Ciudad, Edición Impresa

Crisis

Acebal se movilizó por la grave crisis en la industria del calzado


Cuando Angélica Arias se levantó ayer por la mañana sabía que tenía poco trabajo. No era una situación inusual. La fábrica de zapatos que dirige junto al marido y el hijo en Acebal, a 52 kilómetros de Rosario, está en picada desde hace dos años. El pueblo de 6.500 habitantes que se bautizó a sí mismo como la capital nacional de la industria del calzado pasa por su peor crisis en cien años. Ayer Angélica abrió temprano y antes de las once bajó la persiana. Salió del taller con su familia y los cuatro empleados, y caminó hasta la plaza para participar de la primera movilización de los fabricantes del calzado. Todo el pueblo estaba allí para pedir auxilio. La industria que le dio vida y sostiene a la localidad amenaza con desaparecer por la caída del consumo y la apertura de importaciones.

La movilización empezó a las 11.30. Estaban todos los fabricantes y los empleados de las 35  fábricas familiares que sostienen el 60 por ciento de la economía local. La marcha iba a ser frente a la intendencia. Pero a última hora cambió de lugar por un imprevisto. “Había un velorio en la única sala velatoria del pueblo, que está al lado de la comuna”, contó Angélica a El Ciudadano. Además de los vecinos, a la plaza llegaron los comisionistas de Rosario, los proveedores de cuero y plantillas, los fleteros y los canales de televisión. Quienes pintan canas contaban que nunca habían visto al pueblo tan unido detrás de una causa. Todos llegaron con la misma preocupación y un objetivo: reactivar la industria para no perder las fuentes de trabajo.

“Para los fabricantes de Acebal despedir a un trabajador es despedir a un amigo”, dijo frente al micrófono el intendente Daniel Siliano. En la primera fila un hombre de noventa años lo escuchaba y no podía ocultar el llanto. Era su papá, conocido por todos como Don Siliano, el heredero de la primera fábrica de zapatos fundada en el pueblo hace cien años.

También habló el presidente de la Cámara del Calzado, Alberto Serra, que llamó a modernizarse para competir con el mundo. “Para muchos, el discurso fue una tomada de pelo. La mayoría de las fábricas tienen entre cinco y diez empleados y la subsistencia depende del consumo interno, no del mercado internacional”, dijo uno de los fabricantes.

La caída del consumo redujo las ventas en Acebal en más del 50 por ciento en un año. Las importaciones también aportaron lo suyo: en dos años crecieron un 76 por ciento. Mientras hace dos años entraron al país más de 9 millones de pares, en lo que va de 2017 ya entraron casi 16 millones.

Las industrias que giran alrededor también sufrieron bajas. El supermercado empezó a fiar más que antes, las tiendas abren menos horas y los talleres que trabajan con las fábricas están fundidos. Ariel Giovanetti tiene una planta de cartón. Como al calzado, las importaciones y la caída del consumo pusieron a su industria en crisis. De 25 pasó a ocho empleados. Ayer llegó a la plaza para apoyar el reclamo.

Crisis en la calle

Nicolás Pelatti es el marido de Angélica y empezó a hacer zapatos a los 13. Hoy está convencido de que esta es la peor crisis que atravesó la industria del calzado. Como varios vecinos de Acebal, empezó trabajando en relación de dependencia hasta que se animó a largarse por su cuenta. Con Angélica tienen una fábrica chica y pensaban abrir una segunda. “La equipé con las mejores máquinas y toda la tecnología pero no la puedo poner funcionamiento porque mi otra fábrica está casi parada”, contó a El Ciudadano.  “Desde hace más de un año las ventas no paran de caer y cuesta arriesgarse. El problema es que yo no sé hacer otra cosa, dediqué toda mi vida a esto. No me compré campos como han hecho otras personas. Cada vez que tuve un peso lo invertí en este negocio”.

Angélica contó que casi no entran pedidos. Ya no saben qué hacer en un día laboral: “Dimos vacaciones y hacemos venir a los empleados a no hacer nada”.

Para los fabricantes la crisis se siente en las calles. Cuando al calzado le va bien, la plaza se llena de comerciantes que llegan a comprar. Los bares están colmados de proveedores, comisionistas y viajantes. Hoy el pueblo está deprimido, piensa Angélica. Basta salir a dar una vuelta para darse cuenta. Nunca hay nadie en la calle.  Hasta hoy, que todos decidieron salir a protestar.

“Estamos juntos”

“Estamos juntos el capital y el trabajo defendiendo las fuentes laborales”, saludó el secretario general de la Unión de Trabajadores de la Industria del Calzado (Uticra), Alberto Belotti, pero advirtió: “Si no cambia el rumbo, las fábricas van a tener que cerrar; no sé hasta cuando van a aguantar”. Y añadió al portal rosarino Conclusión que no ve ninguna salida a la situación: “Cada vez la cosa empeora: por un lado, la baja del consumo, y por otra, el aumento de importaciones”. En tanto Ariel Albornoz, delegado de Uticra en Acebal, coincidió: “Hubo despidos y suspensiones, marcados por el descenso del consumo, y el aumento de las importaciones y las tarifas de energía”.

Comentarios