Coronavirus, Economía

Financiamiento

Durante la cuarentena, el crédito al sector privado registró la mayor expansión desde 2002

El acceso al financiamiento bancario estuvo impulsado por la combinación de una fuerte baja de tasas, una agresiva política de financiamiento para pymes, monotributistas y autónomos, y la búsqueda de liquidez ante el derrumbe de la actividad económica


El crédito bancario al sector privado registró la mayor expansión desde 2002 durante la cuarentena, impulsado por la combinación de una fuerte baja de tasas, una agresiva política de financiamiento para pymes, monotributistas y autónomos, y la búsqueda de liquidez ante el derrumbe de la actividad económica por la crisis del coronavirus.

En términos agregados, los préstamos crecieron 180.712 millones de pesos en la cuarentena, lo que representó un aumento nominal del 9,5% sobre el stock de 1.907.912 millones de pesos vigente al 19 de marzo, rompiendo con casi dos años de contracción y superando a los valores máximos alcanzados desde 2002, según datos del Banco Central (BCRA).

El incentivo al crédito productivo fue una de las principales políticas aplicadas por la actual gestión del BCRA, a cargo de Miguel Pesce, que previo al coronavirus ya había impulsado una fuerte baja de la tasas de política monetaria –que pasó en tres meses del 62% al 38% anual–, pero que reforzó durante la aplicación del aislamiento social y obligatorio.

Una de las herramientas a las que se apeló fue la expansión monetaria vía cancelación de Letras de Liquidez (Leliq) –por más de 300 mil millones de pesos– y el financiamiento al Tesoro Nacional –por 680 mil millones– para dar una fuerte inyección de liquidez que permitiera bajar entre 8 y 15 puntos porcentuales las tasas de interés en distintas líneas de préstamos.

A su vez, el Central incentivó el financiamiento de micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) a una tasa subsidiada del 24% anual que, según los últimos datos, alcanzó a 113.618 empresas por un total de 223.280 millones de pesos destinados a recomponer capital de trabajo y pagar de salarios, fundamentalmente.

La asistencia financiera también alcanzó a monotributistas y autónomos a través de la línea de crédito a tasa cero que, en sus primeras dos semanas de vigencia, alcanzó a 151.443 personas por un monto total de 19.890 millones de pesos.

“En este tiempo se dieron dos cosas: un interés muy grande del Banco Central en que lo bancos ubicaran su liquidez en préstamos productivos, y una demanda muy alta de créditos después de meses de restricciones por tasas altísimas”, analizó Guillermo Barbero, socio de First Capital, en diálogo con Télam.

Según Barbero, si bien la tasa del 24% “es un límite” para las empresas, la política de tasas pasivas superiores al 40% que impuso la anterior gestión del Central “no era viable con la actividad económica” e “hizo que las empresas se decapitalizaran mucho en 2018 y 2019”.

“Hoy se necesita dar crédito incluso a empresas que se están poniendo en marcha y a las que se les exige invertir en protocolos sanitarios, disponer transporte para sus empleados o intensificar operativos de limpieza. La única manera de financiar eso es con dinero de los bancos”, sostuvo Barbero.

Por su parte, Julia Segoviano, economista de la consultora LCG, aseguró que la pandemia forzó a las empresas a revertir una tendencia histórica de evitar tomar créditos por “la elevada incertidumbre y volatilidad del mercado local”.

“En este contexto, tomar un préstamo era la única salia para no cerrar o incluso pagar salarios”, analizó Segoviano, para quien la baja de la tasa de interés “fue fundamental para mantener el crédito”.

Por otra parte, puntualizó que el hecho de que se viniera de niveles “mínimos” de crédito hizo que, ante una comparación tan baja, la fuerte demanda se viera como un impulso histórico, aunque “no fue por motivos buenos”.

“El gobierno ya venía aplicando una baja desde antes del coronavirus para generar un círculo virtuoso de tomar crédito, fomentar la producción y activar la economía. Al final, la demanda se dio por una necesidad de mantener con vida a las empresas o amortiguar el impacto de la pandemia”, afirmó.

“En este contexto, la política de tasas bajas es acertada ya que es la única forma de pymes para poder pagar salarios y reactivar la producción”, concluyó Segoviano.

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