizo a 17.600 millones mientras que él “sólo” a 12.000 millones al año.

En los medios periodísticos, dominados ampliamente por los intereses neoliberales-conservadores, ningún analista serio defendió los números de Macri, aunque esos medios siguen machacando con ellos como noticia, con la excusa que “dijo fulano que la deuda…”, esperando que, con la repetición, la opinión pública se convenza de su veracidad. Es que, como dijo Adolfo Hitler en “Mi Lucha”: “En la gran mentira siempre hay dosis de credibilidad… la gente suele ser víctima más fácil de las grandes mentiras que de las menores”.

Independientemente de las artimañas utilizadas para abultar la deuda tomada durante el segundo gobierno de Cristina (enumeradas, por ejemplo, por Andrés Asiain en Cash, suplemento económico de Página 12 del 29 de agosto pasado), lo más importante, en mi criterio, es distinguir deuda interna de la externa.

La deuda interna es la emitida en pesos, mientras que la externa es la nominada en dólares u otra moneda internacional (euros, yenes, etcétera). En los países centrales, en los que su moneda es aceptada como moneda universal, como los Estados Unidos, esta diferencia no cuenta: toda la deuda pública es interna. En los países europeos del área del euro, como han renunciado a la soberanía monetaria, toda la deuda es externa (también la de Ecuador, que adoptó al dólar como unidad monetaria). Por esa razón en los libros de economía, en su mayoría escritos en los países centrales y pensados para sus problemas, se habla de “deuda pública” en general, lo mismo que en algunas estadísticas que publican los organismos internacionales.

Pero para los países en desarrollo que mantienen la soberanía monetaria, la diferencia entre deuda interna y externa es fundamental. Sus ingresos son en la moneda nacional y tienen la facultad de aumentar los impuestos o crear nuevos, según sus necesidades políticas, y de emitir esa moneda; por ello la deuda interna, la emitida en pesos, es “manejable” y, en teoría, el Estado no podría entrar en “default” por una deuda nominada en la moneda nacional. En cambio, las divisas con las que hay que pagar la deuda externa son un producto escaso y, precisamente, su escasez da lugar a la restricción externa que impide el desarrollo del país. Por eso Alejandro Olmos dijo que “la deuda externa se ha convertido en una actualizada forma de esclavitud, que condiciona de manera irreversible las posibilidades de desarrollo de cualquier país soberano”.

En la escuela primaria nos enseñaron que no se pueden sumar manzanas con naranjas. Es decir, como nos explicaron después, las cantidades deben ser homogéneas. Y en nuestros países la deuda en pesos y la deuda en dólares son heterogéneas (si fueran homogéneas podríamos pagarle al acreedor externo con pesos y no con dólares). Lo único que se puede hacer es, para un momento dado, es convertir a los pesos en dólares, al tipo de cambio de vigente en ese momento. Pero lo que se obtiene es una foto, ya que el tipo de cambio varía en el tiempo, y esta foto no borra la diferente accesibilidad que existe entre ambas monedas.

De todas formas, teniendo presente la aclaración anterior, aquí continuaremos hablando de deuda pública bruta. Los datos de la deuda, para hacerlos comparables en el tiempo e internacionalmente, se los suele presentar divididos por el PBI (lo que muestra la solvencia o capacidad de pago del país).

La historia reciente de la deuda pública es muy fácil de recordar: Néstor Kirchner, al comenzar su mandato (2004), encontró que para la administración central la relación deuda bruta/PBI era del 118,1% (el 76% de la deuda era externa); luego del canje exitoso de 2005, al entregar el gobierno, en 2007, la relación era del 62,1% del PBI (debido a la disminución de la deuda y al crecimiento del producto); al terminar el primer mandato de Cristina (2011) había bajado al 38,9% y al cabo del segundo era del 52,8% (la mitad de la deuda bruta con otros organismos del Estado; es decir, un bolsillo le debía a otro). Macri entregó el gobierno con una relación de 88,5% (el endeudamiento subió casi 36 puntos porcentuales, 100 mil millones de dólares, conformado por el aumento de la deuda externa).

¿Qué había pasado? Asumió Macri en 2015 con la apertura de la economía y la promesa de una lluvia de inversiones. En la realidad llegó una lluvia de importaciones (que dañó seriamente a la industria nacional) y de capital especulativo, con una nueva versión de la “bicicleta financiera”. A principios de 2018 estos capitales vieron que la “fiesta” estaba terminando y pretendieron retirarse del país. Estalló la crisis, hubo devaluación y el Merval cayó un 46%. La “solución” temporaria (y una bomba a estallar en el futuro) fue el préstamo récord del Fondo Monetario Internacional de 57 mil millones de dólares, de los que entregó 44.800 millones. Destino del dinero: la “fuga” de capitales (44.000 millones entre julio de 2018 y la entrega del gobierno en 2019).

Con cifras fácilmente accesibles por internet todo este debate pierde sentido. El gran problema argentino es la deuda externa; esos 100.000 millones de dólares tomados por el gobierno de Macri en plazos y condiciones que la vuelven impagable, fondos que en su mayor parte se “fugaron” a cuentas externas. Y este problema tiene un solo responsable. El pasado no se puede cambiar, sólo se puede tratar de encubrir mediante noticias falsas, las famosas “fake news”.

 

(*) Doctor en economía. Ex decano de la Facultad de Economía y Administración de la Universidad Nacional del Comahue y ex vicerrector de la Unco. De vaconfirma.com.ar

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