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La historia de tu club

Echesortu Football Club: un sentimiento intacto

Con 82 años de vida, la institución es una parte de la vida del barrio. Un escenario de historias, amores y amistades.


La vida en Rosario ha cambiado. La inseguridad, las preocupaciones y ocupaciones, el ritmo con el que se vive. Todo influyó para que el escenario no sea el mismo de tiempo atrás. Ya no abundan los chicos jugando en las veredas y plazas ni los abuelos sentados en las veredas. Ya muchos ni siquiera conocen a su vecino de al lado.

Pero hay cosas que no se han modificado. Sentimientos y valores que se mantienen intactos. Historias que perduran en el tiempo, personas que no se olvidan. Como sucede en Echesortu Football Club, parte trascendente de la vida del barrio que lleva su nombre. Escenario de de amistades, amores, desencuentros, alegrías y tristezas desde su fundación el 31 de julio de 1933.

Todo nació café de por medio. Don José y Doña Elvira Oleaga tenían un bar en Castellanos 1368. De común acuerdo con un grupo de jóvenes, decidieron fundar el club. Ahí comenzó la historia. Con el paso de los años, Echesortu llegó a su actual sede, en calle San Nicolás 1350, entre 9 de Julio y 3 de Febrero, frente a la plaza Buratovich.

“El club creció con el barrio. Empezó alquilando un lugar para hacer una cancha, luego compró un terreno por la calle 9 de Julio y se fue agrandando. Muchas de las obras gracias a sus famosos bailes en la década del 50. Iba toda la familia. El club se llenaba. Y con ese dinero se fue haciendo toda la estructura”, cuenta María Estela Montironi, actual secretaria de la institución y socia desde hace más de 30 años.

“Hoy no hay tanta vida social, quizás un poco más en verano. Es más deportivo: los padres traen a los chicos y se van, la gente viene a ver un partido y se va. Hay muchas cosas del club de barrio que se mantienen, pero la gente cambió”, agregó.

De igual forma, “hay una función social que se mantiene” y una identificación del barrio con el club. “A los chicos que hoy ya son grandes les hablás del club y todavía los moviliza. Incluyo a aquellos que ya no vienen. Hay un recuerdo latente. Es una parte de su vida, un lugar que los acompañó durante su crecimiento”, aseguró.

Y agregó: “Cuando el club cumplió 80 años hicimos una fiesta en la plaza. Vino todo el barrio, se desbordó. No pensamos que podía venir tanta gente, que tuvieran ese cariño con el club”.

La pileta cambió la vida del club (y del barrio) para siempre, sobre todo en los veranos. Se construyó en 1968, año en el también se edificó el gimnasio en la planta alta. Hoy “Eche” cuenta con otro anexo en el que hay una pileta en 9 de Julio 4060 destinada al grupo de deportistas federados. “Tenemos un plantel de natación que debe ser de los más importantes de Rosario”, dijo orgullosa.

El gran problema es, precisamente, el espacio. “Si tuviéramos más lugar habría mucho más deportes. En el estadio conviven básquet, futsal y vóley. Con todas sus categorías. Tratamos de coordinarlo y que todos tengan su tiempo. Hay muchas ideas y proyectos, pero económicamente ahora está difícil. Siempre soñamos con tener otro estadio. No nos alcanza el espacio para practicar, para jugar, es complicado. La zona es muy cara. Hay un terreno al lado que quisiéramos comprar pero es imposible. Sale una fortuna”, relató Montironi.

Hoy, Echesortu tiene más de 1.500 socios estables y una buena cantidad de disciplinas: futsal, básquet, natación, vóley, taekwondo, karate-do, aikido, judo, patín, musculación, gimnasia deportiva, gimnasia mediaval, gimnasia en tela, parkour, salvamento competitivo, yoga y buceo. También cuenta con un departamento de deportes adaptados para la práctica de futsal, bochas y natación.

Su fisonomía y su dinámica han cambiado. Pero siempre seguirá siendo un club de barrio. Ese lugar de encuentro, de fiestas y celebraciones. De amores y amistades. Una parte de la historia del barrio. Un sentimiento que ya lleva 82 años.
Carlomagno, sangre ilustre
Carlomagno es otro apellido caro a los sentimientos de Echesortu. Hoy Fernando, o Pipo, es uno de los nadadores paralímpicos más representativos del país, pero también su padre Fernando fue alguien que supo llevar bien alto los colores del club. Ese legado que forjó al representar a la Argentina en tres Juegos Paralímpicos (Atlanta 1996, Sidney 2000 y Atenas 2004), ahora es Pipo quién lo continúa. A los 23 años, luego de haberse consagrado campeón en juegos Parasudamericanos (fue abanderado en Chile 2014) y Parapanamericanos (Toronto 2015), de haber tenido grandes participaciones en Mundiales (en Canadá 2013 y Escocia 2015), se prepara para participar en sus primeros Paralímpicos en Río y seguir llevando en alto los colores rojo y blanco.

También la atleta Yanina Martínez, especialista en distancias llanas. Surgida del Estadio Municipal, fue campeona Parapanamericana en Toronto y ya tiene su pasaje a los Juegos de Río.

Aquel título de 2009

El básquet es uno de los deportes más practicados en la ciudad y en Echesortu también está presente. Participante histórico de los torneos de la Asociación Rosarina, tuvo que esperar hasta que llegó el gran festejo. Aquel 8 de diciembre de 2009 quedó para siempre en la historia del club, cuando después de vencer a Sportsmen Unidos por 84 a 74 y cerró la serie 3-1 para gritar campeón por primera vez. Un inolvidable festejo para conmemorar el aniversario 76 de la institución que si bien no pudo volver a repetir, más de una vez estuvo cerca de lograrlo demostrando el potencial y la importancia que el deporte tiene en Eche.

Deportistas de elite

Los clubes de barrio generalmente suelen ser reducto de un gran número de chicos que, con diferentes sueños, se integran a las distintas disciplinas. La gran mayoría lo hace de manera recreativa, para compartir un rato entre grupos de amigos y algunos de ellos, luego de mucho esfuerzo y dedicación, trascienden y se transforman en deportistas de elite que representan no sólo al club sino también al país.

Ése es el caso de Agustina De Lucía. Una judoca que comienza a ganarse su lugar en el contexto nacional de su deporte. Con apenas 17 años ya ha sabido participar de Copas del Mundo Cadete y Junior, Sudamericanos de la categoría (en donde ha cosechado medallas), y recientemente en el Open Argentina logró su primer podio (fue bronce) en la categoría hasta 57 kilos de la divisional Senior.

“Empecé a entrenar en el club hará tres o cuatro años. Está muy bueno y siempre están atentos y pendientes de lo que el deportista necesita”, contó. Fue su profesor quien impulsó su ingreso a Echesortu. “Recuerdo que me llevó para que veamos el dojo (lugar donde entrenamos) y al ingresar quedé con la boca abierta. Las instalaciones eran muy buenas y teníamos todas las comodidades para entrenar”, relató.

Luego de trabajar un tiempo en las instalaciones del club, llegó el primer torneo representándolo. Agustina subió a dos podios. Santa Cruz de la Sierra fue la ciudad. Hasta allí fue junto a su hermano (Facundo, dos años mayor que ella y también judoca del club) para participar del Sudamericano de cadetes y junior. “Ese primer torneo representando a Echesortu quedará siempre en mi recuerdo. Desde que llegué todos me hicieron sentir muy cómoda y que el cambio no fuera para nada difícil. En ese campeonato las cosas se dieron muy bien ya que pude lograr la medalla de plata en cadetes (Sub 18) y la de bronce en junior (Sub 21)”, recordó.

Agustina va dando pasos adelante en su carrera y eso hace que los más chicos se reflejen en ella. Los resultados dan una notoriedad diferente y eso es algo que se nota dentro del club. “Todo me parece muy loco. Que vengan los nenes nuevos que practican judo y quieran sacarse una foto conmigo, es algo nuevo y algo raro, pero muy lindo. Recibir ese cariño siempre es algo reconfortante”, reflexionó.

Si de referentes se habla, la natación rosarina hoy en día tiene uno con nombre y apellido. Marcos Barale se ha ganado su lugar a tal punto de llegar a ser desde hace un par de temporadas, el capitán del seleccionado argentino. Echesortu es su lugar en el mundo, cada vez que se encuentra en la ciudad entrenando o preparando algún torneo. “Es mi club, un lugar que siempre está a mi disposición para lo que necesite. No sólo es una pileta, es apoyo y camaradería”, contó en charla con El Hincha.

Marcos, al igual que Agustina, no “nació” en el club. Pero desde su llegada a fines del 2013, sintió que era el lugar indicado. “Estaba cansado de ser nómade, eso me llevó a buscar un club que me proporcionara mejores condiciones de entrenamiento y competencia”, recordó sobre cómo se produce su acercamiento a la institución de San Nicolás al 1300. Y fue el entrenador de Echesortu la llave de entrada. “Siempre tuve una muy buena relación con Gustavo D’Andrea. Venía de dar vueltas por varios clubes, necesitaba un lugar donde echar raíces y asentarme un poco”, agregó.

A las pocas semanas de haberse sumado al club, llegó el primer torneo representándolo. Un Argentino de mayores fue el debut compitiendo para Echesortu. Y al igual que De Lucía, los resultados fueron destacados. “Me fue muy bien, salí campeón Argentino en 50 y 100 metros mariposa individual, pero lo más importante es que volví a competir en un relevo de clubes, algo que no hacía desde el año 2005. Esto fue una gran motivación para los chicos del club y logramos sacar un primer puesto en la 4×100 metros combinados”.

Esa responsabilidad de ser el capitán del seleccionado nacional y un referente dentro del club, es algo que lo enorgullece, pero que no modifica sus comportamientos. “Para mí hoy en día ir al club es lo mismo que hace unos años, no cambió nada. Si bien soy conocido y un referente para el equipo, no se te tienen que subir los humos a la cabeza, la humildad es uno de los valores más importantes que un deportista debe tener”, contó.

Al contrario de lo que podría pasarle a muchos, ese reflejo que es para los más chicos no le modifica sus formas ni le pesa. Por el contrario, lo absorbe con responsabilidad y le gusta. “Recién ahora los más chicos se me acercan a hablar y a hacer preguntas más específicas, es algo que yo estaba esperando hace tiempo. Creo que ellos están madurando y animándose a preguntarme cosas y a sentarse a charlar. Lo que me permite a mí también acercarme y decir algo cuando lo creo necesario”, cerró.

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